domingo, 16 de diciembre de 2007

Reflexión sin imagen adjunta a las dos de la madrugada

Sàgar duerme. La casa está embrujada. El espejo refleja a una mujer que es igual a sí misma + madre + un bebé. Pero al ser madre no es -yo, - ella, -antes, - niña. Un pulso con la muerte. Extrañeza perpetua ante un mundo que florece y se marchita. Los ojos son agujas imantadas, brújulas que ladran los caminos y desembocan en los parques.

2 comentarios:

Mónica González Caldeiro dijo...

Otra crisis de identidad? La maternidad es una locura perpetua que te sitúa en el papel de eslabón entre la vida y la muerte total, para no comprender nada. Pero te capacita para amar, y eso lo merece todo. Las madonnas somos inmesas. Aprovéchalo, Maga.

Maga Despistada dijo...

Hay que reinventarse siempre. No queda otra. Asombrarse con lo cotidiano, retomar lo arcano. Pensar en las generaciones futuras es siempre hermoso. Alimentarlas, acunarlas, dejarles un legado: lo mejor que he encontrado, de momento, en este mundo absurdo y maravilloso y horrible.