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lunes, 12 de noviembre de 2007
Jerga & besos

Debe llover, lo exijo. Hasta ahora se acumula
la roña en el estratocúmulo del corazón.
Debe llover, lo exijo. Tragaldabas. No nos dejan
vivir, mierda. Camello del cigarrillo húmedo, vete.
Entonces, yo lloveré. Se inundará el mundo. Durará noches
y noches. Noches. Despertad al cazasueños, decidlo.
Me duele la mandíbula de sonreír llorando. Hacedlo.
El tiempo nos boxea y no nos jodas más, mundo.
Llueve y lava la costra punky. Y no nos jodas más,
mundo. Las historias de los viejos inundan
la antigua plaza de los fracasados. Borrachos
y putones verbeneros deambulan y hacen cenefas
en la calle. Entablan una ficción viscosa
que apuntan los bohemios en sus hipócritas cuadernos .
Yo también escribo en Hoy con instinto fariseo.
Hoy es el interminable Lunes, el Lunes eterno.
Debe llover, lo exijo. Punkys hachisnómanos
rebuscando en la basura los escollos del capitalismo,
con el rostro magullado, románticos quimeristas.
Punkys utópicos de penes enhiestos implorando
sucesivas primaveras. Punkys de padres muertos
mascullando a la noche con cantos tribales y navajas.
El miedo tiene los muslos forrados de medias negras.
Los senos de la luna ulceran la noche.
Los envejecidos maderos eyaculan con la porra
en alto y atizan a los caballos negros de crines multicolores.
Debe llover, sí. Si vas a jodernos, hostia, avísanos primero.
Las historias de los viejos ya no suenan resbalándome.
Hoy es el inevitable lunes, el lunes eterno.
Vuelan las pestañas sobre el granito, absortas
ante lo petrificado. Resaca. Este desgarro pedregoso,
arrebatándonos el hígado. Vuelve lluvia, llueve.
No nos dejan vivir, mierda. No tenemos tiempo
para amar a las sombras que nos desbordaron
cuando la vida aún no rozaba la veintena. Me encierro
en mi calabozo de signos. Me ultraja el aguardiente
de la nada. Una vida folletinesca conspira en mi hombro
para que te escriba, poema cabrón y egoísta:
no me dejas respirar para nacer, me obligas a aguarme
las entrañas. Hoy debe llover: lo exijo: llueve.
la roña en el estratocúmulo del corazón.
Debe llover, lo exijo. Tragaldabas. No nos dejan
vivir, mierda. Camello del cigarrillo húmedo, vete.
Entonces, yo lloveré. Se inundará el mundo. Durará noches
y noches. Noches. Despertad al cazasueños, decidlo.
Me duele la mandíbula de sonreír llorando. Hacedlo.
El tiempo nos boxea y no nos jodas más, mundo.
Llueve y lava la costra punky. Y no nos jodas más,
mundo. Las historias de los viejos inundan
la antigua plaza de los fracasados. Borrachos
y putones verbeneros deambulan y hacen cenefas
en la calle. Entablan una ficción viscosa
que apuntan los bohemios en sus hipócritas cuadernos .
Yo también escribo en Hoy con instinto fariseo.
Hoy es el interminable Lunes, el Lunes eterno.
Debe llover, lo exijo. Punkys hachisnómanos
rebuscando en la basura los escollos del capitalismo,
con el rostro magullado, románticos quimeristas.
Punkys utópicos de penes enhiestos implorando
sucesivas primaveras. Punkys de padres muertos
mascullando a la noche con cantos tribales y navajas.
El miedo tiene los muslos forrados de medias negras.
Los senos de la luna ulceran la noche.
Los envejecidos maderos eyaculan con la porra
en alto y atizan a los caballos negros de crines multicolores.
Debe llover, sí. Si vas a jodernos, hostia, avísanos primero.
Las historias de los viejos ya no suenan resbalándome.
Hoy es el inevitable lunes, el lunes eterno.
Vuelan las pestañas sobre el granito, absortas
ante lo petrificado. Resaca. Este desgarro pedregoso,
arrebatándonos el hígado. Vuelve lluvia, llueve.
No nos dejan vivir, mierda. No tenemos tiempo
para amar a las sombras que nos desbordaron
cuando la vida aún no rozaba la veintena. Me encierro
en mi calabozo de signos. Me ultraja el aguardiente
de la nada. Una vida folletinesca conspira en mi hombro
para que te escriba, poema cabrón y egoísta:
no me dejas respirar para nacer, me obligas a aguarme
las entrañas. Hoy debe llover: lo exijo: llueve.
domingo, 28 de octubre de 2007
El cómplice

Oh, joven del suburbio, qué hermoso viento
y qué lenta muerte se inyecta esta noche
en mis pestañas desveladas. ¿Tomas el aire?
(La oscuridad es húmeda.) ¿Tienes un rato?
(Si no fuera sensata o miedosa te explicaría
por qué me llueven sin querer los ojos.)
El sol brilla dormido en las alcobas de los noctámbulos.
Nadie sabe si ellos observan atentos detrás
de sus telescopios, si las palabras no se les escapan
como nubes o mariposas o se deshacen
en un solo temblor de canciones mientras el viento
sopla por igual tras todos los hombros.
¿Sabes? Podría lanzar preguntas a bocanadas
o llorarlas como serpentinas si no temiera
enamorarme de sus garfios interrogantes.
Si las cuestiones no fueran certezas, si no pudiese
medir con ellas mi fiebre, cuánto me repetiría
por qué anuncio cada atardecer mi muerte y por qué amanezco
al día siguiente con todo el dolor en el pijama.
Eh, tú, joven del suburbio, el de los colmillos
gatunos y el tórax jadeante de lobo malcriado,
sí, tú, no me mires con ese odio oscuro de estrella
magullada, no quiero nada de ti: ni sexo ni palomitas.
Sólo tu sombra. Estoy (h)ambrienta. Llevo horas
en este desierto juntacadáveres y si nadie me rescata
de esta abulia universal moriré ahogada en los árboles.
¿Puedes tú hacer algo por mí? ¿Puedes tú, o(h) ángel negro,
regalarme a mí misma? Quiero cazarme en tus noches
y contar adoquines hasta que los ojos se droguen de paisajes;
quiero sonreír a los semáforos amarillos
y colarme en los trenes o tomar un vuelo de ida y vuelta
a cualquier viento del este. Si tú te dejas, joven del suburbio,
ser sólo un testigo o una sombra, sudaré por vivir demasiado
y beberemos cerveza hasta el amanecer.
y qué lenta muerte se inyecta esta noche
en mis pestañas desveladas. ¿Tomas el aire?
(La oscuridad es húmeda.) ¿Tienes un rato?
(Si no fuera sensata o miedosa te explicaría
por qué me llueven sin querer los ojos.)
El sol brilla dormido en las alcobas de los noctámbulos.
Nadie sabe si ellos observan atentos detrás
de sus telescopios, si las palabras no se les escapan
como nubes o mariposas o se deshacen
en un solo temblor de canciones mientras el viento
sopla por igual tras todos los hombros.
¿Sabes? Podría lanzar preguntas a bocanadas
o llorarlas como serpentinas si no temiera
enamorarme de sus garfios interrogantes.
Si las cuestiones no fueran certezas, si no pudiese
medir con ellas mi fiebre, cuánto me repetiría
por qué anuncio cada atardecer mi muerte y por qué amanezco
al día siguiente con todo el dolor en el pijama.
Eh, tú, joven del suburbio, el de los colmillos
gatunos y el tórax jadeante de lobo malcriado,
sí, tú, no me mires con ese odio oscuro de estrella
magullada, no quiero nada de ti: ni sexo ni palomitas.
Sólo tu sombra. Estoy (h)ambrienta. Llevo horas
en este desierto juntacadáveres y si nadie me rescata
de esta abulia universal moriré ahogada en los árboles.
¿Puedes tú hacer algo por mí? ¿Puedes tú, o(h) ángel negro,
regalarme a mí misma? Quiero cazarme en tus noches
y contar adoquines hasta que los ojos se droguen de paisajes;
quiero sonreír a los semáforos amarillos
y colarme en los trenes o tomar un vuelo de ida y vuelta
a cualquier viento del este. Si tú te dejas, joven del suburbio,
ser sólo un testigo o una sombra, sudaré por vivir demasiado
y beberemos cerveza hasta el amanecer.
Si tú te dejas, joven del suburbio, lloraremos balas,
y cesaremos de pedir perdón por perturbar
los dulces sueños de los zombies. ¿Tomas el aire?
La oscuridad es húmeda. ¿Tienes un rato?
Si no fuera sensata o miedosa te explicaría
por qué me llueven sin querer los ojos.
y cesaremos de pedir perdón por perturbar
los dulces sueños de los zombies. ¿Tomas el aire?
La oscuridad es húmeda. ¿Tienes un rato?
Si no fuera sensata o miedosa te explicaría
por qué me llueven sin querer los ojos.
lunes, 15 de octubre de 2007
Móvil de cuna

Las aves migratorias han escupido sus vuelos.
Y él llora porque la nube se ha olvidado de llover.
Pájaros -invisibles- pájaros. Labios aéreos,
pájaros. Los oigo y no los veo -libres, voladores,
pájaros-. Entonces todo duele (los guantes, los siempres,
el beso de ron en los colmillos, el libro perezoso desplegado):
- Mujer, ¿Buscas pétalos o esperma?
- No, sólo esa ligereza de no saber. Nada. En absoluto.
[Y la niebla. Y el sol. Y los otros.]
Alma en código MORSE. Terquedad de uña rota.
El cuerpo es un envoltorio de caramelo.
[Ojalá existiera un recipiente Y un pasado..]
¿África? La necesito en la boca ardiendo.
Lo brutal drenándose
y el verso líquido empapado en gasolina.
La conciencia se abriga en el estómago.
Gotea. Gotea el sol -con su luz-.
y me inunda de tibieza inmerecida.
Soy tan libre que duele. Que todo duele.
El viento salvaje perfora los ojos del poeta.
Nadie intuye el averno de su mirada.
Nadie sabe fingir. Nadie sabe trovar.
Inventan un cielo
a juego con el bolso y los zapatos.
Los ojos del poeta son flores:
mirad a ese hombre deshojado por sus lágrimas.
Un hombre, ese hombre, desde su ventana,
ha sido guillotinado por el paisaje
que observaba. (Tan quedamente).
Los murciélagos han escupido sus vuelos.
Y ella ríe porque se ha olvidado de secarse al sol.
Las grúas constructoras son el móvil de cuna
de la ciudad dormitorio:
luna, estrellas y murciélagos
giran alrededor del óxido;
los ciudadanos duermen en la vigilia
observando cómo también
el sol, las nubes y las aves migratorias
Y él llora porque la nube se ha olvidado de llover.
Pájaros -invisibles- pájaros. Labios aéreos,
pájaros. Los oigo y no los veo -libres, voladores,
pájaros-. Entonces todo duele (los guantes, los siempres,
el beso de ron en los colmillos, el libro perezoso desplegado):
- Mujer, ¿Buscas pétalos o esperma?
- No, sólo esa ligereza de no saber. Nada. En absoluto.
[Y la niebla. Y el sol. Y los otros.]
Alma en código MORSE. Terquedad de uña rota.
El cuerpo es un envoltorio de caramelo.
[Ojalá existiera un recipiente Y un pasado..]
¿África? La necesito en la boca ardiendo.
Lo brutal drenándose
y el verso líquido empapado en gasolina.
La conciencia se abriga en el estómago.
Gotea. Gotea el sol -con su luz-.
y me inunda de tibieza inmerecida.
Soy tan libre que duele. Que todo duele.
El viento salvaje perfora los ojos del poeta.
Nadie intuye el averno de su mirada.
Nadie sabe fingir. Nadie sabe trovar.
Inventan un cielo
a juego con el bolso y los zapatos.
Los ojos del poeta son flores:
mirad a ese hombre deshojado por sus lágrimas.
Un hombre, ese hombre, desde su ventana,
ha sido guillotinado por el paisaje
que observaba. (Tan quedamente).
Los murciélagos han escupido sus vuelos.
Y ella ríe porque se ha olvidado de secarse al sol.
Las grúas constructoras son el móvil de cuna
de la ciudad dormitorio:
luna, estrellas y murciélagos
giran alrededor del óxido;
los ciudadanos duermen en la vigilia
observando cómo también
el sol, las nubes y las aves migratorias
se aburren en su absurdo tiovivo.
Ataque de nervios
"Estoy nerviosa esta noche. Muy nerviosa. Quédate conmigo.
Háblame. ¿Por qué nunca hablas? Habla.
¿En qué piensas?¿Qué piensas?¿Qué?
Nunca sé en qué piensas. Piensas.
T.S. ELIOT, La tierra baldía
Háblame. ¿Por qué nunca hablas? Habla.
¿En qué piensas?¿Qué piensas?¿Qué?
Nunca sé en qué piensas. Piensas.
T.S. ELIOT, La tierra baldía
Malhuriosa

Tomemos, por ejemplo, estas dos palabras: "malhumorado" y "furioso". Piensen que han de pronunciar ambas, pero que no han decidido cuál dirán primero. Abran la boca ahora y hablen. A poco que el pensamiento se incline por la palabra "malhumorado", bastará para que digan "malhumorado-furioso"; pero, si se inclina por "furioso" aunque no sea más que el grueso de un cabello, dirán "furioso-malhumorado"; pero si ustedes poseen el rarísimo don de una mente equilibrada, dirán "malhurioso".
LEWIS CARROLL, La caza del Snark
sábado, 13 de octubre de 2007
El escritor y su musa
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