lunes, 8 de septiembre de 2008

Del Museo de los Excéntricos Libres


Una vez soñé que yo era la mujer de este cuadro (de Chagall con Bella).

El hombre me llevaba volando hasta una azotea que decía ser de mi propio Museo de los Excéntricos Libres. En el museo veía obras que todavía no existen. Una de ellas era un Doríforo con cabeza de flor, que hoy he hecho con el Photoshop. Yo había esculpido esta escultura en mármol, pero los sueños y los píxels pesan menos. La escultura de mi museo onírico era algo así:



Sólo eso. Quería presentar a este semidiós con cabeza de flor (un ¿Doríflor?). Quizás soñéis con él algún día. Quizás algún día lo veáis esculpido en mármol.

miércoles, 3 de septiembre de 2008

Llorar raso (al nivel del mar)

[A Júlia Ibarz Pascual]
I

La noche de mi liberación, lloré como una niña.


La primera imagen era una ventana, la del cuarto de mis padres. Era luz blanca serena. Luz blanca de cuna y horas sin tiempo.

Recordé a las niñas malas que no me comprendían. Recordé ser rara y ser sola y ser libro y ser ojos asombrados.

Recordé crecer y odiar al cuerpo y soñar y hastiar a la luna conversando.
Recordé rituales a los trece años, misterios en Andalucía, estrellas fugaces en el monte, viajes suicida, revistas de un solo número, obras de teatro que nunca se representaban, el Baixador de Vallvidrera, la bohemia, la carcajada de autopista, el pelo revuelto y las botas sucias, la gabardina negra, mariposas en el vientre, el viento y la noche por escribir, vociferar poesías como si me estuvieran matando.

Recordé mi historia de amor de mar y arena, de pétalos y espinas. La mirada lapislázuli del hombre del mañana augurando que el futuro se afrontaría bailando. La mujer en el espejo diciéndome "Yo soy tú y no te reconoces".


Recordé a Alice Vannoy dándome la mano en el bosque. Su sombrero de copa. Salir de noche con una máscara y ella, esa sonrisa grande que no sonaba. Un gintonic para las lágrimas, una mordaza de sueños si hace frío.
Recordé la primera noche que pasé con mi hijo. Había un bebé a mi lado. Su olor de sangre y leche.
Recordé a mi madre quedándose conmigo. Mi madre viendo ser madre a su hija. Ella estaba callada mirando en esa butaca. La veía sonreír en la penumbra. Ella creía que yo dormía, y yo la espiaba. Yo tenía el brazo lleno de cables, estaba débil y exhausta. Respiraba su perfume de regazo materno, su presencia que embriaga y protege.


Recordé las sábanas nuevas con flores azules e iniciales bordadas por mi abuela.

(...)

Recordé perder. Recordé ganar.


Lloré como una niña. La cara estaba relajada y seguía llorando. Era una máscara con lágrimas. La noche de mi liberación, sin embargo, había alguien en un cuarto. Alguien que no sabía llorar, en el cuarto de al lado.


II



Conocí a una mujer de ojos grandes porque no sabía llorar.


- Llorarás antes de que termine la noche. - le dije.


Le expliqué qué bella era mi madre mientras moría; le expliqué que Alice Vannoy recorría diez kilómetros para comprar comida para un gato vagabundo; le expliqué que una mujer resucitó a un ficus muerto cantando; le expliqué que en la posguerra los niños lloraban mientras comían lentejas (porque se acabarían); le expliqué la historia de un pobre borracho que pedía cigarrillos; y la de una vieja malcasada que se divorció a los ochenta años, y la de un payaso enamorado de una masajista, y la de...


(...)


- No entiendo las novelas de ahora.- me dijo ella. - Hemos de escribir la historia de las personas que lloran sin darse cuenta.


Aquella noche no lloró.

sábado, 30 de agosto de 2008

Por qué no escribo


1. Porque tengo un prisma en la boca que descompone las palabras en sonidos animales (exclamaciones, gemidos, grititos, aullidos)


Ah Uy Oh




2. Y se me come el silencio expectante, que me mira mientras callo.

sábado, 9 de agosto de 2008

La noche del huevo-kosmos


[Esta noche freiremos un huevo en la calle Hospital. Obra de Carlogs.]


Aún no he nacido.

Anoche me parió una madre
y no soy aún.

Seré tú.
Tú mi pluma, sin vuelo.
Tú mis zancas a 60 km/h
Tú mi comensal.

Mojad los vivos de mi yema.
Nunca seáis yo.

(Os recordaré el mundo y la luna,
pero ni la luna ni el mundo
tienen mi forma.)

jueves, 7 de agosto de 2008

Abraçadabra


[La darrera obra d'art de la meva mare. Les cortines de l'habitació del seu nét]

És una abraçada conjur. Un apropament-ablució. Un nova estructuració de l'ADN.

domingo, 3 de agosto de 2008

Una incursión en San Roque

Conocí a Amanda en la parada de autobús.


- ¿Es niño o niña?

- Es un niño.

- ¡Es que es muy guapo! ¿Cómo se llama?

- Sàgar.

- ¿Me lo puedes repetir?

-Sàgar.

-¿En qué acaba?

- En r.


Tenía pinta de tener un retraso. Por la manera de hablar y de moverse. Se encendió un cigarro y me ofreció uno. Yo llevaba fósforos en el bolso y prendí uno.


- Odio el olor de las cerillas.- me dijo. - Perdona, es que siempre digo lo que pienso.

- Entonces estaré contenta, porque me has dicho que Sàgar es muy guapo.


Me sonrió.


-Oye, ¿tienes prisa?


Y yo le respondo:


- Mmmm... no.


Es lo que tiene estar la tarde entera con un bebé. Sabes que es mejor no planear nada para no frustrarse.


- ¿Vamos a tomar un café a mi barrio?

- Vale.


Se extrañó de que le dijera que sí. Me preguntó mi nombre, si era madre soltera (!), mi edad, a qué me dedicaba. Le dije que era escritora y me respondió que ella quería serlo.


- Oye... no soy una psicópata ni quiero ligar contigo, a mí me gustan los hombres...


Solté una carcajada.


- ¿Por qué te sorprende tanto que no te haya dado largas?

- No tengo amigas, María.


Su barrio era San Roque. Bajamos un par de paradas antes de la mía. Fuimos a un bar donde la conocen y entonces me explicó su vida. Que había sido alcóholica. Que su padre se había matado cuando tenía seis años. Que estaba enamorada de un chico y no le hacía caso. Y entonces se puso a llorar. Me dijo que no se lo podía sacar de la cabeza.


Le invité a aquella cerveza sin alcohol. Fuimos dando un paseo por el barrio. Se encontró con una amiga.


- ¿Qué tal, Pili?

- Currando.

- ¿ Y el novio?

- Está en la Modelo, tiene una orden de alejamiento de un kilómetro. Me rajó con un cuchillo así de grande. - nos enseña la cicatriz. - Ahora me voy a ir a la discoteca que me dé la gana. Tío mierda.


Se va.


Seguimos el paseo, nos encontramos con un chico que va en muletas y sonríe mucho.


- Hola, te presento a María. Es escritora.


Me río.


El chico nos cuenta muy emocionado que ha ganado una medalla con los paralímpicos.