martes, 20 de noviembre de 2007

Galvanoplastia



Esa vieja película fotográfica.
Esos recuerdos llenos de humo aguado.
Quiero extraer la plata
de aquella sonrisa a media noche.
La plata de tus ojos encendidos.
La plata de los escotes joviales
que abrían paraguas en las mandíbulas.
La plata del amor eufónico
que necesito en mi ávido bolsillo
para comprarme otro cuerpo y otra vida.

2 comentarios:

Maga Despistada dijo...

Esto no durará para siempre. Un día me sangrarán los sueños. Y me saldrán las bombas por los ojos. Los cuerpos huirán hacia nuevos horizontes. El carácter blanco y jubiloso irá ennegreciendo. "¿Quién es la joven?"- dirá el gilipollas nocturno. Me habré ceñido el vestido rojo, y en la comisura de mis labios podrá leer mi complacencia. Soy malvada, y triste, y de cuero: mi vida morirá mil veces antes de vivir muerta.

No confíes en mí, estoy tarada. Los sueños eran tan enormes que, cada vez que un día se fotocopiaba, estornudaba en medio del volcán y echaba cubitos en la sopa.

Asesino, eres cobarde. No supiste dar la cara. Prefiero perder el tiempo amando, viendo crecer a Sàgar. Nadie que tire la piedra y esconda la mano merece nada mejor. Para ti soy jamás.

tientaparedes dijo...

Me gustas así: malvada, y triste, y de cuero, y muriendo esas mil veces. Así, alzar los párpados cada amanecer es un suicidio, un arrojarse al todo de la posibilidad.
Cógeme la mano. Seguiremos juntos si confías en mí: soy más literal de lo que crees. Pero cógeme la mano. No es que tema perderte, es a mi a quien no quiero extraviar mientras cruzamos el Océano desde la orilla del nacimiento hasta la de mayoría de edad.
Volemos, entonces, como albatros. Dejemos a las gallinas cloquear.