- No suelo tomarla últimamente. Estoy aprendiendo a gozar de la amargura.
(Carcajadas)
- ¿Y qué pasa cuando te echan de casa y te sientes de nuevo con una mano delante y otra detrás?
- Ah, eso es fabuloso. El cuerpo se convierte en un dinámico hostal. Eres tan libre que duele ver todo el friso de mentes que piensan en cómo pagarse los ladrillos. Desde que me marché, me han regalado un nuevo sombrero, un zurrón lleno de imperdibles y dos piedras mágicas. No puedo quejarme.
- ¿Cómo puede ser?¿Te has inventado un cuento?
-Mi consigna: sé generosa. Regalo balcones abiertos mientras miro. Hoy he deambulado con un secreto en la boca envuelto con una sonrisa.
- ¿Y qué ha pasado?
- Que una vieja chocha, la más cascarrabias y bruja, me alquila una choza barateja en primera línea de mar porque esa sonrisa mía huele demasiado a sal y dice que tengo buen corazón.
- Estarás muy a gusto en ese nuevo hogar.
- No me tires de la lengua, tunante. Con ese montón de sal, erigiré un imperio. Me bañaré en mi madre, que ríe y llora mientras mira esa tragedia absurda de la humanidad.
- Por eso escoges escribir en un sábado noche.
- La soledad es mi mejor chaqueta.
- Desde luego, pero...
- Mis noches serán para la musa y el daimon.
