["Todo viaje, aunque tenga mil leguas, comienza con un solo paso". Lao-Tsé recuperado por el Viajero Permanente (autor de la foto)]
- Bienvenida a la saison priminvernal.- dijo, borroso, mientras me guiñaba uno de sus enormes ojos saltones de color perro fugitivo.
Desperté tirada en medio de una carretera que estaba en medio de un desierto. Un desierto con el suelo agrietado, no de esos de dunas; un desierto sin arena, con la esterilidad apelmazada.
- ¿Quién soy, qué eres?- pregunté.
-Yo soy tú en otro deseante y deseable. Tú eres yo en otra deseante y deseable. Jamás podrás pensar desde mí, porque casi no existo, y... viceversa.
No era un príncipe-rana; no era un ángel de la guarda ni un mosso de escuadra. Era algo así como alguien más inesperado aún. Era un yo en otro lugar, con otro disfraz deseable y deseante, con el sexo contrario y todas las respuestas del mundo en la chaqueta.
- ¿Te duele algo?- estaba atento a mi dolor.
Asentí. Tenía el estómago- ese segundo corazón- destrozado. Vomité un crucigrama, y luego un soneto malo, y después un folletín de 365 páginas por entregas.
Me miró con atención sin reír mucho ni fruncir el ceño.
- ¿Te ha sentado bien devolver ese montón de cuentos sin sentido?
Noneé, porqué aún me quedaba un nomeolvides atrancado en la tráquea. Lo escupí con sangre, en el suelo asfaltado. La sangre agrietó la carretera, y salió un trébol de cuatro hojas de allá en medio.
- ¿Qué ha pasado?- pregunté.
- Bueno - respondió.- Un día te fuiste a dormir demasiado pronto.
- ¿Y?
- El Leviatán te dio una paliza, porque te fuiste dormir sin decir te quiero a nadie.
Una convulsión me hizo eructar y después vomité Il canzonière.
- ¿Qué debo ¡cof cof! hacer para ¡cof cof cof!curarme?
Ladeó la cabeza, guardó silencio, y dijo:
- Cortarte el pelo, podar tus versos, tijeretar tus pensamientos.
Aparecieron en sus bolsillos unas tijeras de podar gigantes. Los mechones de cabello iban cayendo mientras yo lloraba con uys y ays muy melancólicos. Los versos malos de mis sinapsis se desincrustaban con un salfumán telúrico. Empecé a pensar en sol y, en clave de sol, arranqué una sinfonía con la primera sonrisa amanecida en el infierno.
- El dolor es una peluquería.- observó el alter ego con sombrero y ojos verdiazulinegros.
Yo seguía vomitando la lava del amor sin objeto.
- Pero... ¿hacia dónde iré?
El elfo me señaló a la vez hacia la izquierda y hacia la derecha. Entonces vi, justo en frente, una parada de autobús, anunciada con luces de neón, que decía:
- EL TIEMPO ESTÁ LEJOS.
Me incorporé. Caminé un paso, dos, tres. Las luces de neón iban cambiando:
- MUÉVETE SIN MOVERTE.
Cuatro, cinco, seis.
- LLEGARÁS A AQUÍ DENTRO DE UN NUNCA.
Siete, ocho, nueve.
- SUBE MIENTRAS BAJAS.
Diez.
- BRILLA MIENTRAS TE APAGAS.
* He escrito este semirelato bajo la propuesta bizarra del gran Arthur Kelvin Calvet :-)