miércoles, 7 de enero de 2026

DIARIO DE LOS VIAJES HECHOS EN CATALUÑA (1790) DE FRANCISCO DE ZAMORA

  1. Los motivos del viaje

El Diario de los viajes hechos en Cataluña (1790) de Francisco de Zamora, conforme al criterio de Gaspar Gómez de la Serna, se circunscribe dentro de los intereses, móviles y actitudes del viajero en su patria, contrastables con los del itinerante en el extranjero:


el celtíbero viajero en su patria se diferencia del transeúnte por latitud extraña en que éste toma distancia sobre la tierra que pisa y, asentado espiritualmente en la realidad de la que procede - su propio país, convierte a aquel por el que transita en puro espectáculo. Por el contrario, el viajero en su patria no es espectador, sino actor del drama del paisaje; uno representa sobre la propia tierra el papel de indígena al acecho de esa realidad que constituye la base misma de su vida. 1


De hecho, podemos apreciar una gran diferencia entre el carácter literario-sociológico de las Apuntaciones sueltas de Inglaterra2 o el Viage a Italia (sic.) de Leandro Fernández de Moratín y el calibre estrictamente documental del Diario. Para Zamora, el viaje, lejos de ser vivido como una aventura o una diversión, comporta una politización entendida como empresa utilitaria que está al servicio del progreso nacional. El Diario es una muestra del acopio de materia estadística y datos esenciales para la administración pública que se produjo en el siglo XVIII. Como indica Joan Mercader3, esta época rebosa de muestras genuinas de un entusiasmo delirante para copiar documentos, descubrir archivos y coleccionar todo tipo de materiales de cara a la realización de proyectos monumentales como la publicación de historias completas, diccionarios, viajes literarios o descripciones geográfico-históricas. Zamora, aunque no es mencionado por Sarrailh en su obra L'Espagne éclairée de la seconde moitié du XVIII e. siècle (París, 1954), forma parte de la "poignée d'hommes eclairés et resolus qui, de toutes les forces de leur esprit, de tout l'élan de leur coeur, veulent donner à leur pays prosperité et bonheur, culture et dignité…Ils multiplient leurs enquêtes et prospections, écrits et discours. Avec un soin minutieux et tendre, ils visitent leur patrie bien aimée".4

La difusión de la ilustración adquirida posee, por tanto, más relevancia pragmática y documental que estética. Así lo acreditan los estudios de Salvador Llobet5, que relaciona los viajes de Zamora con la geografía económica de Cataluña; los comentarios de Josep Iglésies6 para la revista “Montaña” y el “Boletín Informativo del Centro Comarcal Leridano”; o la consulta del Diario que realizó Pierre Vilar a la hora de elaborar su obra La Catalogne dans l’Espagne moderne7.

            Con todo, existen divergencias dentro de la crítica en cuanto al motivo capital de la escritura del Diario. Ramón Boixareu señala al respecto que el viaje es una iniciativa promovida por la "curiosidad personal" de Zamora. Sostiene que el itinerario no responde a misiones estrictamente oficiales, políticas o confidenciales, puesto que, de lo contrario, no tendría sentido la publicación del texto. El crítico pretende desacreditar a Miquel dels Sants Oliver, que concibe a Zamora como una figura sometida a las fuerzas de reacción:

Floridablanca… va crear una junta o comissió d'investigacions, muntant una policia de què parlen amb enveja els ambaixadors de les demés potències. Encarregat d'aquest servei a Catalunya en concepte de comissari general, encara que mantenint reservada la seva missió, fou un home verdaderament llest i temible: el conseller don Francisco de Zamora, que sembla haver muntat casa a Barcelona i viscut aquí fins a les darreries de 1791, en què passà a la part occidental de la frontera dels Pirineus, després d'organitzar un servei de confidències sorprenents per tots conceptes. El conseller Zamora no era un simple encarregat de la vigilància: era un element polític posat a la vora dels capitans generals en forma semblant a la dels futurs enviats i procònsols de la Convenció vora els exèrcits de la República. Els fragments que havem pogut conèixer de la seva correspondència, amb Floridablanca primer i més tard amb Godoy, el fan veure com un home ple de sagacitat, perillós i sense escrúpols, imbuït de les idees regalistes i centralitzadores a ultrança, comunes a tots els golillas d'aquell temps… 8


El detractor de Zamora aduce, principalmente, dos pruebas documentales. Por un lado, alude a una carta del 14 de Diciembre de 1791, publicada por Modesto Lafuente9, que indica la participación de Zamora al servicio de Floridablanca. Al parecer, el autor formaba parte del cordón de seguridad que impedía la entrada en España de la propaganda de los revolucionarios franceses. Por otro lado, Miquel dels Sants Oliver refiere la existencia de una correspondencia con Godoy entre abril y agosto de 1795, recogida por Andrés Muriel10, que, no obstante, está firmada por un tal "Bernardo de Zamora". Según Ramon Boixareu, no hay motivos para considerar que el nombre de esta segunda carta encubriese a Francisco de Zamora.

De hecho, Boixareu considera que la relación epistolar que mantuvo Zamora con Jovellanos11 permite distinguir con claridad entre las misiones oficiales12 y la preocupación personal del autor por el viaje a España:

Mis romerías, mis ocupaciones y mis negocios en estos últimos cuatro años, han sido tan largos, tan raros y quizá tan impropios de mi carrera, en el concepto en que hoy se halla, que son más para una conversación que para carta; espero conseguirlo pronto, pues concluiría mi comisión de visitar los ejércitos, voy a acabar el viaje de España. Ahora haré el de Andalucía, Portugal y Extremadura, y después volveré a Madrid, descansaré aquí un poco tiempo y emprenderé el de Galicia y Asturias13, con tanto más gusto cuanto que veré a Vm. si permanece ahí, y caso que no, cuento con sus luces, con sus observaciones y estudio, ofreciéndole lo poco que yo haya adquirido en las otras provincias del reino que llevo examinadas. ¡Cuánto hay, amigo mío, que remediar, y cuánta facilidad para hacer feliz al pueblo español! Pero ¡qué poca gente veo que se dedique a esta grande obra, ni aun que quiera oír hablar a los que lo desean! Por esto es preciso que reunamos nuestros esfuerzos a fin de hacerlos menos inútiles, ya que hemos puesto la mano a tamaña empresa. Por lo menos cuento con Vm. y he procurado persuadir a lo mismo al señor ministro, que ciertamente tiene buenos deseos y más luces, harto más brillantes que las de los que critican. (Madrid, 12 de Enero de 1796)

        Observamos que, en este extracto, Zamora alude a su misión de visitar los ejércitos, así como al deseo de reprender el viaje por España. El entusiasmo personal por la regeneración del país, fruto moral de la arquetípica hombría de bien dieciochesca, es, sin embargo, el principal motor impulsor de los apuntes registrados en el Diario. Jovellanos, en respuesta a la carta anterior, alaba esta afición a los viajes, que son provechosos en tanto que constituyen una herramienta para conocer los pueblos y provincias de un reino. Esta valoración del viajero se corrobora en el siguiente pasaje de las Cartas del viaje de Asturias14:

¡ Qué beneficio, pues, no hará a esta especie de gentes el que, después de haber viajado por algún país y estudiado cuidadosamente la naturaleza, su estado y relaciones, les comunica con generosidad sus observaciones! Ojalá, exclamaba yo entonces, que hubiera una docena de hombres de provecho , que, corriendo con tan loable fin nuestras provincias, enriqueciesen al público con el fruto de sus trabajos!


    En conclusión, Zamora sintoniza con los Motivos de este viage [sic.] de Valdeflores, que indica que "el designio de escribir las cosas que acontecen en cada tiempo proviene de la Naturaleza, que secretamente dirige todos nuestros movimientos para el bien de la Sociedad."15 Zamora expone cómo ha estudiado previamente las anotaciones de otros autores sobre el territorio que se dispone a recorrer, para después cotejarlos con sus propias impresiones.

El criticismo que se desprende de la perspectiva analítica y reformadora del viajero ilustrado es una expresión de solidaridad para con el Estado, del que es a la vez instrumento y súbdito. La crítica siempre resulta de signo positivo, se trata de una forma egregia de colaboración en la empresa común, aunque ésta sea la de una minoría. Se trata de una empresa de reforma, de una vigorosa moralización nacional ejercida desde dentro, como deber intelectual y patriótico. Por otra parte, sabemos que según la leyenda negra, España quedaba fuera del foco racionalista, progresivo, ilustrado, fruto del siglo XVIII; estaba en tinieblas, cerrada al mundo, deshecha, inservible. De ahí la urgencia política de la empresa de Zamora.

Sean o no ciertas las suposiciones de Miquel dels Sants Oliver (véase la nota 11), objetivamente podemos aducir que, en el viaje a Cataluña, Zamora examina la problemática política y social con el extranjero desde la frontera pirenaica. El autor registra datos que considera relevantes sobre Andorra (“Sábese que Andorra perjudica notablemente a las rentas de la Corona por las extracciones de dinero e introducción de géneros que se hace por ella”, p.165) y denuncia las medidas políticas restrictivas en el comercio con Francia (“Nota: Sobre la prohibición de entrar ganados de Francia, dígase lo perjudicial”, p. 79).

El autor no silencia las atrocidades cometidas por los franceses a finales del siglo XVIII. Aludiendo a Castellfollit, observa, por ejemplo: “Este pueblo y su iglesia fue destruido por los franceses en el año 1695, y se refiere que principalmente hicieron mucho daño al Dr. Francisco Sala, pues después de haberle destruido la casa le dieron una cuchillada en la cabeza estando en la iglesia”(p.81). Asimismo, a propósito de un monasterio de Benitos Claustrales, Zamora señala: “este monasterio, por irrupciones de los franceses. llegó al sumo de la miseria hasta que el Abad Tréllez, con su actividad y luces, logró sacarle de ella.” (p.82). Curiosamente, en este pasaje, los franceses son los bárbaros y el clérigo es el ilustrado. Pese a la ferviente crítica a los galos, Zamora es ideológicamente heredero de la Ilustración francesa. Sólo así se explica la siguiente afirmación de Gaspar Gómez de la Serna:

Y naturalmente que eran afrancesados estos viajeros de la Ilustración. ¿Y qué otra cosa podrían ser intelectualmente, estos españoles de un país que había perdido su capacidad de creación de pensamiento y hasta olvidado toda su verdadera tradición intelectual, en un tiempo en que las luces, es decir, el renuevo luminoso y estimulante de las ideas, venía de la Francia vecina, que hasta nos había enviado, como cable de salvación, su propia línea dinástica para encabezar la monarquía?16

El Diario de Zamora está investido de un propósito didáctico y reformador. No debemos olvidar que nuestro autor redactó el Plan de gobierno, educación y estudios para el Seminario de Nobles de la ciudad de Barcelona y las Ordenanzas para el Colegio académico del noble arte de primeras letras establecido en la ciudad de Barcelona, centro fundado por él mismo. A lo largo de su obra pone de manifiesto su preocupación por los sectores marginales o atrasados de la población, que todavía no han tenido acceso a una buena formación e infraestructuras.


  1. El prosaísmo cientificista

    Resulta paradójico que algunos viajeros ilustrados, a pesar de su obsesión por el orden, la armonía y el justo medio, resultaran especialmente caóticos en la organización del material recogido. El Diario de Francisco de Zamora no presenta un conjunto temáticamente unitario: está constituido por anotaciones tomadas día a día sobre todo lo observado durante el camino. De hecho, el formato del diario es el telar sobre el que se van tejiendo las notas de los viajes y, a pesar de que esta plantilla narrativa otorga un cierto rigor cronológico y cohesión espacial al texto, la captatio benevolentiae (que no incluye Zamora, por cierto) se vuelve vital en autores de calidad literaria, como Moratín en el Viage a Italia ("Perdone mi lector la falta de orden que reina en mis apuntaciones").17 Con todo, podemos remitirnos a una mínima estructuración externa del Diario: según la "Advertencia", que fue redactada en 1787, el tomo contiene siete salidas, aunque Zamora efectuará cuatro más hasta 1790, de modo que, en total, hay once salidas, que se corresponden con los siguientes recorridos:


                Primera salida: De Barcelona a la montaña de Collserola.

                Segunda salida: De Barcelona a Sant Cugat del Vallés

                Tercera salida: De Barcelona a Matadepera y Tarrasa

Cuarta salida: De Barcelona a Mataró, Matadepera y Montserrat.

Quinta salida: De Barcelona a San Gerónimo de la Murtra

Sexta salida: De Barcelona a Granollers, Vique, Olot, Camprodón, Puigcerdà, Berga y Manresa.

Septima salida: De Barcelona al pueblo y montaña de Moncada

Octava salida: Viaje al Valle de Arán y Andorra

Novena salida: Viaje a San Miguel del Fay

Décima salida: A Esparraguera y Monserrate

Onceava salida: Viaje al Ampurdán. [sic]


Zamora concibe su Diario como un deber social, y a veces sacrifica su propio bienestar para continuarlo. Al autor le interesa demostrar que sus viajes no son fruto del ocio, tan denostado en su época. Esta actitud predispone al uso de una prosa informativa, fría, funcional, exenta de paliativos estéticos. El autor ejerce una especie de "ejercicio de crítica de la nación" cadalsiano, pese a que describe más que enjuicia. Obedece a las cualidades que ensalza Juan Jacobo: "tous observateurs sagaces et désireux d'amelioration et de progrès."18 Soporta incomodidades y sacrificios, que reitera con incansable denuedo. En la "Advertencia", por ejemplo, el autor explica cómo en 1784 se instala en Barcelona, donde ocupa la plaza de Alcalde del Crimen y pide permiso al Conde de Asalto para realizar su expedición por Cataluña. Ante todo, Zamora indica, conforme a los valores ilustrados, que su viaje no ha sido en absoluto ocioso. Para ello, aporta datos numéricos exactos sobre el tiempo empleado ("este tomo contiene 7 salidas, en las que he empleado 51 días, habiendo caminado 181 horas por un terreno tan quebrado como el de Cataluña") e insiste en las calamidades del viaje:

He dado esta ligera noticia del origen y progresos de mis viajes, no para que sirva de mérito a mi diario, sino para que algún día entiendan los que creían que mis salidas eran por pura diversión: que no es lo mismo irse a una torre por quince días, con gran compañía, a comer, jugar y dormir, que andar por montes y valles, de pueblo en pueblo, preguntando a quien teme responder, observando para que no le engañen con las respuestas, apuntando de día para formar el diario a la noche, dormir poco, comer mal y gastar mucho, sin ningún auxilio del Rey ni del público. (p.30)

       También al término de la sexta salida, Zamora hace un comentario similar:

la grandísima fatiga que hemos tenido en un viaje tan largo, por malos caminos, peores posadas, dificultades, y aún oposiciones que hemos vencido para hallar la verdad sin dar recelo a nadie; pues en un país tan receloso como este no ha sido fácil persuadirles que un ministro, por sólo su deseo de vivo de instruirse, ha emprendido la idea de viajar la provincia, no sólo sin descanso ni comodidad alguna, sino con el ímprobo trabajo que han notado los mismos de los pueblos que me han acompañado (p.112).

El autor incluso llega a afirmar que se quedó a punto de perder la vida durante su excursión al Monte de las Anillas:

llegándonos a ver apurados que varias veces tuvimos que arrojarnos con peligro inminente a perder la vida, contando por gran felicidad vernos reunidos a la noche en casa, en Soldeo, después de mil trabajos y cuidados, mojados y destruidos ropa y zapatos (p.165).

            Asimismo, el autor indica que en su Diario hay una relectura de lo anotado, rasgo apreciable en algunos fragmentos (“Después de comer y de averiguar lo que llevamos apuntado”, p.90). Sin embargo, la redacción del texto resulta más bien fruto de la improvisación, del azar del viaje. Zamora anota a la par que se informa: “nosotros apuntamos las cosas según las vamos habiendo o se nos dicen” (p.391).

En el Diario se despliega fundamentalmente el recurso de la descripción enumerativa, con predominio de la parataxis. La exactitud en la observación y la descripción adopta un tono didascálico, ausente de la gracia propia del arte literario. El estilo de Zamora carece de garbo expresivo. Su voluntad reconstructora fomenta una tónica reglada y comedida que a veces llega hasta la asfixia. El texto carece de cohesión y presenta una sintaxis muy pobre, muy limitada en cuanto a las partículas de subordinación. Encontramos fragmentos tan dispersos temáticamente como el que sigue:

Hay dos fábricas de clavos, en las que trabajan los muchachos. El hierro es de Cardona, que viene ya picado.

Los dos hornos de pan, buenos, e igualmente el pan.

Adoré el cuerpo de Santa Sabina. Trabajan con el carbón de piedra de Sorroca; es bueno y funde mucho. (p.80)

A menudo las enumeraciones son excesivamente caóticas; no respetan ningún orden argumental: “Hay gramática, alguna fruta y ermitas” (p.195). Hallamos, a su vez, un razonante y frígido ritmo cientificista. Zamora tiene una escasa preocupación estilística por su prosa. Esta carencia de imágenes y recursos también la encontramos en Ponz, escritor sin la menor calidad de página, que según Marcelino Menéndez Pelayo, cuenta con un estilo “rudo y desaliñado: la forma de sus cartas indigesta"19. Como máximo, en la prosa de Zamora, podemos encontrar alguna comparación clásica desprovista de originalidad y fundamentalmente utilitaria ( p. ej., “la montaña parece una boca de Vesubio”, p.79). También abundan en el texto ejemplos de pura recolección de datos, listas inacabables de valor estrictamente documental, como la “relación de los fabricantes de la villa de Berga” (p. 100) o “la jurisdicción civil y criminal del Ducado de Cardona” (pp.122-124).

Sin embargo, a pesar del tono monótono de la narración, cabe señalarse que los datos seleccionados obedecen a una gran diversidad de inquietudes y competencias. Zamora sigue superficialmente las pautas contenidas en el cuestionario de 183 preguntas que envió a todos los pueblos de Cataluña, preguntando por las más variadas noticias: abastece aspectos de geografía, agricultura e historia natural; industrias, oficios y fábricas; comercio, política, letras y antigüedades. A grandes rasgos, se ajusta a los datos de obligada referencia que precisa Moratín en la extensa Apuntación 8 (37) del Cuaderno Segundo de Las Apuntaciones sueltas de Inglaterra. Zamora, por tanto, empieza dando cuenta del itinerario trazado, especifica el medio de transporte y el tiempo del trayecto, presta atención a los caminos y las obras de ingeniería (sobre todo al estado de las vías, los puentes y las canalizaciones de agua), observa las técnicas y productos del cultivo de los campos y, en general, describe en términos utilitarios la Naturaleza y el paisaje. Después, ya en los núcleos poblados, se ocupa de asuntos como la economía, la industria, el arte o la historia. De hecho, en la primera salida, Zamora especifica que desea enterarse "de las cosas más principales de Cataluña, especialmente en cuanto a la situación de los principales pueblos, población de ellos, agricultura, fábricas, artes, comercio, industria y policía" (p.31).

Zamora viaja en compañía de su criado Domingo Rodríguez pero, lejos de los diálogos quijotescos, el Diario no transcribe una sola conversación en estilo directo. El narrador, a pesar de ser homodiegético, utiliza un tono enunciativo, desprovisto de interjecciones o signos de interrogación. El texto no puede ser incluido dentro de un plano ficticio; reúne, más bien, las características de un informe.

La obra consta de inventarios ostensiblemente objetivos (pese a alguna matización del buen o mal "gusto") y jamás sentimentales, justo lo contrario de lo que ocurriría media década después. Las descripciones de la naturaleza son completamente utilitarias, despojadas por completo de lirismo. La naturaleza, por tanto, lejos de observarse de manera introspectiva, está controlada económicamente. Los calificativos utilizados pocas veces admiten gradación: implican aceptación (hermoso, divertido, gracioso, muy capaz, antiguo, bueno, decente) o rechazo (indigno, miserable, sin orden ni regla, infeliz). En ocasiones recurre a apreciativos como graciosito.

Dominado por el propósito de conocer a fondo, reconstruir, reformar y regenerar el país, el Diario sigue las fórmulas rousseaunianas arbitradas para cubrir el objeto utilitario del viaje ilustrado. El sujeto narrativo, que coincide con el perceptivo, observa atentamente la realidad, reflexiona críticamente sobre ella, utiliza criterios limpios de prejuicios y dirige la atención a lo que considera verdaderamente útil, no al simple pasatiempo. Los viajes de Zamora van más allá de las concentraciones urbanas; nuestro autor se dirige al campo y a pueblos perdidos, donde el hombre se halla más cerca del estado natural. Como indica Gaspar Núñez de la Serna, el paisaje es un organismo, pero es más que pura physis, es “historia y humanitas”. 20


  1. La conciencia de la realidad

Zamora es muy minucioso en la anotación de la realidad y está empapado de sentido crítico, un criterio de rango científico que arma sus observaciones según un esquema previo y sistemático, encaminado a obtener una visión objetiva de la realidad. De esta manera, Zamora llena un casillero intelectual que puede distribuirse en cuatro apartados: los datos relacionados con el camino; los relativos al jalón del mismo, que es la posada; la geografía física entre los unos y otros; y los pueblos que se atraviesan y exploran.

3.1. Las vías públicas

En la "Advertencia", el autor señala que el terreno de Cataluña es muy quebradizo, lleno de caminos que sólo permiten ir a pie. Uno de sus proyectos para mejorar el país reside precisamente en asfaltar bien las localidades y crear buenas vías de circulación. La decadencia de los caminos viene aparejada a la de las posadas y alojamientos en ruta. Resalta la escasez de recursos o el mal aprovechamiento de los mismos, así como las dificultades aumentadas por la exigencia de portazgos, aduanas interiores, alcábalas y toda clase de tasas entorpecedoras del comercio y del tráfico. El autor critica la arquitectura no planificada (“Reflexiónese sobre esta clase de obras hechas sin dirección ni gusto, siendo doloroso que estas obras – que en Cataluña se hacen generalmente poniéndose los vecinos un rediezmo sobre los frutos- , no se dirijan por arquitectos inteligentes”, p.56).

Sobre los puentes, reivindica la necesidad de registrarlos debidamente, “pues con una ligerísima contribución sobre ellos se podría hacer un depósito para las reedificaciones y formación de otros” (p.56), dato que el autor nos proporcionará profusamente a lo largo de todo el Diario.


3.2. Las posadas

Las posadas son descritas con detalle: Zamora no sólo menciona su mala o buena presencia y el estado sanitario, sino que también alude a la distribución de las habitaciones, la dotación y el mobiliario, así como la clase de comida que se ofrece a los huéspedes. El autor hace una mención especial a la Barata (“que es el término de Matadepera, donde nos alojamos y sentamos la Audiencia”, p. 38)21 y le dedica una reseña elogiosa, debido a la “hombría de bien y amables prendas de sus dueños”. Este es un caso singular, puesto que encontramos posadas en condiciones insalubres, como la que sigue: “Nuestra posada es indigna, y yo me lavé las manos en la misma fuente en que me habían servido la ensalada” (p. 329). Otro ejemplo aparece a propósito de la venta de Antoni Gros, “de lo más indigno que puede haber en el mundo, y cuya noche fue miserable, así por los dormitorios, que parecen unas cuevas sin ventanas, como por la multitud de pulgas” (p. 74).


3.3. La preocupación geográfica

La preocupación geográfica se resuelve con la descripción de ríos y señalamiento de los montes, con innumerables datos encaminados a generar o rehacer la cartografía del país. Recordemos la relevancia de los primeros diccionarios geográficos a cargo de la Academia de la Historia, para los que contribuyeron los Diarios de Jovellanos y las anotaciones del marqués de Valdeflores. Claro que este interés del viajero por la geografía va sólo guiado por un propósito cienticifista y utilitario. Zamora no repara en la naturaleza como espectáculo, sino como materia de cultivo. Por ello insiste tanto en las fuentes y las canalizaciones, dado que la abundancia de agua es sinónimo de fertilidad y buenas cosechas (algunas fuentes, incluso, son mencionadas por sus cualidades medicinales).

Además, Zamora presenta una especial preocupación por las inundaciones y apunta que “haciendo a menudo alcantarillas para dar paso a las aguas , podría remediarse este daño” (p. 43) y señala que su “causa y remedios merecen un examen muy serio del Gobierno” (p.114). Por otra parte, también se ocupa de la condición de los puertos, que en su mayoría no están habilitados debidamente y dificultan indirectamente la calidad del comercio (p.ej. “el modo de beneficiar este puerto sería hacer una calzada con su entrada por la parte de levante”, p. 350).

A menudo, junto a los inventarios vegetales, aparece la palabra “uso”: “vi un trozo de camino muy gracioso, plantado a un lado de nogales y al otro de manzanos, de cuya fruta hacen un uso digno de saberse” (p. 75). Zamora, por otra parte, aprovecha para subrayar la importancia de las técnicas agrícolas, a causa de que “la agricultura, por sí sola, no prosperará nunca mucho” (p.95). Pese a ello, está en contra de la explotación desmesurada e inconsecuente “porque, produciendo sólo el primer año, se lleva luego el agua la tierra, destruye las llanuras, y en los terrenos pendientes nunca vuelve a encresparse la hierba” (p.89).

Iriarte en el Infierno del Tajo y Jovellanos en el Diario de vuelta del destierro o en Valdemosa alcanzan una descripción más próxima al denominado "sentimiento de la naturaleza". Zamora, en cambio, se frena a la hora de expresar cualquier tipo de lirismo ante un espacio natural, a lo sumo refiere lo “divertido” (adjetivo que utiliza especialmente cuando observa abundante vegetación, como en la p. 178) del paisaje u opta por explicaciones como la que sigue: “No puedo ponderar cuan buen efecto hacen a la vista aquellos terrenos, su desigualdad en cañaditas y montañitas allanadas a escalones” (p.145). Tal vez podemos agregar como prueba del interés geográfico de nuestro autor las láminas de Planos y vistas de la montaña de Montserrate, que contiene la serie de dibujos a la pluma encargados en 1790 por Francisco de Zamora a Pere Pau Muntanya y Francesc Remart.


3.4. Las poblaciones

En lo que a los pueblos se refiere, Zamora hace una mínima concesión a la belleza, y menos al carácter de su ubicación en el paisaje o la peculiar personalidad de sus habitantes. Registra, con rigor estadístico, el número de vecinos, sus oficios, las rentas, la clase de eclesiásticos y parroquias y, rara vez, la proporción y materia de los edificios. Un ejemplo de este último punto se ofrece en las impresiones sobre Tredós, cuyas casas están cubiertas con “paja de centeno, larga y en mucha cantidad, por lo cual son frecuentes los incendios” (p.191).

En cuanto a la valoración del arte, fija su atención en los castillos y, ante todo, en las iglesias, ermitas y parroquias. Este aspecto es muy relevante en el Diario, ya que Zamora realiza una catalogación del tesoro artístico catalán , incluyendo muchos monumentos que no existen actualmente. Podemos citar, en este punto, su copia de las Inscripciones romanas que hay en Mataró (p.45), la transcripción del epitafio del Sr. Conde Don Juan Ramón de Cardona (p.129)22, la ominosa serie cronológica de los Abades de San Vicente de Cardona (pp. 131-136) y el Catálogo de los Pavordes de Santa María de Solsona (pp. 138-141). Aporta, asimismo, datos sobre la ermita de Sant Joan de l’ Erm (p. 172), que fue destruida por un incendio en 1934. Los apuntes de Zamora, por tanto, contienen un valor histórico fundamental.

Tampoco faltan las referencias a las industrias de vieja o nueva planta, implantadas como fruto del esfuerzo realizado en tiempos del despotismo Ilustrado. Zamora es testimonio de la saneada proliferación de las fábricas, que fue barrida por el fuego de la Guerra de la Independencia, con una violencia tal que no se restituyó hasta un siglo después. El autor suele ofrecer un inventario sobre el sector industrial, las materias primas y el tipo de maquinaria utilizada, (p.ej. “hay tres fábricas indianas, veinte y cinco telares de estofas, ochenta medias de seda, y veinte de algodón”, p. 44). Por otra parte, merece citarse el elogio del sexo femenino en este pasaje: “trabajan en los telares algunas mujeres , que ganan igual cantidad o jornal que los hombres y aún algunas llegan a 15 diarios, y se experimenta que trabajan éstas mucho mejor porque cortan menos hilos y los apañan con más cuidado e igualdad”(p.56). Con todo, la situación de las fábricas es deplorable:

convendría que el Gobierno estableciese una Ordenanza capaz de cortar abusos y malas prácticas, a fin de hacer útiles estas fábricas y dar de comer a muchos que, en el día, o se ven precisados a expatriarse o se hallan en ellas en estado miserable. Y los más arraigados se han puesto a hacer clavazón en lugar de armas (p.87).

Menos frecuentes en el Diario son las referencias históricas, a excepción de los casos en los que, con criterio científico de especialista, Zamora da cuenta minuciosa de los datos extraídos de los archivos de los pueblos, de manera similar a los procedimientos narrativos del Marqués de Valdeflores, Isidoro Bosarte o Joaquín Lorenzo Villanueva. De hecho, Ponz es casi el único que acude a la anotación histórica como simple precedente de la descripción inventarial y crítica de todo cuanto observa.

Zamora apenas describe los tipos humanos que pueblan los lugares, posadas y caminos; tipos que nutrirían más tarde al costumbrismo romántico. Le interesa el sujeto abstracto, como unidad política y económica, dotado de los valores ilustrados sobre los que había de articularse la nueva convivencia nacional. Zamora alude a su “memoria reservada”, que contiene las impresiones subjetivas sobre las gentes que ha ido conociendo. Este concepto comporta el rechazo consciente del subjetivismo ante una obra útil para la nación. El autor repara superficialmente en jornaleros descontentos y en las clases marginales de la sociedad, como la raza gitana. La descripción del sexo femenino es prácticamente nula: encontramos frases simples, como “las mujeres se ocupan de hacer puntas”(p. 395) o “Generalmente son feas” (p. 77). Con todo, Zamora también repara en algunos detalles: “ Noté por curiosidad la habilidad de un herrador que entretenía con una cola postiza a un macho que le inquietaban las moscas, mientras lo herraba” (p.56).

Con todo, uno de los mayores aciertos sociológicos de Zamora es la introducción de palabras y expresiones catalanas en sus apuntes (“hay algunos álamos que aquí llaman àlbers”, p.36; “cuya junta llaman aplec”, p. 38; “Se crían en estos montes gerds, fresas, bolets, nabius y otros frutos silvestres”, p. 161), así como de elementos folclóricos (“un instrumento que aquí llaman estiràs” , p. 185). A través del detalle lingüístico, el autor ilustra algunas costumbres catalanas (en este punto, cabe destacar su alusión a la pubilla, p. 41; y a la descripción de las peculiaridades judiciales y folclóricas del matrimonio en Cataluña). Otro recurso que se reitera es la alusión a etimologías populares, seguramente aportadas por los informantes que Zamora tenía en cada pueblo. Por ejemplo, a propósito de Granollers, el autor apunta que “En tiempos antiguos era mucho más considerable el comercio de granos que se hacía en esta villa, de modo que de aquí tomó el nombre latino de Granularis.” (p.55). Otra etimología de autenticidad más dudosa es la que Zamora propone para Oliana: “como la ermita era del título de Santa Ana y el país produce olivas, se intituló Oliana” (p.152).

Asimismo, el autor alude a algunos documentos de relevancia filológica: menciona el “vocabulario de Torres” (p.161) que probablemente se trata del Dictionarium seu Thesaurus Catalanolatinus verborum ac phrasium de Pere Torra, editado en Barcelona en 1650 y reeditado cinco veces hasta 1757; hace referencia a algunas publicaciones como la Gaceta de Gerona (1787-1800), e introduce expresiones completas en catalán ( “De este pueblo se dice: “ets com los de Bisbal, que tant s’estimen quedar bé com mal”, p.375). Este hecho explica que los principales estudios sobre el Diario de Zamora hayan sido efectuados por filólogos especializados en lengua catalana. Así lo indica Ramón Boixareu:


el fet que adoptés i transcrivís en els seus escrits, com veurà el lector del Diario, paraules i expressions de la nostra llengua fa creure que es tractava, al menys en aquesta primera època catalana seva, d’un esperit obert, comprensiu, la qual cosa constitueix un motiu complementari per a fer-nos-el considerar, en un cert sentit, com una mica nostre.


  1. El criticismo

La intención crítica es indispensable para reflejar lo deficitaria que era la realidad española del tiempo. Con comedimiento, prudencia y buenos modales, Zamora es impulsor de una revolución desde arriba: más que con la siega de la mala hierba, con la siembra de las buenas ideas pretende enseñar al país lo que conviene hacer. Se proyecta sobre la realidad social de Cataluña una visión analítica y puntualmente descriptiva, crítica, servida con veracidad y patriótico celo.

En cuanto a sus apreciaciones sobre la sociedad, critica la situación precaria de los jornaleros (“pues con el dinero que se les paga no pueden alimentar a su familia, además de que, comidos ellos, no cuidan de alimentarla”, p.215); denuncia a los ladrones, bandoleros y contrabandistas (p.148); o la explotación infantil (“Nótese el dolor que causa ver los pobres niños con tercianas, y algunos guardando el ganado con el frío, sobre la misma humedad, de modo que horroriza”, p.358). El autor también alude al abuso de la nobleza (“llegó a tanto el abuso de los Barones, que necesitaron remediarse sus excesos con una famosa Constitución entre las de Cataluña, que llaman de los “malos usos”, p. 61) y al insufrible derecho de pernada. Otro dato curioso, que también aparece en la carta 80 de las Cartas Marruecas de Cadalso, es la ridiculez del uso del “Don” en el nombre de los nobles: “ Únicamente se diferencian en que el ciudadano especifica que lo es, y se firma: F. Zamora; el caballero: F. de Zamora; el noble: Don F. de Zamora.” (p. 73). También lamenta la decadencia del sistema educativo (“es un dolor que no se procure por el Gobierno formar buenos maestros.”, p. 37) .El autor, por otra parte, no deja de sorprenderse ante la rusticidad de algunos obreros dentro de las fábricas textiles: “Da compasión ver el atraso que padecen en el blanqueo y maceración de los lienzos, pues para suavizar la natural dureza del cáñamo los golpean en seco, de modo que los destrozan” (p. 60).

La postura que Zamora toma ante la Religión –con mayúsculas- podría relacionarse con el deísmo. Resulta significativo que el autor alabe la afición de los monjes al estudio. Comentarios como éste abundan en el libro: “Esta Religión es muy útil y laboriosa en Cataluña.” (p.37). Sobre los obispos de Manlleu, por ejemplo, señala que “hablan con más conocimientos de su territorio que los ministros del Rey del suyo” (p.67); a propósito de Puigcerdà, indica que “Los Escolapios, establecidos el año de 1730, enseñan a escribir y gramática, dándoles la villa alguna cosa” (p.94). El autor se aloja a menudo en los monasterios, y acude a sus archivos para informarse sobre las poblaciones que visita. Al respecto, el autor denuncia la falta de orden en los catálogos de las Bibliotecas. Indica, por ejemplo, que la biblioteca de Sant Cugat “está desarregladísima, sin índice, ni hay quien la conozca” (p.35).

Las consideraciones de Zamora en torno al tema artístico pecan de excesivamente maniqueas, conforme a su noción del “buen gusto”. En cuanto a las iglesias, aborrece las que se erigen en función de un “terrible sentimiento”(p.382). Zamora, como buen neoclásico, repudia el patetismo barroco, tal y como hiciera Ponz. En esta línea, por ejemplo, alude a la parroquia de Roda de Ter señalando que “está llena de bancos que parece una casa de comedias” (p. 67). A propósito de los castillos, el autor lamenta su estado ruinoso (“El antiguo castillo de Camprodón es un montón de ruinas, hecho ya en el día pedacitos en el campo”, p.83). Con todo, en la mayoría de casos, Zamora no razona sus valoraciones (p.ej. “El Palacio Episcopal [de Vic] no vale nada.”; p.59). En cuanto al arte gótico, el autor parece tener algunos reparos; prueba de ello, es este fragmento: “Es edificio gótico, pero bueno” (p. 108). Establece, asimismo, una crítica feroz de la catedral de Solsona, de arquitectura gótica (“No he visto ni creo ver nada peor en mi vida”, p.144), pero la iglesia de Salardú “de tres naves y arquitectura gótica, es buena, como la portada y torre” (p.192). Zamora, por otra parte, a veces se manifiesta contra lo “moderno”: “aunque el cáliz es moderno, va por buen camino” (p.163); “molduras y mamarrachos que llaman a la moderna” (p.168).

        A propósito de Ponz, cabe destacar que Zamora lo tiene presente en muchos de sus juicios. De hecho, suele contradecirle, como observamos en el siguiente pasaje: “Error de las que creen que las viñas dañan al trigo y que están en la tierra que debía sembrarse. No han visto bien a Cataluña: Pons yerra sobre esto” (p.146). Más relevante es la apreciación sobre la iglesia de Bellpuch, y la nota que incluye Zamora sobre “las equivocaciones que padeció Pons en el panteón”: se refiere al sepulcro del almirante Ramon Folc de Cardona, obra renacentista de Giovanni Merliano da Nola (1525) descrita por Antonio Ponz en su Viage de España.

En definitiva, los viajes por Cataluña de Zamora tienen una orientación menos específica que Ponz -centrado sobre todo en la reforma de las Artes-, y se ocupan, además del patrimonio cultural, de la mejora o instalación de centros educativos o industriales, la calidad de las vías y las explotaciones agrícolas. Nuestro autor se convierte en portavoz de la idea que presidió la creación de Sociedades Económicas de Amigos del País: después de las consecuencias deplorables de la Guerra de Sucesión, la Razón se convierte en el instrumento máximo e indispensable para llevar a cabo la reforma social. Zamora se halla, pues, en la misma línea que Jovellanos. Sin embargo, este criticismo no viene empapado de ironía, ni juega con los matices festivos y epistolares que encontramos, por ejemplo, en don Tomás de Iriarte cuando describe su viaje a la Alcarria, en julio de 1781. Zamora adopta un tono serio y riguroso, también presente en Jovellanos, Ponz y Cavanilles. El autor, con todo, es demasiado superficial en sus juicios, abarca demasiados aspectos en los que después no profundiza lo necesario; nos sobrecoge con una lluvia de datos parcamente seleccionados y los despacha en un par de líneas. Con más aliño a la hora de escribir hubiera cumplido mucho más eficazmente con sus objetivos.


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1 Gómez de la Serna, G.; Los viajeros de la Ilustración, Madrid, Alianza Editorial, 1974, p. 9.

2 Fernández de Moratín, L.; Apuntaciones sueltas sobre Inglaterra, PPU, Barcelona, 1992. Viaje a Italia, Espasa Calpe, Madrid, 1988.

3 Mercader, J.; Historiadors i erudits a Catalunya i València en el segle VIII, Rafael Dalmau editor, Barcelona, 1966.

4 Cita extraída de la edición de Ramon Boixareu del Diario de los viajes hechos en Cataluña, ed. Curial, col. Documents de Cultura, Barcelona, 1973, p. 15.

5 Salvador Llobet, R,; Los viajes de Francisco de Zamora en Cataluña y la geografía económica del principado, “Revista de Geografía”, nº1, Barcelona, enero-junio de 1970, pp. 81-91.

6 Iglésies, J.; Un precursor del nostre excursionisme y De Castellbò a Rialb per Sant Joan de l’Erm l’any 1788, “Montaña”, Centre Excursionista de Cataluña. Tàrrega en el segle XVIII; Balaguer en el segle XVIII, La descripció de Lleida que el 1788 fa Francisco Zamora, El binomi Talarn-Tremp els anys 1787- 1788, Notes inèdites sobre Solsona de finals de segle XVIII y La Seu d’Urgell els anys 1787 i 1788, “Boletín Informativo del Centro Comarcal Leridano”.

7 Existe una traducción catalana de Eulalia Durán: Catalunya dins l’Espanya moderna, Barcelona, 1964-68.

8 Sants Oliver, Miquel dels; Catalunya i revolució francesa, Obres completes, Biblioteca Excelsa, Editorial Selecta, Barcelona, 1948, pp. 602-607.

9 Lafuente, Modesto; Historia general de España, vol, XXI, pp. 368-370.

10 Muriel, Andrés; Historia de Carlos IV, Memorial Histórico Español, vol. XXIX, Madrid, 1893, pp. 254-264.

11 Jovellanos, Gaspar Melchor de; Obras completas, Correspondencia 2ª (Julio 1794-Marzo 1801), introducción y notas de José Miguel Caso González, Centro de Estudios del siglo XVIII, Gijón, 1986, pp. 190-191, 194.

12 Efectivamente, en 1784 Francisco de Zamora ocupa un cargo público y administrativo relevante: es Alcalde del Crimen de la audiencia real de Cataluña, y más tarde oidor de la audiencia de Barcelona. Según el análisis de Ramón Llàtzer Dou, las audiencias durante el siglo XVIII eran órganos de una importancia preeminente y sus competencias traspasaban el límite del campo estrictamente judicial. Se extendían a aspectos esenciales de la vida administrativa, económica y política del país. (Jovellanos también fue Alcalde del Crimen y después oidor en la Audiencia de Sevilla.) Sin embargo, los viajes oficiales más relevantes de Zamora quedan documentados después de los itinerarios registrados en el Diario (1785 - 1790). Como indica Ramon Boixareu, en esta etapa posterior a 1790, Zamora fue un instrumento de los servicios montados para hacer frente a las ideas revolucionarias francesas. En 1793, Francisco de Zamora escribe una carta a Godoy donde proporciona informaciones de confidentes de la Seu, Sort, Figueres y otros pueblos sobre los ataques franceses; y, en octubre del mismo año, pide autorización para viajar por las provincias fronterizas para verificar el estado del país. Godoy acepta el ofrecimiento y dice que vaya primero a Cataluña, "que es donde son frecuentes los clamores y lo que debe darnos más cuidado" y que después continúe hacia Aragón, "cuyo Reino da más tregua". Por lo tanto, si en las primeras expediciones aglutinadas en el Diario apenas hay comentarios de tipo militar y político, a partir de 1793 sucede justo lo contrario.

13 Sólo consta su viaje a Andalucía.

14 Jovellanos, M.G de; Cartas del viaje de Asturias, Edición, prólogo y notas de Caso González, Salinas, Guayalba Ediciones, 1981, p. 56.

15 Gómez de la Serna, Gaspar; Opus cit., p. 76.

16 Opus cit, p. 103.

17 Opus cit, p. 33.

18 Sarrailh, J.: L'Espagne éclairée de la seconde moitié du XVIIIe siècle, París, 1956, p.386.

19 Menéndez Pelayo; Historia de las ideas estéticas, Madrid, C.S.I.C., 1940, vol.3, p. 562.

20 Opus cit., p.10.

21 Esta casa aparece en Les cases pairals catalanes de Camps i Arboix i F. Cátala i Roca (Barcelona, 1965).

22 La inscripción fue publicada por Joan Serra i Vilaró, Història de Cardona, I (Tarragona, 1966), pp. 370-371.


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