sábado, 16 de enero de 2010

Insomnio sin cigarrillos

Es extraño. De golpe, una se ve sin tabaco, un bebé dormido que se despertará a las ocho, la una y media de la noche y unas ganas tremendas de fumarse un pitillo sin la posibilidad de salir fuera. Y esto no es nada. He cogido unos restos de vino avinagrado de la nevera y le voy dando lingotazos, ¡qué desesperación!, entiendo a esos tipos que bebían colonia durante la ley seca.

Por suerte, escribir es esa cosa que ha conseguido que yo no esté bajo tierra o me haya convertido en una yonki. ¿Os parece radical? ¡Qué va! Es sumamente fácil quitarse de en medio. ¿Qué queréis que os diga? Podría deciros blabla y poner nombres raros de florecitas que nadie huele, pero la putada es que es tremendamente fácil quitarse de en medio. O que nos quiten.

Hace un par de días se soltó un remolque de un coche que atropelló a una tipa de mi edad en un sitio por el que paso un millón de veces al día. Le tocó la lotería a la pobre desgraciada.

Vale. Tenéis razón. Por suerte escribir no es lo único que ha conseguido que yo no esté bajo tierra. Hay más razones. ¿Qué hay del dulce sueño de esa criatura? Nuestras tardes juntos cada vez son más salvajes. Tengo conversaciones con él como si nuestra vida fuera una ópera. Le hablo cantando y se parte la caja. Hoy he saltado con él en la cama. Los niños no son ninguna responsabilidad, es un gran alivio y descanso entregarse a los juegos de los locos bajitos sin tregua.

Vale, ahora entras en la fase "mazapán". ¿Diré que estoy contenta?

Hoy he quedado para comer con mi padre. Cuando lo he visto, me ha dicho:

- No sé qué me pasa contigo. Antes nos peleábamos muchísimo y ahora, cada vez que te veo, me relajas un montón, es como si me hubiera tomado tres tilas.

Pero cuando uno es demasiado feliz, hay una especie de válvula que dice "te vas a volver loca, no vas a ser capaz de argumentárselo a nadie. Te tacharán de inmoral."

No tengo ni puta idea de por qué me siento feliz ahora mismo si tenía ganas de fumar y no tengo tabaco y le estoy dando lingotazos a una botella de vino que sabe a vinagre y son casi las dos de la mañana y...

Pero que dure mucho.

viernes, 15 de enero de 2010

¡Ala, a escribir!



¡Ayer tenía en la cabeza The typewriter de Leroy Anderson, y me ha chiflado encontrar esta paródica interpretación de Jerry Lewis!

miércoles, 13 de enero de 2010

¡¡RESISTIREMOS, BROSSANOVA!!


[Reproduzco el texto que ha redactado Marçal Font, portavoz de nuestra frustración, rabia y sensación de absurdo ante la injusticia de quienes deberían ser sus $garantes$]

Pues sí, otra vez ellos. Los de siempre.

Nunca pude leer 'El Proceso' de Kafka. Me encanta este autor pero nunca pude con esta obra. Lo he intentado una y otra vez a lo largo de mis todavía escasos días. Siempre he tenido la sensación de que leer esta novela era como no leer nada. Mejor dicho, como transitar por las mismas avenidas, las mismas calles y los mismos paisajes sociales por los que transito a todas horas. No he tenido nunca la capacidad de ver un salto entre la página y el mundo que me circundaba. No hay novedad, no añade nada a lo obvio. ¿Para qué leer que una paloma es gris si la tengo delante, si está justo detrás de las páginas del libro que me la explica? Fea, sucia, enfermiza, símbolo de abulia y no de paz. La narración de Kafka es exacta, tanto, que sólo el marco que ofrecen las cubiertas cuando abro ese libro evitan que, como en un cuadro de Magritte, el texto se me haga invisible mimetizado en el mundo palpable. Es como ver a través de él exactamente la misma realidad que tendrías si te lo quitaras de delante. Es un libro invisible. Para mí, un libro ilegible por perfecto, por demasiado cristalino. Lo he intentado muchísimas veces, pero por más que lo intento, no logro entenderlo.

Cuento todo esto porque este post está escrito desde el ardor y por lo tanto, tiene algo de personal (me perdonen los compinches de esta aventura), y porque hoy nos ha tocado, otra vez, dar un paseo por las páginas de ese libro. Os ahorraré la escatología legal de la cuestión, la anécdota de esta otra vez la injusticia, todos la conocéis porque todos tenéis las vuestras. Esta vez a K le han cerrado el local donde monta cada quince días un recital abierto. Es cautelar y "voluntario" por parte de los propietarios para evitar males mayores hasta que llegue el juicio para resolver un contencioso administrativo con el Ayuntamiento que tienen ganado. Pero la separación de poderes en este país es quimera, así que a juicio perdido no hay mobbing administrativo que se le resista. El Centro Cultural Brossanova, con todos los papeles en regla, todos los impuestos pagados, todas las normativas de seguridad, orden, aforos, derechos de autor, sanidad y trabajo cumplidas a rajatabla como no hacen hoy ni los sindicalistas en su propia casa, sin ninguna denuncia, sin ningún informe policial negativo, con unas dos inspecciones semanales de media por orden de la administración y orgullo mafioso, con la vecindad a favor, contenta y asociada y con una programación de recitales de poesía, monólogos, exposición de arte y humor encomiable debe cerrar de forma preventiva sus puertas.

Serán diez días hasta que un juez determine lo que puede determinarse el día en que se determine que deba determinarse la resolución de la cuestión determinada. Quizás para ese día lo que haya terminado sea el sueño, la ilusión, el dinero y la capacidad de sufrimiento de dos jóvenes napolitanos, fuertes, bellos y cultos que decidieron que esta ciudad bien merecía que se quemaran por ella unos años de sus preciosas y diminutas vidas. Para hacer algo bueno, algo fuerte, algo libre y algo para el goce de todos y el mal de ninguno. Que por lo visto, aman mucho más esta ciudad que sus propios políticos.

Pasamos por el aro para que una vez al otro lado nos dejen ser, pero no nos pidan que vivamos subidos a él mientras un cabronazo nos mece como a un lorito bueno.

El Centro Cultural Brossanova debe seguir y seguirá. Es de justicia.

Un abrazote,
Marçal Font

martes, 12 de enero de 2010

Arruga bella


La vida tatúa sobre nuestros miembros un libro de cicatrices, de arrugas afiladas como navajas de afeitar. Cuántas sonrisas y lágrimas hay en este lienzo de la piel, cuántas cosas vieron estos ojos.

lunes, 11 de enero de 2010

Motas de polvo


[SERIE MOTA DE POLVO I BOLA DE AIRE, FOTO: Las esferas omnipresentes, Autor: Calic]


Hay pequeños planetas acumulados en las estanterías, que hacen estornudar a los alérgicos.

Ser una piedra es mejor de lo que creía


[Debía de ser una de esas rocas madre, o estaba más abajo aún]


Últimamente me voy a dormir con varias preguntas encima. Quiero consultárselas a mi oráculo de Delfos doméstico y barato, la almohada. Y tarde o temprano voy a parar a esos océanos del inconsciente colectivo, trabo conversación con desconocidos interesantes, levito en parajes con colores y música abstractos y suelo despertarme muy desorientada, sin saber qué cara tengo o cuál es el color de mis ojos. La visión del espejo matutino me despierta carcajadas. Mi traje humano está aún muy bien planchado, tiene pocas arrugas. Le queda bastante trote.

Hace unos días soñé que era una piedra enorme y compacta sepultada por varias toneladas de tierra. Cualquiera diría que podía ser una pesadilla, ¿no? Pues la verdad es que tenía una sensación de bienestar y felicidad indescriptibles. La temperatura era la adecuada y me sentía completamente conectada con el murmullo de la madre tierra.

¿Tengo un tumor en la cabeza?¿Cuáles son los límites de la cordura?