viernes, 24 de agosto de 2007

El amanecer patológico




[ Fotos de Madame H]



O douleur, ô douleur, le Temps mange la vie,
Et l’obscur Ennemi qui nous ronge le coeur
Du sang que nous perdons croît et se fortifie!


CHARLES BAUDELAIRE, L’ennemi

[Escrito ante un amanecer que no rechista al mostrar su vello púbico luminoso
y el cuajante aperitivo de un chocolate con churros en el estómago
y varios molinillos de viento girando en las palabras
de los supervivientes amigos, que son ONGs ambulantes
- porque soportan los malos modales -

Escrito a raíz de un optimismo desconcertante y desgarrado
que después del arrebato de la sangre
grita en el tiovivo de la conciencia como un periquito verde...

Dedicado al pecado original, a la duda y al perro de la excentricidad
Dedicado a los enteógenos ingeridos en solitario
Dedicado a ese templo en ruinas en el que oran los Agnósticos

Pero Mi voz, sólo ella, es para los ciegos diábeticos tozudos
que, desatendiendo las súplicas de sus mujeres,
siguen comiendo galletas a escondidas. ]









Idiótesis

[prótasis]

Si OFELIA no se hubiese ahogado en el Sena
o viviera en la era del prozac, el instinto maternal y el avefenixmo;
si Ofelia hubiese conocido los tres consejos de San Agustín
que son (dos puntos): morir...miento
llorar a lágrima viva cuando a uno le entra sueño
tomar un baño tibio con agua limpia y esencia de Lang Lang
y pasear sobre un
locus amoenus...

Si Ofelia hubiese desesperado no en un día lluvioso
e impar, cuarto menguante, [como éste]
sino mientras brilla tibiamente el sol con una sonrisa irresistible de mafioso
o hubiese visto, con el rabillo del ojo, a los pájaros guiñando el torso
oh les nuages...les nuages qui passent, la-bàs, les merveilleux nuages!
Si Ofelia leyera en el reverso del paisaje
si a Ofelia le hubieran regalado un sombrero de copa
si a Ofelia la abrazase un saltimbanqui conmovido por su estúpida locura:

[apódosis]

quizá escribiría esto:








Canto I
Una vez la vi. Hoy, hoy mismo.
Tenía el pelo más fino, y más corto,
pero se le parecía,
se parecía a la PUTA que una vez

tú y yo, HAMLET,
amamos campestralmente al unísono:

(Narcisos entintados)

Esa chalada ciega de senos ligeramente bizcos,

con una coliflor por trasero,
que escupía auroras boreales
y olía a almizcle, mazapán o eucalipto.

El mundo, por aquel entonces,
era una enorme piruleta
entrelazada por lenguas de mariposas:


¡corazones, estrellitas, pajaritos!

DESPOTISMO ILUSTRADO DE LO CURSI

había por todas partes;






Canto II


- Ya han pasado veinte años- dijo ella. –
Y mi coño ya no funciona.

Qué fea me ha puesto la belleza.
Qué rápido crece la hiedra en el pecho.
¿Se derrama algo en el útero del ojo?
¿Cabalga la lepisma distraída
por un Rumbo a peor de Samuel Beckett?

Desenamorémonos,
o desenamórame, que tú ya estás
limpio.

Te he visto silbando, por casualidad.
Vestías
fulminante como un telescopio


Cabalgabas
sobre el lomo de una corbata tiesa como una
(piiiiip)

yo ahora habito en la madriguera
de un borracho
nacido de los números

CON TANTO π EN LOS DESPOJOS

mis tareas son símiles/ disímiles:
preparo bocadillos a mendigos,
SUEÑOS REBOZADOS EN CAJEROS AUTOMÁTICOS

mi meta es desangrarme en manos de un estrangulador apuesto
mi meta es el SENA, el BESÓS, o tu CARA CERCA

y ALGUIEN, de vez en cuando,
si estoy simpática y no odiosa,
me invita a cafés con leche y me presta su paraguas
en días lluviosos como éste;




Canto III

EJEM!

mientras tanto
el viso de las gabardinas me entretiene
la legaña ajena, la cola del pan, el tiempo del peldaño,
me entretienen
las voces, los deberes, los caminos repes/ tenguis
me entre-tienen

mas AÚN sigo persiguiendo al Edu
por los callejones del Arrabal
sigo su rastro mulato de pared leprosa,
su aliento de colores en la inmundicia gris paloma.

(la farola, la bombilla, el estribo de un calcetín
me entretienen);




Canto IV
Desde que te fuiste/ fui
he conocido a un saxofón entraña,
he conversado por primera vez en esperanto
y, quizá, si no me odiase,
diría que he calzado una máscara dorada,
que he vestido un elegante verso fino de seda.
Mi voz como un combate de esgrima;



Canto V
llorar raso, al nivel del mar

¿Existen bulas para llegar a TU cielo?
Soborno cariado, el mío.

Aún.

Construyo aviones de papel alumínico.
Llevo sombreros de bombín en los putiferios más dulces...

ARBOR- ARBORIS

(Me han preñado. Las dudas violan.)

Casi me mato, en tu nombreausencia.
Barandilla, la frontera de la tierra y la esfera:
espíritu y beberte
tan clara de orgullo,
tan avergonzada –la pobre-
tan radiante la punta de mis botas sobre la vía...
qué hermoso el cabalgar del tren sobre mi aliento.

Eróticamente: vida muerta.


Canto VI

- Descarrilé, - dijo-
junto a mis seiscientos pilares panteístas.
Un saxo me invitó a la dicha,
y yo, “hola”, dije,
(qué rápido se recorre lesbianamente un autocuerpo)

fuera de tu sombra
(porque el fuego devora kilómetros de bosque)

leña de huesos,
nos (h)abríamos besado hasta el canibalismo

Una película en blanco y negro,
sobre las grietas de la persiana
o la boca,
no estabas, aunque ¡sí!, ¡quizá!,
pensabas al día una letra o un color
que yo llevaba puesto;







Canto VII
La hipersomne te sueña abrazada a su manta azul;
la hipersomne te ve en el techo de su cárcel,

Dueles.
Oh sí, pero no te vayas. De mí, no te vayas.

- Por qué te haces tanto daño. – dijo él. -
Mírate: sufres. Mírate: sé que me todo.


“Te todo...”

(qué tiene un ojo o el recuerdo de un ojo
que mira intensamente
durante más de tres segundos
susurra te he buscado
susurra entre piedras con la mano
una vez tuve una novia joven
antes de apagarse
para nunca o siempre
una vez tuviste una novia
oscura como un infierno)

Dafne sin Apolo se convirtió en un cielo salpicado de aves.
Dónde sirves vino y quién (lo bebe), - dijo ella.
Lo sé. Te escucho respirar,
por las noches;






Canto VIII

Obsesionada con un diálogo esperanto.

Dios, qué locura.
Cómo te busco, con sólo el secreto de tu nombre.
- Cábala- dijo.

Ayer nevó una FRASE. ¿Tú crees en la suerte?

Ruletas mágicas para conocerte,
medias rayadas como la línea negra del párpado egipcio.
Él – el alto – no quiso:
puso delante a un amigo de la infancia,
recordábamos aquellas tardes de juguetes rotos,
aquellos festines de pegamento,
birras y fotografías trucadas.



En el envés de un traje, estabas.
Llamabas, a través del zumo del espacio con silencio;
yo te oía: hablaba a todas horas contigo
contigo
contigo
pero no iba, no iba.
El alma es liebre; y el físico, tortuga.

(Pensaba que el otoño se concentra en la metonimia de una hoja seca
y que los versos de la vida se recitan en las líneas de la mano
cuando acariciamos algo
tras haberlo abofeteado ... por orgullo
voilà que j’ai touché l’automme des idées)

y yo te seguí, y yo te enraicé en mis raíces, tan hondo,
y yo mentí y yo desvié mi paso;





Canto IX


Cómo hablan los árboles
cómo me dicen: “Sé mi psicoanalista”
cómo sienten la caricia adúltera del frío

Te jodí, (y el odio nace del beso)
Ah invisible amado, cómo te inyecto en mí y en mis ojos,
qué desnudo, qué cerca distante. Te estoy oliendo,
desde aquí rastreo el sudor de tu muro sufriente


Un público aplaude ante la salida del sol, en Collserola.

Enredo voluntariamente mi pelo castaño en tu mano,
qué épicos labios se están abriendo,
qué corsé de palabras voluptuosas,
qué sublimes pensamientos
tan sola
tan sola

Cuántas noches he salido a la calle en vano,
con la conciencia del pecado abierta y sangrando dicha,
una esperanza imbuida por el deseo más fuerte,
que es el haberte confundido con...
el sentido de la vida



Canto X

- Era una mujer más triste que la muerte- dijo él.

La vi paseándose con cuidado, para no pisar a las hormigas.
La vi meciéndose, con una flor en el escote.
La vi tan muda, tan pura de prematuramente llorada.
Qué fea se volvió de tan hermosa.

- Era un billete roto, que sin la otra mitad no vale nada.- dijo-

O todo.

(qué más da, si el tiempo resbalaba)



(Quién es el que no quiere
mezclarse en las huellas del otro
mezclarse en los labios prohibidos del otro
inyectarse como un suero, un aliento, un trozo
de imagen que huele a sol, a luz o ...a deseo)

Diré cómo nacisteis

a ciegas, a través de los arcos,
de los vientres

Grietas.

(tan imperioso que duele y se deshace)

Cómo sonríe el helicóptero que nos contempla
desde la altura todopoderosa de la muerte,
cómo te siento cerca, si ya eres fugitivo de mis ojos.

El tren, la noche, la nada;
huiría loca, perdida del todo
porque
estoy enferma de ti.
enferma de ti
enferma de ti
enferma de ti

martes, 21 de agosto de 2007

Mientras suena la música



Ivonne Velázquez y Olga López querían congelarme a mis ya ocho meses de embarazo y yo no pude negarme en absoluto. Desnudo artístico en un momento irrepetible. Cómo iba a decir que no si yo también soy cazadora de esos instantes. Son la materia prima del arte.
Esta vez podía ser una mujer objeto, desapegarme de la imagen de alguien que se me parece. Ser más cuerpo que mente. Porque, desde que Ságar está por aquí, el ego se ha desintegrado. La sabiduría, decía Vannoy, procede de esta conciencia de vivir rotunda.
Cuán ajenos son a nuestros protocolos inútiles y a nuestros pudores mundanos los ciclos de la vida y de la muerte.
La naturaleza opera con discreción y de tal manera que la metamorfosis ha sido fruto de un pequeño cúmulo de pequeños ajustes diarios. (Sucede así con todo. Apuntad en un papel vuestros deseos e incluid un croquis con los planos. Sed ingenieros de sueños. Si no, no se cumplirán solos.)
Olga dispuso el escenario e Ivonne es la intrépida fotógrafa. Ella y su cómplice, Adrián Pelegrín, son grandes profesionales de la imagen.
Descubrir un seno y enseñar esa barriga oronda, inmensa, jamás concebida hasta ahora. Quise mantener esa gabardina negra de cuero falso, las botas con cordones que han pateado tantas calles (que no se ven, pero que evitan la caída de Nabucodonosor). Un ventilador en la cara (bendición bajo el estrés de los focos), y los ojos muy negros y los labios muy rojos.
No sé si el resultado obecede a la típica figura maternal. Ivonne dice que rompe esquemas. Pero sigamos fluyendo: estará bien bailar la vida un poco mientras suena la música.

sábado, 4 de agosto de 2007

34 semanas y media


El bebo ya pesa 2 kilos 200 gramos.
Seguimos construyéndolo, de acuerdo con los planos.
Polizón, astronauta intrauterino.

miércoles, 1 de agosto de 2007

Las Mil y Trece noches



Los colores del mundo me envenenan. Todavía las palabras me queman las pupilas. La sonrisa es tan versátil que puede navegarse sobre ella. Pero ya se aprendieron los límites del fuego. Ya se bebió de aquella vieja poción del cielo tenebroso. Ya sé lo que es.
La luna ha alisado los vientres de las yeguas.
Los gatos pueblan los labios con enigmas. Maúlla el corazón tan ligero como la indumentaria de un bañista. El tiempo se ha vuelto despistado. Las hogueras de ayer vuelven a achispar al bosque.
HE DE
Gemir y partirme en dos.
He de aprender cómo se empieza de nuevo.
Re(su)citar.
Alguien quiere que le ayude a nacer.
Y yo le he alquilado mi cuerpo y mi vida para hacerlo.
No sé qué pasará, mi viejo amigo, pero quizá me oigas cantar nuevas canciones. Tal vez gaste doce noches más en cuentos.

domingo, 29 de julio de 2007

Walden (Fragmentos)


[ El 4 de julio de 1845, Thoreau se traslada a vivir a Walden Pon, a una cabaña que construye con sus propias manos. Allí pasa dos años. Amasa el pan que se come, siembra y recolecta sus propios alimentos, y en profunda soledad, tiene la fortuna de detener la alocada prisa occidental para sumergirse en una gozosa contemplación de la vida. Transcribo unos fragmentos de Walden (Madrid: Cátedra, 2006, pp. 138-142). Para ser leídos en las futuras reuniones del Club de los Poetas Muertos. ]


"No conozco ningún hecho más alentador que la incuestionable habilidad del hombre para elevar su vida por medio de un esfuerzo consciente. Ser capaz de pintar un cuadro en particular o esculpir una estatua es algo, así como embellecer ciertos objetos, pero resulta mucho más glorioso esculpir y pintar la atmósfera y el medio mismo a través del cual miramos" (...)

"Fui a los bosques porque quería vivir a conciencia, quería vivir a fondo y extraer todo el meollo a la vida. Dejar de lado todo lo que no fuera vida para no descubrir, en el momento de la muerte, que no había vivido. No quería descubrir lo que no fuera vida, porque vivir es caro, ni quería practicar la resignación a menos que fuera completamente necesario. Quería vivir con profundidad y absorber toda la médula de la vida, vivir de manera tan severa y espartana todo cuanto no fuera vida, abrir un amplio surco y arrasarlo, arrinconar a la vida y reducirla a sus términos inferiores y, si resultaba mezquina, coger toda su genuina mezquindad y hacerla pública al mundo; o, si era sublime, saberlo por experiencia y ser capaz de dar cuenta de ello en mi próxima excursión. La mayoría de los hombres, a mi juicio, se halla en una extraña incertidumbre respecto a si la vida es cosa de Dios o del diablo, y ha concluido algo precipitadamente que el principal fin del hombre es
glorificar a Dios y gozar de él por siempre." (...)

"Nuestra vida se pierde en los detalles. Un hombre honrado no necesita sino contar sus diez dedos y, en casos extremos, añadir los diez dedos de los pies, y dejar el resto. ¡Sencillez, sencillez, sencillez! Os digo que vuestros asuntos sean dos o tres y no cien mil; en lugar de un millón, contad media docena y llevad las cuentas con la uña del pulgar." (...)

"Las imposturas y engaños se consideran las más sólidas verdades, mientras que la realidad es fabulosa. Si los hombres observaran sólo realidades y no dejaran que los engañaran, la vida, comparada con las cosas que conocemos, sería como un cuento de hadas de las Mil y Una Noches. Si respetáramos sólo lo que es inevitable y tiene derecho a existir, la música y la poesía resonarían por las calles." (...)

"El tiempo no es sino la corriente donde voy a pescar. Bebo en ella, pero mientras bebo, veo el fondo arenoso y veo lo somero que es. Su delgada corriente se desliza, pero la eternidad permanece. Querría beber en lo profundo, pescar en el cielo, cuyo fondo está empedrado de estrellas. No puedo contar ni una sola. No conozco la primera letra del alfabeto. Siempre he lamentado no ser tan sabio como el día en que nací. La inteligencia es un cuchillo afilado, discierne y penetra el secreto de las cosas. No deseo estar ocupado con mis manos más que lo necesario. Mi cabeza es manos y pies. Siento mis mejores facultades concentradas en ella. Mi instinto me dice que mi cabeza es un órgano para excavar, así como otras criaturas usan su hocico y patas devanteras y con ella minaría y excavaría mi camino a través de estas colinas. Creo que el filón más rico está por aquí; juzgo por la varita adivinatoria y los finos vapores ascendentes, y aquí empezaré a minar."


viernes, 27 de julio de 2007

El miope impertinente



- ¿Cuántas dioptrías cree usted que tengo?
- ¿Cuántos gatillazos ha tenido?
- Cuarenta y siete y medio.
- Entonces nada merece la pena. Usted y yo, si me sigue, seremos profetas de nuestro tiempo.
- Profetas de qué.
- De la imbecivilización.
- Ya nada merece la pena.
- Sólo la cerveza es áurea.
- ¿La ve?
- Sí. Es miopía lo mío y a la cerveza siempre la tengo cerca.


(De repente, entra un encapuchado con una metralleta y mata a todo el mundo).

martes, 24 de julio de 2007

E en buscando aquesto




Introducción afónica
El cuerno del cartero de Münchhausen era más bonito que una bocina electrónica con el sonido en conserva; las botas de siete leguas, más bonitas que el automóvil; el imperio del rey Laurin, más bonito que un túnel ferroviario, las raíces curativas de la mandrágora más bonitas que un telegrama ilustrado, comer el corazón de la propia madre y entender el lenguaje de las aves, más bonito que un estudio zoopsicológico sobre la expresión rítmica del gorgeo de los pájaros.
Robert Musil, El hombre sin atributos
Qué fácil confundir un beso y un coágulo. Usted no podría discernir la ínfima línea que separa el placer severo del dolor liviano. Pero no genere esa mueca de disgusto en los labios. No tuerza el rostro como si un viento lo doblase. Sonría, a pesar de lo grotesco de la situación. Estoy frente a usted y veo de lejos su talón de Aquiles. ¡Ah, hombre maduro encorbatado, de irresistible americana y gafas de sol! No me impresiona esa barítona voz de gentleman, ajada por el alcohol y afectada por fugaces infidelidades de hotel de lujo. Ni su cortesía de implante, esa barata imitación de Humphrey Bogard. Ni su repentina melancolía de cigarrillo, que ahora mismo parece inundarle de negros humores.


Venga conmigo, a mi casa. Quiero enseñarle los dientes amarillos de los gitanos y los veleros de papel ahogados en el lodo. A veces sigo la corriente del río y veo cómo a medida que envejece se hace más opaco. Soy incapaz de imaginar su fondo. La turbulencia me impide atravesarlo de una sola ojeada.


Mi barraca con jacuzzi huele siempre a tierra húmeda. En invierno paso frío y por eso busco a hombres soñadores como usted, algo bohemios y presuntuosos, para que me inviten a cenar y disfruten del sexo en la precariedad suburbial. No me juzga pobre porque soy aseada y creativa con los despojos. El vestido lo reciclé de un contenedor. Nadie lo imaginaría. Usted ha quedado conmigo porque conoce mi fama. Esa historia falsa de mi vida, que me forjé en las aulas universitarias y se extendió de boca en boca desde los bares que suelo frecuentar. Todo una mentira. Cada vez que calzo mis botas negras con cordones me invento un nombre nuevo y un personaje. Imagino una historia distinta, con la que seducir a los crédulos desconocidos de la noche.


Mire las fábricas a los lejos. Su espectáculo de humo. Acaba de empezar, sin duda, el principio de una obra anónima, lanzada al vacío sin más por una puta de enrevesada anarquía ideológica. Nociva para el medio ambiente. La literatura ha nacido en estas calles. La murmuran las marujas en las colas del mercado y en las sillas inhóspitas de los cafés insalubres.


Mi mente, naturalmente, se estructura en torno a dos símbolos, las dos mujeres que conviven en mí. Me refiero a cuando existen dos individuos completamente distintos, que no obstante son complementarios. Uno es el héroe. El otro, el cobarde. Uno es en acto; el otro, en potencia. Uno es pleno y el otro desgraciado. Lo más jodido es que, tal vez, ambos, bellos y horribles al unísono, moran antagónicos en nuestra alma, y se van turnando pensamientos.
Existe sobre la faz de la tierra una tipología de seres excesivamente vulnerables, hasta tal punto que el viajero se pregunta en su contemplación desapegada del mundo si la flor delicada del camino, si la crepitante mariposa nocturna, si la señorita K, no deberían extinguirse en la siguiente generación, para no estallar en mil pedazos cada vez que un avión turístico surca ruidosamente los cielos. ¿De dónde surgen estas criaturas? ¿Han sido acaso producto de una hipérbole divina, provocada por la conjunción magnética de dos astros inverosímiles? Jamás he conocido a nadie más triste.
Aman demasiado la tierra que les hinca sus zarpas y les rasga la vida. Por eso no han sabido romper. Jamás han sido como los rebeldes o los espléndidos fugitivos, que en un impulso de valentía o de inconciencia -no sabría decir bien qué es- inician una rápida carrera hacia otros parajes, creando un pasaporte falso y olvidando a pasos vertiginosos cualquier resquicio de añoranza pasada. Los fugitivos han podido matar a la madre e incendiar su lugar de nacimiento para consagrar otro mundo en su país de llegada. La señorita K, en cambio, jamás abandonó, siquiera, el mantel azul sobre el que comía cuando era niña.

Estos olvidados despiertan sin el tacto de un abrazo o un beso. Nadie los toca ni acaricia. Notan esa carencia y les manan lágrimas. Necesitan el sexo para sentirse reales. No tenerlo les mata. La señorita K es una bella durmiente que duerme intacta en un palacio suntuoso cubierto de telarañas. Espera una señal supersticiosa, un beso simbólico del príncipe, para despertar del ensueño de su vida. (Es, en verdad, complicado: ¿cómo ignorar que la nacieron, la vivieron y la mataron los otros, siempre los otros?) Entonces, la brusquedad inclemente de los vehículos, el amoniaco letal de los cigarrillos prefabricados, el borde cortante de las puertas oxidadas o el desdén estrepitoso de los jefes de empresa, pueden sumir a la señorita K en un llanto imperceptible y continuado. Porque son motivos que quebrantan la música de su cabeza, la armoniosa secuencialidad de lo perfecto.
Pero, amigo Humphrey, existe sobre la faz de la tierra otra tipología de seres excesivamente vulnerables, a pesar de que el viajero desapegado podría juzgarlos como fuertes y resistentes, porque la naturaleza dispersó su frágil encanto con una coraza protectora. Las espinas del cactus, la quitina del grillo, el sombrero de Madame H, nos hacen pensar que estos seres son afortunados, porque disponen de un arma de defensa cada vez que estalla una guerra. Igualmente les duele ver la mediocridad del mundo, pero tienen unas alas sutiles en la mente, un sónar que les permite contactar con las utopías.


Madame H come los embutidos que penden de los árboles de Jauja, vive como princesa de la Tierra Media, es una vikinga de Walhala, teje luz con Beatrice en los Campos Elíseos. Madame H. lució el oro de El Dorado, conoció a los últimos pitagóricos en la Atlántida, levitó con Peter Pan sobre Nunca Jamás. Ha pisado Castalia, Tecnópolis, Bavia, el Parnaso, la Ciudad del Sol, el Bagdad de las Mil y una noches, el Más Allá mesopotámico, egipcio y tibetano. Ella dispone de una torre de marfil a su antojo, por ello es para mí tan fascinante.
Pero por encima de Madame H y la señorita K, está la Hembra sin Atributos. No hay dos sin tres, dicen. Uno más uno, tres, dicen. Soy esencialmente atea, pero entiendo la mecánica de la Trinidad. La Hembra sin Atributos tenía una Clark Nova de color amarillo: un escarabajo mecánico lleno de tachuelas. Quería exprimir el zumo de su espíritu hasta que su cuerpo se convirtiera en la piel macilenta de la serpiente. Se le ocurrió escribir después de ver a esos ancianos esperando a Dios bajo la luz del sol en las plazas públicas. El día del vigésimo cumpleaños de nuestra Hembra sin Atributos, Charles Aznavour había cantado desde las nubes escocesas de ese mundo platónico paralelo de la conciencia:
La bohème, la bohème,
ça voulait dire on a vingt ans.
La bohème, la bohème,
et nous vivions de l’air du temps.
Formalizaremos el saludo, a lo latino pedantesco. ¿Qué le parece, Humprey? Ave avete. Deseo llenarle de huellas dactilares. El saludo debe ser cariñoso, pero con un ramalazo agrio final para no caer en lo pasteloso. La palabra es cómplice. Es la mejor que he encontrado desde que me enamoré de un yonqui con la mirada de un Concorde. El hombre del mañana.
Es cierto: vivimos en el olvido de nuestras metamorfosis. Hace apenas un par de días, era un renacuajo que quería suicidarse porque veía despuntar dos patas traseras en su fiera aleta. Hoy, en cambio, me sé rana. He descubierto el placer de la tierra y el agua y me columpio en los verdes nenúfares de la transición. Ya no deseo morir, porque he nacido de nuevo. Algo murió en mí, y ahora estoy croando en la charca.
Cuánto duelen las palabras. Ellas siempre resucitan a Lázaro. Pero no oso destruirlas. No éstas, que le pertenecen. Sé que esta acción puede molestarle. Mis disculpas. Pero ese continuado silencio me hace suponer que le interesa mi historia. Libéreme de este amor literario, de este amor maldito, de este amor estoico, tan cansado ya, ¡tan roto, y maltratado, y sublimado! Dígame, Humphrey, que el mundo es grande y que no tiene sentido sentir nostalgia del sueño de Ícaro. Dígame silencio. Dígame lápida. Dígame que sea fuerte, que siga adelante, que madure y persevere. No sé por donde empezar. Voy a pedir un Martini. El alcohol me convierte en una niña enferma de melancolía.