sábado, 9 de agosto de 2008

La noche del huevo-kosmos


[Esta noche freiremos un huevo en la calle Hospital. Obra de Carlogs.]


Aún no he nacido.

Anoche me parió una madre
y no soy aún.

Seré tú.
Tú mi pluma, sin vuelo.
Tú mis zancas a 60 km/h
Tú mi comensal.

Mojad los vivos de mi yema.
Nunca seáis yo.

(Os recordaré el mundo y la luna,
pero ni la luna ni el mundo
tienen mi forma.)

jueves, 7 de agosto de 2008

Abraçadabra


[La darrera obra d'art de la meva mare. Les cortines de l'habitació del seu nét]

És una abraçada conjur. Un apropament-ablució. Un nova estructuració de l'ADN.

domingo, 3 de agosto de 2008

Una incursión en San Roque

Conocí a Amanda en la parada de autobús.


- ¿Es niño o niña?

- Es un niño.

- ¡Es que es muy guapo! ¿Cómo se llama?

- Sàgar.

- ¿Me lo puedes repetir?

-Sàgar.

-¿En qué acaba?

- En r.


Tenía pinta de tener un retraso. Por la manera de hablar y de moverse. Se encendió un cigarro y me ofreció uno. Yo llevaba fósforos en el bolso y prendí uno.


- Odio el olor de las cerillas.- me dijo. - Perdona, es que siempre digo lo que pienso.

- Entonces estaré contenta, porque me has dicho que Sàgar es muy guapo.


Me sonrió.


-Oye, ¿tienes prisa?


Y yo le respondo:


- Mmmm... no.


Es lo que tiene estar la tarde entera con un bebé. Sabes que es mejor no planear nada para no frustrarse.


- ¿Vamos a tomar un café a mi barrio?

- Vale.


Se extrañó de que le dijera que sí. Me preguntó mi nombre, si era madre soltera (!), mi edad, a qué me dedicaba. Le dije que era escritora y me respondió que ella quería serlo.


- Oye... no soy una psicópata ni quiero ligar contigo, a mí me gustan los hombres...


Solté una carcajada.


- ¿Por qué te sorprende tanto que no te haya dado largas?

- No tengo amigas, María.


Su barrio era San Roque. Bajamos un par de paradas antes de la mía. Fuimos a un bar donde la conocen y entonces me explicó su vida. Que había sido alcóholica. Que su padre se había matado cuando tenía seis años. Que estaba enamorada de un chico y no le hacía caso. Y entonces se puso a llorar. Me dijo que no se lo podía sacar de la cabeza.


Le invité a aquella cerveza sin alcohol. Fuimos dando un paseo por el barrio. Se encontró con una amiga.


- ¿Qué tal, Pili?

- Currando.

- ¿ Y el novio?

- Está en la Modelo, tiene una orden de alejamiento de un kilómetro. Me rajó con un cuchillo así de grande. - nos enseña la cicatriz. - Ahora me voy a ir a la discoteca que me dé la gana. Tío mierda.


Se va.


Seguimos el paseo, nos encontramos con un chico que va en muletas y sonríe mucho.


- Hola, te presento a María. Es escritora.


Me río.


El chico nos cuenta muy emocionado que ha ganado una medalla con los paralímpicos.

domingo, 13 de julio de 2008

Regreso


[No es un Mondrian. Foto de unas alcantarillas de Santiago.]

Estoy de vuelta. Como siempre, viajar es una cuestión de espíritu. Sàgar está enorme, los mosquitos le han acribillado.

Una pensión de mala muerte en pleno centro, llena de bichos, colchón blando y un solo inodoro para todos (!) Aventuras de bibliófilos asentados. Conocí a la experta en la monja Alférez,* Sonia, que vive en Boston. Y, sobre todo, a Chus, esa pelirroja increíble que estudia demonios, brujas y travestis en el Siglo de Oro. Qué torbellino.

Desde los tejados de la catedral de Santiago (revolcones por el césped, lluvia a ultranza) a una bacanal romana en O Gato Negro. Estaba por allí Betibú con su adorable Nora, nos guió hacia ese lugar. En Coruña vino a buscarnos con un cochazo de aquí te espero. La Torre de Hércules no es para tanto. Mejor el Mirador de San Pedro. Y una tetería llena de cachivaches, de estética comaruru.

* Esta monja del siglo VII se envendó los pechos (dicen que hasta se los quemó con ácido), se disfrazó de soldado y viajó a América, donde mató a mucha gente. Era, además, jugadora de naipes. Le rondaron algunas damas, no se sabe si hizo algo con ellas. Cuando la iban a ajusticiar, anunció su sexo y dijo ser virgen. Lo comprobaron y no sólo la absolvieron, le dieron una pensión de por vida. Thomas de Quincey escribió un libro inspirado en su vida.

sábado, 5 de julio de 2008

Pero también...

Vale, porque la serenidad es necesaria para calibrar lo salvaje, lo libre, lo eufórico de uno mismo. La maternidad me ha obligado a economizar la energía. Pero, también quiero no parar hasta morime (entonces, pienso, ya descansaré en paz.)

Algunos de nosotros, los survivers, los que vamos a salto de mata, llevamos siempre esa paradoja a cuestas. Caminamos sobre la cuerda floja, habitamos lo que otros llaman Inestabilidad. ¿Dónde encontrar el equilibrio sino en el propio cuerpo, ese cuerpo que baila, come, calla, dice, expresa, se intoxica, se cuida y cae rendido en el catre?

El Chulo y yo buscamos esta semana un relax con la tapadera de una ponencia en Santiago. Una ponencia que hablará sobre manuscritos inéditos que encontré en esa otra faceta de mi vida, la de Indiana Jones que visita bibliotecas perdidas de acá y de acullá.

Pero, por favor, quiero recorrer ese Fin del Mundo, con una moleskine en la mochila. He de poder mirarme al espejo, reconocer ese fuego en los ojos. Conjurar la aventura.

martes, 1 de julio de 2008

El encanto de la vida simple

- Era el típico libro de autoayuda, pero su título me gustaba, "El encanto de la vida simple".

Olga está radiante bajo el sol de Badalona. Ha sido mi primera zambullida en la Mar, que me ha abrazado fresca, cristalina, amorosa, como una madre.

Olga es una mujer sencilla, que sabe hechizar. La última vez que la vi me hizo un masaje en los pies y regresé a casa con alas en ellos, como Mercurio. Ella es la sensualidad del tacto, fruta fresca, sonrisa, mar y sol. Son los treinta y dos años mejor cumplidos que conozco.

Se queda dormida, claro. Lleva desde las siete de la mañana currando en el bar. Yo me estiro como un gato sobre la toalla y escucho lo que la Mar quiere decirme. Serenidad. Confianza. Vértigo ante una vida viajera, implaneada, llena de sueños locos.

- Hazlo todo. - dicen las olas. - Aunque temas perder el sentido, si lo haces por amor, nunca se romperá la cuerda.

Da gusto permanecer en silencio con una amiga. Porque entonces puedo escuchar todas las cosas. Mientras Olga duerme y Sàgar juega con sus abuelos, la Mar me dice que la vida es un juego y un vaivén. Y que no me tome nada demasiado en serio.

- Baila. Yo canto cada día, aprovecha mi melodía, la de los árboles, la de los pasos de los hombres.

Olga despierta, poco a poco. Agradezco a la Mar que me siga hablando como una madre crecida.

Luego partimos. Ha llegado el verano. Silbamos y paramos en una heladería.

- Una horchata y un granizado de limón.