sábado, 24 de noviembre de 2007

El quid






No soy de aquí. La realidad pesa demasiado ahora mismo. Me he hecho mayor. Otros no tienen este problema. Han impregnado su vida de experiencias tal cual son, sin estar preconcebidas en ilusorias películas nutridas de deseos literarios o de delirios de grandeza. Han seguido ese camino pautado, sin hacer preguntas, y les ha ido bien. Yo me he pasado la vida enviando mensajes en botellas con interrogantes dorados. Interrogantes con sed propia, cada vez más espinosos.



Y he aquí que, en medio del desierto o el mar, me veo sin más herramientas que mis sueños. No tengo caminos por los que galopar. No soy de aquí.


Al principio pensaba que era la ciudad. Que sus callejones y su fauna nocturna ya no me deparaban sorpresas. Primero, en verdad, creía que bastaba con viajar a otros lugares. Que sobre el lomo de un coche destartalado podían las imágenes de ahora quedarse atrás y disolverse en la distancia. La adrenalina a tope y el instinto del miedo y la supervivencia son, en verdad, la falacia del asunto. Agotados, entonces, los estímulos del exterior, empecé a creer que la culpa –si existe en estas cosas, ¿de qué?- era mía. Que había renunciado a mi propia coherencia. Pensé si era acertado matar mis vínculos con el pasado, cambiar de residencia y empezar otra vez, como una tabula rasa, a equivocarme. Construir una nueva historia, un nuevo pretexto de mi vida. Inventar otra profesión y otras aficiones, cortarme el pelo, cambiar los horarios del dormir y del comer. Explorar nuevos vicios y ataduras. Pasear por nuevos lugares para, una vez desgastados (como esta ciudad), volver a encontrarme en el mismo punto del laberinto. Y de nuevo partir.


Pero destruir el pasado no es suficiente. Sólo posterga este silencio. ¿Cuál es el rumbo a seguir? Soy incapaz de darme la orden de disciplina para tejer otra vez, con parsimonia y constancia, una idea nacida de un chispazo o de un destello.


No sé qué digo. Escribo completamente drogada de melancolía, a oscuras en un cuarto, con miedo a no haber escogido las palabras adecuadas, perdida también en esto. Expresar tal vez sea dudar con intensidad.

2 comentarios:

innes dijo...

Nunca como ahora escogiste las palabras adecuadas. Siempre lo haces. Te echo de menos. Os echo de menos a todos.

Maga Despistada dijo...

Sólo tenemos aquello que nos falta. Yo también te echo de menos. Brindo por un hermoso reencuentro, alguna vez, en alguna ciudad a la que sí pertenezcamos. Nos vemos una noche en el Forgotten Pub.