lunes, 15 de diciembre de 2008

Escribir de fábula (micrometanarración)


Antes de escribir un poema, la cigarra quería inventar una receta, tomar un alucinógeno, proyectarse astralmente, viajar a otros países, aprender a bailar, disfrazarse, memorizar una canción, vivir amor y desamor, hacer fotos de edificios en ruinas, tener tres pseudónimos, ir a la ópera sin ropa interior, participar en una orgía, organizar un banquete para todos los mendigos de la ciudad, dirigir un proyecto artístico, redactar una tesis doctoral sobre literatura del Siglo de Oro, seducir a un famoso, tener un hijo, destruir a alguien malvado. Antes de escribir, la cigarra quería que la vida le escribiera encima. Murió antes, sin embargo. Y pasó hambre en invierno. Su única obra literaria fue un graffiti escrito en una piedra.
La hormiga, en cambio, cada día acumulaba una palabra. La guardaba en el granero. La glosaba pacientemente durante ocho horas de jornada laboral. Luego, la entrelazaba con otras que conocía, la hilvanaba en sólidas estructuras sintácticas. Con los años, publicó varios libros aceptables: novelas que ganaban premios, porque estaban bien trabadas y escritas. La hormiga tenía una columna semanal en el periódico, y los críticos literarios le hacían entrevistas y le invitaban a aperitivos. No pasó hambre en invierno. Pero la vida no le escribió encima. Y no dijo nada importante. Alguien, sin embargo, había garabateado un vandálico epitafio sobre su lápida:

- Paren el mundo, que me bajo.

4 comentarios:

LILITH dijo...

muy bueno Maga, me encantó!

(casualidades que ando por casa con la peluca rosa de comaruru puesta y leyendo a grito pelado!

Therfer dijo...

...y acabado el mundo, millones de años después, una civilización extraña llegó a nuestro planeta y encontró los únicos restos escritos de la civilización que había hollado este Punto Azul Pálido: un graffiti en una piedra.

:-)

Mónica González Caldeiro dijo...

Benditos graffitis, Maga, si éstos nos van a hacer libres.

gabriel moreno dijo...

great magda, to write is not to play with the worms of words, but to make silk dresses with them