lunes, 4 de mayo de 2009

Estoy en la cárcel



[La más chula: la de Piranesi]


El ser humano está encerrado en una cárcel de espejos.


Hoy he visto a un tiparraco desdentado y paria. Somos de la misma especie temeraria, así que a los cinco minutos ya hablábamos de tú a tú en el metro. Al poco rato, me ha dicho que había pasado once años en la Modelo por robo armado y entonces hemos charlado sobre las miles de cárceles que existen en este, cuanto menos, puto mundo de azarosas torturas esperándonos, donde cada vez cuesta más fabricarse la propia suerte a no ser que uno esté atrapado en esa otra cárcel del confort y la comodidad de los chavos surtidos, de tengo para pagarme un gorro, un coche y un psicólogo.


A mí nunca me cuesta tratar con ex o inex convictos porque en una vida anterior fui un negro sangriento, un baraka ugandés llamado Mwanga que se cargó a mucha gente en el nombre de una idea. Conozco la crueldad humana. Y si ahora ven a una muchacha serena comelibros no es fruto del azar. Este comportamiento pacífico ha surgido después de miles de reencarnaciones fallidas llenas de expolios, violaciones, guerras y aberraciones del espíritu. Por aquel entonces, para mí la crueldad era el mal menor de la supervivencia: formaba parte del día a día. Despellejaba hombres como hoy otros despellejan terneras para que me las coma poco a poco fileteadas en un plato.


Hace apenas un siglo, por otra parte, estuve condenada a muerte en una mazmorra de la Prisión de San Quintín, contigua a la de Ed Morrel y Darrell Standing. Nos comunicábamos con los nudillos de la mano. Desarrollamos un alfabeto de golpes en la pared y manteníamos charlas sobre vidas anteriores y viajes astrales. Los tres bribones aprendimos técnicas de expansión espiritual con suma rapidez: nuestro chamán guía fue la siempre dispuesta camisa de fuerza. Después de esa experiencia aprendí a liberar mi mente, especialmente ante obstáculos insalvables.

Pero volvamos a ese trayecto en el metro y a ese tiparraco feo, delgado, sucio y extraordinariamente lúcido. La enumeración de cárceles no tenía fin.


- El trabajo para mí es otra cárcel. Y más el trabajo que les dan a los analfabetos como yo.


- Diego de San Pedro escribió sobre una Cárcel de amor. Cuando uno se enamora, el otro le atrapa en una tela de araña mental. Y ya no puede hacer nada.


- Yo creo que una vez odié a alguien como tú dices. Cada día imaginaba cómo le torturaría al salir de la trena. Mis manos estrangulándole, mis pies dándole puntadas en el estómago. Era un idilio. Era otra cárcel de pensamientos reiterados.


- Yo he visto a muchas mujeres que viven en una cárcel doméstica. Cinco metros cuadrados de cocina. Condena a trabajos forzados.


- La preocupación por el qué dirán: una mordaza.


- Los colegios parecen cárceles de niños.


- Los que siempre quieren ser guapos viven atrapados en una puta prisión que se pudrirá pese a los liftings.


- No menos cárcel es un hospital para un enfermo. Yo he pasado noches en la sección de oncología viendo cómo se moría mi madre. Es horrible. Es como estar en la cárcel.

- Cárcel la reja del horario del currante.

- La etimología de convento en alemán es "cárcel de vírgenes". Tiene guasa.

- Los bares son las cárceles de los canallas como yo que aún no han sido prendidos.

- Cárcel el archivo de Excel. Cárceles los códigos de barras y el IBSM y el número de DNI. Cárcel el marco donde se introduce una foto.

El gran teatro del mundo se ha convertido en una enorme prisión laberíntica. Y así hemos pasado el rato, hablando de cárceles, hasta que él ha bajado en Clot. Me ha guiñado un ojo antes de que se cerraran las puertas del vagón y me dejara sola, otra vez, en mi gran cárcel de espejos. Él, según me ha dicho mientras se despedía, está en libertad condicional. Yo, al parecer, también. ¿ O no? ¿O todavía estoy en la cárcel?

10 comentarios:

innes dijo...

La sociedad en la que vivimos, entera, es una cárcel. Y de las peores: nos han hecho creer que gozamos de libertad porque quien no sale de ella es porque no quiere.

tientaparedes dijo...

Ser humano no es ser cárcel. Abundan últimamente las identificaciones con lo duro, desgraciado y castigador de la vida. Parece que todos somos marginales por lo visto. Y yo que me huelo que esta filia a lo bajuno tiene más que ver con una exaltación casi egocéntrica de la individualidad y sus singularidades que con una realidad difícil de verdad y una repulsa social generalizada, que no un desprecio o cierta antipatía. El marginado realmente está al margen, no tiene voz, no hay canal para él. En la medida que lo logra deja de estar en posición marginal.
En fin, somos más parecidos que diferentes entre nosotros. Hay más en nosotros de lo que nos une que de lo que nos distancia seamos quienes seamos. Y el mundo, pese a lo que dices en este excelente texto, es más jardín o campo abierto que cárcel. La circunstancia se da en un lugar y en otro, en prisión o en terraplén. El ser la precisa esté donde esté.

nickmazziu dijo...

La vida es muy cara y los procesos biológicos dependen de una energía muy difícil de conseguir para ciertos sectores sociales y ciertas civilizaciones. Por eso vemos todo a veces como una cárcel, y disponer de esa energía en exceso tampoco es saludable para nuestra libertad que es nuestra salud física y mental. Tenemos una máquina limitada y altamente dependiente del entorno. Nos toca seguir múltiples estrategias cuando vivimos en una sociedad: ¿eres altruista o egoísta?, ¿evitas el peligro o te enfrentas a él?, ¿vas a la ley del mínimo esfuerzo o cada día buscas la superación personal? Quizá muchos de los crímenes y de nuestras cárceles imaginarias o no dependen básicamente de nuestra conducta.

rubén martín dijo...

Muy acertada la enumeración de cárceles. La semejanza entre la estructura carcelaria y el hospital es mayor aún cuando se vive dentro, cuando te insertan el catéter en el brazo es como si te pusieran las esposas, el camisón como el traje de rayas, las enfermeras que no saben tu nombre pues eres el número de tu habitación...

Pero las cárceles peores quizás sean más sutiles. A veces es necesario que nos enseñen las rejas (V, en "V de Vendetta").

Maga Despistada dijo...

Innes: Canarios con la puerta abierta, apegados al alpiste.

Tientaparedes: Flor de histeria en el jardín de las delicias.

Nickmazziu: El ADN también es una prisión determinista. Barrotes enrollados de una cárcel biológica.

Rubén Martín: Sé a la escena a la que te refieres de "V de Vendetta" y es genial. La peor prisión, sin duda, es el miedo.

Nada del Otro Mundo dijo...

El tema te daría para un ensayo, y vas bien encaminada. Creo en ti desde el principio, porque hay mucha furia en esas palabras que hablan de vidas sangrientas anteriores, del precio del sosiego.

Therfer dijo...

Añadir las cárceles de palabras, ésas en las que desde pequeños nos arrumbaron, nos amilanaron y apocaron. Porque son las etiquetas impuestas, y las que nos malpusimos nosotros mismos luego, las que más daño nos hicieron, y han hecho a la Humanidad.

¡Cuidado con las cárceles de palabras, Maga!

performance dijo...

Bien

Tu poeta dijo...

Mi mayor cárcel son los sueños que no he cumplido por pereza. Las cárceles son horribles sólo cuando se ha sabido vivir fuera de ellas.

Un abrazo, lúcida Maga. Tú eres más libre que eso, en ello estoy con tientaparedes. Tu blog es un jardín.

Mawwulisa dijo...

Una cárcel es NECESITAR
ver AHORA cómo algunos
chutan una pelota al azar,
sin sentido ninguno.