viernes, 17 de septiembre de 2010

Ser, hervir, servir

El otro día alguien me decía que mantener un blog para soltar cualquier cosa o utilizarlo como bitácora o psicólogo barato no tiene demasiado sentido. Ese alguien es una persona respetable. Pero quizá se olvidaba de que nuestras experiencias, nuestro ego, nuestro mundo adosado, son una entelequia mental y un fraude que se viste de drama para no aburrirse. Y que, entonces, podemos explicar cualquier cosa sin demasiados remordimientos, porque el lector no tiene una recortada apuntándole al cráneo. Yo no te estoy intimidando, ¿verdad?:
- ¡Venga, léeme, cabrón! ¡Con el poco tiempo del que dispongo va a ser la única manera que tendrás de percibir mi aroma de libro seco, estación lluviosa, esófago-hervidero, non plus ultra, casco de calimero mental y pseudoescritura automática!
Ese alguien también se olvidaba del morbo que provoca observar a un desconocido por una rendija. Los blogs sinceros autobiográficos son los que más enganchan. Yo una vez seguí el blog de un suicida italiano. Programó un post postmortem.
Lo más brutal es que tal vez te encuentres conmigo en una mesa de bar, en esa silla vacía de enfrente.
- ¿Quieres tomarte algo? ¡Te invito!
(Nota: se acaban de llevar la silla de enfrente, ahora tendrías que sentarte encima de la mesa, junto a mi portátil, el paquete de tabaco barato, la mediana, el paraguas mojado...)
Esta tarde he forrado un taburete roñoso con papel de periódico y un collage sugerente. A veces, cogemos nuestra vida insulsa como un taburete de cocina y le ponemos colorines y paisajes satinados, mientras caen chaparrones decibélicos, los niños cantan, las nubes se levantan, ¡que sí, que no...!
Estar sola en un bar lleno de gente, un viernes por la noche, con pinta de tarada ataráxica, es uno de los placeres más inconmensurables que conoce mi alma de escritora sudatintas. Es sumamente divertido observar a la gente en el Asana yóguico de la solitaria enigmática, sin más pretensiones que reír un rato, diluirme en el paisaje nocturno, ver ese cuadro postimpresionista de carcajadas y cofres llenos de secretos engalanados de fiesta.
Soy, luego hiervo, luego sirvo mi puchero aquí, que te aproveche.

2 comentarios:

Gemma dijo...

La distinción es engañosa. Hay contenidos sociales y políticos que no son más que un recocimiento de lo mismo de siempre, mientras que existen voces autobiográficas cuya autenticidad puede enfrentar a cada quisque con las raicillas del grito, que dijo aquel. Y también viceversa, que conste.

Víctor dijo...

¡Gmmmf! ¡Kapulla eres¡ Me inspiras, maldita sea. Si alguna vez me da por escribir y mandar todo lo demás a la mierda será culpa tuya y de otros como tú, Magas, Kurosawas, Caravaggios y Saties, que me regaláis autobiografías de venas abiertas sin ánimo de lucro, estimulándome las zonas más erógeno-narcisistas del jodido hipotálamo.
Gracias.
No dejes de latir.