
Fracasa mejor.
SAMUEL BECKETT, Rumbo a peor
Pedid a Papa Noel la nueva barbie nihilista, apretadla
con cariño, sólo una vez y suavemente. Ella dirá:
"El mundo es una mierda y encima te mueres".
Frotadle cuidadosamente las manos frías revestidas
de mitones: "No tengo un céntimo y no me llega pal café".
Os preguntará, ya no rubia platino, sino agitanada: "¿Cómo
puedo sobrevivir donde naide me entiende?" Y luego,
si le acariciáis las mejillas, manarán lágrimas verdes.
La barbie nihilista es aquel maniquí joven
que se pincha heroína para sentir; desnudadla lentamente
y veréis como dice muy bajito: "Tengo frío". Y luego:
"Nunca se cumplen mis deseos". Y más tarde: "Nadie
me quiere". ¡Oh, pobrecita muñeca de plástico! Si
la sacáis a pasear con vosotros sólo mirará los rostros
nublados y convencionales, después intentará suicidarse
cinco veces pero no podrá, porque todos odian la eutanasia.
¡Mendigad pasivamente, no folléis aunque se queje
el cuerpo lozano, malvivid, haced deberes, comed
las porquerías prefabricadas! Si tenéis a la barbie
nihilista en el bolsillo, Pepito Grillo desinteresado,
os soplarán vendavales de tópicos mugrientos
y os sangrará la brea por los ojos, los dedos y el forro
de la chaqueta. ¡Este es el márketing
de la muñeca supracomún, de la jubilada con veinte años!
Pero, ¿no hay alternativa? ¿La barbie mecagoendios
ha de regresar a los escaparates del tímpano,
ha de nublar las estanterías de literatura francesa
y ha de conocer la presencia de malevos bravucones
que emergen del asfalto justo a las tres de la mañana,
sólo entonces, compinchados con las intuiciones
de las madres-oráculo que te hacen volver a una hora exacta?
¿No hay alternativa? ¿Sólo podrá elevarnos la repetitiva voz del asco?
Sssssss. Silencio. No toquéis. La muñeca perversa
duerme recostada en los párpados. Silenciad sus quejas,
descomulgadla de vuestra pequeña religión de esperanzas
diarias y, justo cuando todo parezca un horizonte
tranquilo, mirad la UTOPÍA: caminaréis cinco pasos
y se alejará otros cinco; corred un kilómetro y se escapará
lo mismo. Y cuando os halláis hartado de perseguir mariposas,
grabad una nueva frase en la memoria de la barbie nihilista.





