sábado, 19 de junio de 2010

Preguntoide



¿Por qué nos vemos a nosotros mismos la cara y el cuerpo cuando recordamos momentos de nuestra vida? ¿Es una mentira necesaria para la reconstrucción del pasado, que filtramos a través de un yo-hilo conductor? ¿O acaso significa que en diferentes puntos del mundo disponemos de focos de conciencia que podemos utilizar a nuestro antojo?

(Una vez, Joan Quitllet i Olió me dijo que, antes de morir, vemos un trailer de nuestra vida, y que ese trailer tiene, por cierto, primeros planos suculentos.)

¿La imaginación es la levadura de la realidad?

¿Somos personajes de una película que alguien ve?

3 comentarios:

Pedro dijo...

Los sesos, El Cerebro, archivan y comprimen los recuerdos. Los racionaliza y abrevia, a sabiendas de que posteriormente podrá usar ciertos mnemotrucos para recuperar esa información. Quizá la distorsione en el proceso, según mil y un factores, por ejemplo transformándola en un relato en tercera persona, en algo con un lenguaje visual mucho más cercano al que se nos acostumbra y con una estructura -la escena, el sketch, el gag, el anuncio- estrictamente lineal, consecuente y fácilmente elucubrable.

Claro que más que fresquito, es frío decirlo así. Quizá sea todo más evidente, y El Cerebro oblitere nuestra contaminada perspectiva y retenga sólo en su memoria -la nuestra- los hechos tal como se vieron. A fin de cuentas, se trata de conservar información útil que pueda servir en un futuro a la supervivencia del individuo y -quién sabe- de la especie.

Por lo que, revivir los acontecimientos en tercera persona, nos sirva para conocer los hechos tal como se almacenan en el subconsciente colectivo.

Mayde Molina dijo...

a mi me da la sensación, de que somos los personajes, y la película y también los que miran aunque a veces no acabemos de vernos bien.
me gusta mucho tu escrito, un abrazo!

Maga Despistada dijo...

A veces también imagino, Mayde, que si tuviéramos la mente suficientemente despejada podríamos alcanzar esa omnisciencia multiorgásmica. Gracias por tu comentario, bella.