viernes, 23 de enero de 2009

La madre felina (A las madres artistas que tienen miedo de perder su arte)


[Alejandro Mos Riera: mujer+gato]
Escribo este post a esas mujeres listas y guapas y creativas que creen que ser madre es convertirse en una maruja alienada, fofa, sin vida propia; perder el atractivo, el vientre liso, la independencia intelectual, las noches ebrias, los viajes inconscientes, la seducción, la magia y la poesía de la vida; Sylvia Plath metiendo la cabeza en el horno; las poetisas decimonónicas que dejaban de escribir en cuanto se casaban; una Venus gorda descabezada.

Flaubert decía que ser madre y artista era irreconciliable. O creación de libro o de carne. Y que todas las poetisas eran putas. Luego, curiosamente, se identificaba con Madame Bovary. Ummm.
Pero Flaubert, aunque buen escritor, era del siglo XIX. Y las cosas han cambiado mucho. Sus ideas quedan anticuadas. Porque las mujeres nos estamos liberando de muchos lastres del pasado. Queremos bailar libres la canción del mundo. Liberar las fuerzas telúricas de la sexualidad plena. Difundir nuestra visión interdisciplinaria del conocimiento: la necesidad de fusionar arte y vida, calma y tempestad, amor y soledad.


Mujeres guapas y listas y creativas, que habéis creado vuestras obras de arte, leído muchos libros, encandilado a muchas personas y realizado muchos viajes:
No tengáis miedo si estáis embarazadas o tenéis un bebé. La sociedad a veces puede ser un poco cruda, y arrinconaros a un lado y llamaros "la madre de X". Podéis sentiros abrumadas, eclipsadas y estresadas por la responsabilidad y organización que implica manejar una vida más que está a vuestro cargo. Pero si sois guerreras no os destrozará. Si sois madres felinas, alcanzaréis poderes que no imaginábais que estaban. Y, sobre todo, si sois creadoras y humanistas, encontraréis condimentos insospechados para vuestras pinturas y escritos, porque la maternidad es amor y vínculo y supervivencia. Ser madre es una aventura más de la mujer aventurera.


Criar no significa fracasar como individuo y renunciar a una carrera. Criar se parece a crear. Es un aprendizaje más del libro de la vida, un manuscrito que se escribe en las células de un niño. Ser madre es el enigma del lenguaje no verbal, el descubrimiento de la telepatía, la lógica aplastante de la intuición. Criar, además, se puede compaginar con crear la vida propia. La alquimia es chispa combinatoria a fuego lento.


Maternidad no es castración. La inteligencia nos pone a prueba y entonces podemos aprender fotografía mientras enfocamos un bebé desdentado con un objetivo de cámara reflex. Jugando con un niño por el suelo tenemos todo el tiempo del mundo para meditar dónde ponemos el adjetivo o una coma en un poema. E, incluso, podemos poner música y entender los Nocturnos de Chopin como nunca para estimular a nuestro bebo, o bailar con el niño en brazos que ríe a carcajada limpia mientras mantenemos nuestra figura joven y atractiva y nos ahorramos lo que vale ir a un gimnasio. Cuando cantamos nanas para que duerman, estamos haciendo clases de canto. Mejora la condición de nuestras cuerdas vocales. Y mientras paseamos con ellos por los parques, podemos aprender que, como en el poema de Blake, el universo está concentrado en la piedra que un niño con churretes sostiene en la palma de la mano.

No hay nada más bonito que ser una mujer fuerte, joven, creadora y madre. Quitémonos los complejos de encima. Existen las madres felinas.

3 comentarios:

Lluís Alabern dijo...

Muy bien M

LILITH dijo...

Hermoso texto Maga, yo tengo la suerte de estar rodeada de muchas madres así, y de vivir vuestra creatividad a la vez mágica y cotidiana... l
Lo mejor el universo tan amplio en el que crecen vuestros bebos/as... ¡Qué maravilla!

pd. ¿qué tipo de madre tendría Flaubert?

Mónica González Caldeiro dijo...

Sería una madre decimonónica, Lilith jejeje.

Tu texto me ha emocionado muchísimo, querida amiga-mamá. Nos queda mucho trabajo por hacer a las madres aventureras, no sólo el de toda una vida (que son nuestros hijos) sino también el de estar constantemente rebatiendo la concepción social de la maternidad.
Indudablemente, la mujer-madre-joven dispone de una serie de herramientas que la mujer-niña no posee y eso es una gran ventaja en cuanto a las relaciones humanas: una aprende cada día a amar profundamente y sin prejuicios, a saber cuidar a quienes ama y también a una misma (nunca olvidarse) y lo mejor... a estallar de felicidad a cada momento, a ser consciente de que tu corazón se convierte en una bomba de relojería automática.
La próxima vez que nos pregunten por qué tuvimos nuestros hijos tan jóvenes la respuesta será bien simple: señores, todavía hay personas que aceptan la VIDA tal y como viene en lugar de esquivarla...