viernes, 23 de abril de 2010

Energeia


Es un secreto-acertijo fácil de resolver y con la respuesta incluida. (La mejor manera de esconder una carta es dejarla encima de la mesa.)

¿Cuál es la actividad más llena de muchedad ?

Inspirar

jueves, 22 de abril de 2010

Expurgar

[Apoptosis]

Hay un momento en la vida de todo ser humano en el que es preciso hacer una contabilización de los bienes materiales e inmateriales que se poseen y ponerlos en tela de juicio. Esta operación sería innecesaria si viviéramos como pájaros o trogloditas, pero debemos comprender que, por muy desprendidos y desapegados que nos consideremos, la propiedad privada existe y ocupa parcelas de nuestra mente. Eso, traducido al lenguaje de la jarana de bar, significa, entre otras cosas, que:

1. La vieja tele se irá a tomar vientos. Está a punto de ser llevada al rastro.
2. Parte de la biblioteca será regalada.
3. Mucha ropa - incluida la bebil- emigrará a casas okupadas barcelonesas.
4. Ídem con otros objetos, relaciones y sentimientos inclasificables.

Mi hedonismo me impide ser anacoreta, aunque quizá algún día logre convertirme en una hedonista de la carencia y entonces pondré el mismo ahínco en perder que antaño puse en ganar.

Eso tiene relación con mi sueño de programar mi suicidio cuando sienta que todos mis objetivos vitales se han cumplido. Sé que, de entrada, esta idea asusta, porque durante siglos el suicidio se ha perseguido como "pecado" y trastorno mental. Pero os puedo decir que cuando uno ya no tiene motivos para vivir, no tiene por qué arrastrar dolor y miseria.

Imagino los preámbulos de mi suicidio como un hermoso ritual con banquete, reunión de amigos, música y baile; una fiesta de la lucidez, seguida de una copita indolora de "eso", abrazos y cartas para todos mis allegados y un epitafio feliz que diga:

"Apoptosis. Bailad sobre mi tumba."

No encuentro mejor manera de poner punto y final a la obra más grande de una vida, la vida misma. Pero, hasta entonces, hay que podar las ramas para que broten las hojas verdes de la primavera.

domingo, 18 de abril de 2010

Compre usted el microondas de Orfeo




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Calienta pensa(senti)mientos precocinados.
El microondas de Orfeo le hará entender el lenguaje de los pájaros, las metáforas fosilizadas y los ruidismos de las entrañas.
Porque usted necesita palabros boomerang, jerigonza de yonki versolibrista, expansión de horizontes cavernícolas y, por supuesto, calor, mucho calor para fundir frivolidades, orfebrizar la vista y hacerse un ovillo dentro de uno mismo,
adquiera al módico precio de UNA HOJA EN BLANCO y un boli prestado,
el microondas de Orfeo.

Y, después, gastronomice a la civilización con un caleidoscópico poema:



sábado, 17 de abril de 2010

Paupérrima


Sí, este mes ya se me acaba el paro. Soy
paupérrima.

Pero a veces pienso -he aquí la única esperanza- que la imaginación puede sobornar a la pobreza y convertirla en el filón de oro.

No me siento culpable de ser pobre. Las rúbricas del estigma son claras: escriben literatura urgente y salvavidas.

Compré todas mis acciones y no voy a subastarlas.

He salido en la tele aunque no la miro mucho

http://www.rtve.es/mediateca/videos/20100416/filologa-catalana-descubre-poemas-ineditos-quevedo/746972.shtml


No soy profesora, soy una buscona.

lunes, 12 de abril de 2010

El evangelio según un niño de dos años

El sábado estuve con Sàgar en una exposición. Entre Picassos, Gargallos, Fortunys, etc., había un Cristo románico parecido a éste:



La visión del Cristo románico le mereció tres comentarios:

- Mira mama, este señor hace el avión...
- Mira, es un rey que se ha caído y se ha hecho pupa...
- ¡Está dormido en dos palos!

Intenté explicarle que ese rey era muy importante para mucha gente. Le expliqué el cuento de ese rey.

Sàgar escuchó con atención, sin añadir nada. Luego, me dijo que prefería que le explicara otro cuento que hablara de la luna y el sol, las estrellas, los árboles, la primavera, el viento y los parques.

domingo, 11 de abril de 2010

Nosequé(s)


[Imagen del cómic mudo de Shaun Tan, Emigrantes]

Pero no me sale. Decirlo sería como copular con un unicornio plurilingüe, sería como escuchar al Golem recitando el apocalipsis en medio de un polideportivo, sería como convertir el mar en un inmenso pentagrama y transformar la trayectoria de los peces en una partitura. Y, aunque ese puñado de cosas fuera posible, lo inefable me arquearía una ceja en medio del burdel de la literatura y pediría otro whisky a un dios chapero. Sería un auténtico desastre.

- Al menos, déjame invitarte a la ebriedad de ti mismo- le diría a lo inefable.

Y, entonces, sólo me quedaría destrozarme el hígado, desarrollar miopía, beberme todas las palabras del diccionario tras un brindis por Eros y Tánatos, clavarme las comas en las muñecas, dibujar un inmenso punto y aparte en las pupilas, peinarme el cabello por párrafos y travestirme, al fin, en el poema de las cosas que quise contar y que nunca dije.