jueves, 27 de diciembre de 2007

Feniletilamina (la yonqui del amor)

[Cuadro: El beso, Gustav Klimt]

La yonqui del amor pasea bucólicamente por prados micro y macrocósmicos, despliega su sensualidad de telúrica conmoción ante lo brillante y hace una fotosíntesis indistinta ante el sol y la luna. Es cleptómana de la caricia. Es viuda de un bigotudo moral, calvo y gordo, capitalista desgreñado, al que dijo, escupiendo: non serviam.





La yonqui del amor desfila con porte militar por un bosque de libros, ansiosa y hambrienta como las lepismas ante las palabras esdrújulas. Estrangula cada cuarto de hora un falo tremebundo, deja que el esperma se desparrame por el interior de su útero dentado, y entonces -¡vivir para ver!- entona una nana inspirada en los diez Sephirotes.



La yonqui del amor embelesa a los mayordomos del Ritz con sus pantalones rayados made in clochard tomados del container y sus dedos manchados de Nutela lasciva, amígdalas de trufa o delicatessens. La yonqui del amor muere al pronunciarse, se desmelena por abajo y su trasero es más elocuente que su dentadura.



La yonqui del amor es condenada por la Inquisición, es lapidada por los académicos, es insultada por los poetas románticos que buscan en la literatura belleza inservible de tópicos vertidos en la papiroflexia.




Por ello, la yonqui del amor es asesinada cada día en los telediarios, es despreciada por los cincuentones que lucen su corbata con ambigua gallardía, es mutilada por los manuales de protocolo poético y jamás será publicada, y jamás ganará un concurso literario, porque sus verdades son hirientes como los vertederos escondidos, su contorsión provocaría otro Crack del 29, su mirada es un arma de destrucción masiva y sus omóplatos, demasiado parecidos a unas alas, quedan registrados en los anales de fenómenos paranormales, OVNIS.

2 comentarios:

Mawwulisa dijo...

¿La yonqui del amor padeció de una sobredosis de orgullo, cuando las hormonas de su cuerpo le insuflaron sensaciones de falsa realidad en su existencia efímera?

Pobrecita, jamás será publicada, ¿y qué importa? Hay otros mundos en los que su adicción no es tan mala; es más, resulta imprescindible en los suburbios.

¡Vuelve al suburbio! Abandona a los académicos y vuelve a tu cochambroso hogar. Allí, al menos, en las humedades marginales, te dan la dosis que necesitas para tu adicción.

SaraLo dijo...

Pobre yonqui del amor. Debería poder quedarse entre los académicos. Ella es la honesta con sigo misma y con los demás, la única que se atreve. Yo prefiero que se quede, y que contamine a los demás de su pureza.
Espero que no le duela y que así finalmente encuentre su felicidad.