martes, 22 de enero de 2008

El hombro del mendigo



Los incas, tras la muerte de sus reyes, lloraban durante un año. Yo sólo lo hice unos minutos.(Aunque jamás diluvié tanto. ) ¿Dónde? ¿Por dónde? ¿Por qué? Tenía dieciocho años, y los ojos preñados de dudas. Sentía un dolor esférico, que había destruido el palacio de cristal de la inocencia. La mayoría de edad me había dado una bofetada. Había dejado de amar a quien amaba. Sufría por la belleza en extinción.
Una noche me dirigí a la calle más peligrosa de la ciudad con una navaja en el bolsillo. Quise rebajarme hasta el infinito y me arrodillé y lamí el suelo lleno de orines. Luego mordí el bordillo de la acera. Pasó un tipo para preguntarme ¿qué te pasa? Y yo le puse la navaja en la mano y le grité: "¡Mátame! Él, naturalmente, huyó de mí asustado. Entonces empezó aquel llanto que todo lo inundaba y lo hacía borroso. Las calles empezaron a desdibujarse. Volví a caminar, desconsolada, gritando y llorando de desesperación, hasta que llegué a una ancha avenida llena de turistas. De la acera de la izquierda, surgió un hombre que jamás olvidaré. Iba apenas vestido con una sábana cubriendo sus genitales. Tenía el torso desnudo y los pies descalzos. Su pelo era largo y blanco y sus ojos marítimos reflejaban todas las edades. Se me acercó hablando una lengua extranjera y me abrazó y yo lloré en su hombro, me vacié en su hombro. Y entonces supe que ya estaba al otro lado de la línea, y que sólo podía consolarme... ese hombro de mendigo.

3 comentarios:

Xisti dijo...

preciosos y durisimos tus escritos,
estoy enganchada a tu blog, aunque ni se como llegue aqui.

besos desde girona
tina

Sigfrido dijo...

buen blog, el mío está en franco retroceso pero aún sigue vivo (http://www.fotolog.com/sigfri_j).

si te interesa algún tipo de intercambio epistolar, deja algún mensaje en el fotolog.

saludos cordiales

Maga Despistada dijo...

Xisti, Sigfrido, bienvenidos. Es todo un placer. He paseado por vuestros dominios,con mucha alegría.