miércoles, 31 de marzo de 2010

Autopsia del zombie del espejo

Algunos intelectuales salieron de la caverna y siguen proyectando sombras en el suelo. Las sombras de sus propios egos. Han edificado fuera. Han reproducido la farsa del interior de la caverna, pero fuera. Y entonces las cavernas de Platón son un sinfín de muñecas rusas.

Lo mejor es que cada uno cave su propia tumba y se meta dentro, para que le acosen de nuevo los demonios y pueda destrozar el sueño de la vanidad de ser un sabio.

martes, 23 de marzo de 2010

El escritor de software libre

La verdad es que escribir es un acto físico que depende en gran medida de las herramientas que se utilizan. Aún cuesta mucho manipular las propias neuronas para conseguir una obra x (en cuanto suceda, empezaremos a estudiar Neuroliteratura) pero sí que, en cambio, podemos escoger nuestros utensilios de escribir.

Yo, como la mayoría de escritorzuelos, escribo a mano -¡hay que generar nuevos manuscritos!- o con teclado.


A MANO

Por imposición, uso la derecha, que tiene un notable callo en el dedo corazón. Sé escribir bien con la izquierda; de hecho, de niña era ambidextra, quizá más zurda que diestra. Mi lateralidad es evidente porque mi orientación espacial es pésima; quizá por ello uso la intuición o los mapas para moverme por el mundo.

No suelo usar lápiz, porque el grafito genera endebles testimonios documentales, que no pueden sobrevivir siglos. Yo quiero que se encuentren mis papeles en el siglo XXIV, y tengo que trabajarme como mínimo el material y el soporte.

Mis espadas van desde el típico boli de diez colores perfumados, un boli-dragón que me compré en el chino, los pinceles de artes plásticas, un mao-pi de caligrafía (china) que era de mi madre, el pilot de turno, los rotuladores Carioca, las letras recortadas de los periódicos y, sobre todo, mi estelar e inseparable pluma Harley-Davidson, la que se desliza por el papel rápida y rugiente y convierte mi escritura autógrafa en un placer sensual.


CON TECLADO

Y aquí quiero deciros que uso, aunque muy esporádicamente, algunas máquinas de escribir. Sobre todo, la Torpedo, que creo que es de los años 50 y tiene tinta roja y negra. Era de mi difunta mamá, ella me la regaló antes de ponerse malita. Luego, tengo algunas cuantas más que me han ido obsequiando porque las colecciono. (Colecciono, de momento: secretos, barajas de cartas, sombreros, narices, fotocopias de manos, abrazos y máquinas de escribir; regalé mi colección de sellos a otra mayor: ya no colecciono sellos *Si os sobra alguna de estas cosas, enviádmelas, jejeje).

Pero, está claro que los ordenadores portátiles son prácticos y hacen mucho bien a la humanidad, aunque no sé hasta qué punto los archivos informáticos pueden sobrevivir a la hecatombe o descargarse en el siglo XXIV después de una excavación arqueológica.

Mi primer portátil lo adquirí en el 2000 y se llama Clarky (de Clark Nova). Aún está vivo, tiene un bellísimo color amarillo. El segundo, es un Acer funcional pero quise llamarle Toth, el dios egipcio escriba de los dioses que luego se asimila a Hermes Trismegisto.

***


Estas letras le cuestan sudor a Toth, que trabaja a jornada completa. Él está cargando mis palabras como si fueran cajas de cerveza.

Hace un par de fines de semana, Toth enfermó por culpa de un virus. Lo llevé al hospital y lo formatearon otra vez. Desde entonces, el Wordpad me estaba matando.

Ayer, por suerte, le instalé un software libre, el Openoffice y quería deciros que el procesador de textos, el Writer, es una maravilla. Las mejores cosas son gratis y ahora escribo más libre, con este aleteante software librepensador.

sábado, 20 de marzo de 2010

Filosofemas de Madame Paraguas

Los bosques hablan un lenguaje intraducible, como también el cuerpo mientras parece quieto y no se sabe en movimiento. Mi oído escuchó muchas tardes lo que observaban los ojos. Era difícil comprender del todo el espectáculo de los átomos que bailan juntos y conforman moléculas y figuras a las que luego bautizamos con palabras y a las que creemos dominar si las nombramos.

He tardado mil vidas en aprender a pronunciar mi nombre. Hube de histerizarme detrás de los cuadrados-rombos, inventar un paraguas para los pensamientos que llueven constantemente sobre el paisaje.

Las palabras del poeta deben exorcizarse de los labios, arrancadas como los besos de un amante.

viernes, 19 de marzo de 2010

Damallerosa

Ana sale de casa a tomarse un café. Allí se encuentra con un hombre con la barbilla partida y los ojos afilados. El hombre está sentado en el taburete de al lado.

- Señora, ¿tiene fuego?
- No me llame señora, que me hace vieja.
- Y a mí no me llame de usted, tutéeme.
- Pues tutéame tú también.

Ana rebusca en el bolsillo y saca un mechero.

- Le llamo Prometeo al encendedor, - dice ella, mientras le prende damallerosamente el cigarro.

El hombre hace un gesto como de "no entiendo". Ella agrega:

- Es de la mitología, es el que le robó el fuego a los dioses para dárselo a los hombres. Luego lo condenan a que unos buitres le coman el hígado.
- ¿Es que tienes un panteón en el bolsillo?
- ¿Sabes lo que es un panteón? Sí, y el Etna en el coño. Allí se suicidó Empédocles.

Se ríen. El hombre de mirada-aguja pone morritos calientes mientras fuma y la mira intensamente. Ella deja de hacerle caso.

- Camarero, un café.
- ¿Con leche?
- Bueno, con ron.
- Un carajillo, pues.

Ella empieza a reírse sola y se gira para ver qué hace el hombre de al lado. El hombre de al lado está bebiéndose un whisky.

- No sé -dice ella-. He salido a la calle pensando que mañana me puedo morir. Prometeo tendría cirrosis, ¿no?
- Hablas un poco raro.- responde el hombre, frunciendo el ceño.
- Es más divertido hablar así que decir las gilipolleces que dice todo el mundo. Además, de esa manera, seguro que no puedes predecir cuál va a ser mi próxima frase.

El hombre encoge los hombros y se ríe un poco. Está borracho.
- Si te pones así, a mí tampoco me tienes que adivinar la próxima frase.- le dice a ella.
- Ya, pero me refiero a que ni siquiera hace falta ponerse surrealista y decir "dadá" o "blablá".
- Estás un poco loca, mujer.
- Totalmente, pero la puerta de la conversación acaba de cerrarse. Y ya no me vas a decir nada nunca más. El tren ha pasado de largo.

Ella paga y vuelve a su casa, sin mirar al hombre borracho. Se desnuda y se pone a llorar delante del espejo. Tiene sesenta años y las tetas caídas. Luego va a fregar los platos. Se imagina que el hombre ese la besa en el bar. Que la besa con whisky en la boca y que ella se bebe el beso. Es un secreto de vieja.

martes, 16 de marzo de 2010

P( )rò-verbis

Tanmateix, el cor s'arregla
amb una clau anglesa.

*


(I amb una clau de sol
es va avariar el silenci.)

*

Els peus de la setciències
caminen en llatí.


*

El pensaments
foraden el camí
amb un filabarquí
i em faig un collaret
amb tots el arbres.


*

Però
ballar és l'art de moure's sense pressa.
Ballar és fer l'amor a la gravetat.

*

El mecànic de l'angoixa
desfà el nus gordià
amb un petó.


*

Els quatre elements:

Estic tocada de l'ala,
no toco de peus a terra
i m'ofego en un got d'aigua...
Potser l'infern és casa meva.


*

Els blaus dels teus genolls
i els blaus d'aquell cel fosc dels capvespres feiners.

*

Les metàfores fan la diàlisi
al discurs ple d'àcid úric.

*

I vet aqui que el jo no era gran cosa
i el jazz del jo respira sense fums
i el jo i el ja gemeguen sobre el món.

viernes, 12 de marzo de 2010

Invocación fugaz


-->¿Por qué eres ahora tan breve, tan breve,
si antes te tragabas píldoras de inmortalidad,

y estirabas a los días del pelo para que se enfadasen

y te concedieran un segundo más de risa intrascendente?

Y ahora, en cambio, quisieras morir con el agua sucia

que cae por el desagüe, desaparecer con la contraportada

de los libros acabados de leer; quisieras expirar

cuando el sol dice adiós tras las montañas o los rascacielos,

y levantar el puño junto al último ángel comunista,

o cerrarte con la maleta atascada y tirarte al basurero.

Y ahora, en cambio, desaparecerías con el trago de una casi

vacía botella de cerveza, o con el sedimento de la tiza

que puede tan sólo esbozar una letra más; y te irías con los

vecinos que abandonan tu casa, tras la visita semanal;

o te fregarías junto a la porquería de tu habitación, y también

te firmarías como a un cuadro terminado.

¿Por qué eres, ahora, tan breve? ¿Por qué comes rápido y despides

antes de saludar; por qué bajas la persiana por la mañana

y la subes cuando arden las farolas? Mirabas a los niños en
San Juan: envidiabas sus petardos, por estallar tan rápido,
por no elaborar testamentos, ni tener hijos; querías hacer

un juego de luces y rozar el estrato más bajo del cielo, y vestirte

de nada, acostarte con la nada, casarte con la nada…

Pero sólo eres una sombra amarrada al suelo como un aspersor
que reparte sus lágrimas para regar el césped; y contemplas

el cese de las cosas; y tu rosario quizá sólo esté compuesto

por gotas de pegamento derrochado, pegamento que te pega

lamentos en la cazadora, como muñecos de papel hincados

en la espalda con un alfiler durante el día de los inocentes.