sábado, 19 de mayo de 2007

Micromagia





La magia es sutil. Se esconde como una carta encima de la mesa. A pesar de las miles de muertes de dios - ¡y pobre Nietzsche, dejadlo descansar en paz, falsos lectores! - y de los centenares de móviles con mensajes comerciales o de película yanqui; a pesar de las lanchas, los yates, los escotes o las – (1) hagamos una caótica asociación de ideas, ya que este país, Papel, me permite libertad de expresión; (2) apliquemos la teoría psicoanalítica de Freud (sobre todo al súbito “escotes” – aclaración egocéntrica y occidental: no soy lesbiana como Safo- ); (3) leamos a Juan Benet y entenderemos el tamaño de la complejidad real de la sintaxis – horrendas y embaucadoras y cursimente fuxias tiendas de Mango– el superyo interviene (¡esquizofrenia!) “dejadla, no sabe lo que hace” - como un vano apéndice del brazo y etcéteras; a pesar de un cúmulo de naderías que abarca al conjunto de los alfileres, las fotocopias, el papel adhesivo, el rimel, los euros, las compresas, las maquinillas de afeitar y cualquier enumeración cotidiana elevada a la enésima potencia como los typex (falo redentor de errores femeninos); a pesar de un conjunto de menudeces que pasa por encima del reloj, la tiza, el boli o las patatas fritas; a pesar de todos los fetiches del universo y de todas las representaciones de Macbech; a pesar de los infillones de tareas, de exposiciones, de esparadrapos, de telebasuras, de cobertores, de talleres de poesía, de parques zoológicos y todo ese ejército de formas que puebla aquello que llaman Realidad; a pesar de los “a pesares", la magia continúa con su rostro de prima ingenua y pocas veces lo permuta por una sonrisa de mafioso. Guiña un ojo que pocos ven. Tal vez es bizca. Tal vez se ha puesto un parche. Hoy escuché por casualidad (¿acaso hay algo que no suceda por casualidad? ¿El sol no sale por casualidad?) el comentario de Alguien. Ese Don Alguien decía que, actualmente, el Ser Humano – expresión que deberíamos lavar con estropajo – como en la Antigüedad, se sigue inquietando por su futuro. Sin embargo, ese Homo Resapiens - como diría hace lustros Pietro Lumbarda- , en vez de consultar oráculos, se contenta con escuchar las predicciones meteorológicas y actualizar la cuenta en el cajero automático. Conclusión: No sabemos si la magia existe, pero en todo caso, algo que se le parece deambula por nuestros alrededores en zapatillas de estar por casa.

La realidad supera a la ficción


Son las cinco de la tarde.

Zaza y yo vivimos un episodio absolutamente cinematográfico. Cruzamos la Meridiana a la altura de Fabra i Puig, cuando vemos a un chico escuálido con el brazo escayolado que se desmaya en pleno paso de cebra. Le cogemos entre ambas y lo llevamos a la acera (no nos atropella un coche de milagro), y entonces vemos esa mirada opaca e intacta en sus ojos, apenas respira y le tomamos el pulso y le ponemos un fardo de ropa bajo la nuca. En momentos así uno teme lo peor. Las dos nos miramos diciendo, "éste chaval se ha metido jaco" y la gente de por allí llama al 061, aunque desgraciadamente viene la Urbana, más pendiente de si el chico lleva droga encima que de ayudarle a reponerse. La Zaza y yo ya estamos desesperadas cuando le apretamos las manos muy fuerte, el chico abre los ojos y, viendo a la Zaza, dice:


- Qué guapa.


Y luego mira hacia mí y dice:


- Tú también.


El subidón de la libido le pone las pilas, por lo visto. Zaza y yo bromeamos y le decimos que yo estoy preñá y que las dos tenemos novio, y luego, medio asfixiado, le dice algo muy bajito a mi hermana:

- ¿Quieres un novio feo pa que no te lo quiten?


Todo el mundo se queda flipando, y la Zaza y yo nos partimos la caja. Le ayudamos a levantarse y se lo lleva la Urbana mientras llega la ambulancia. En realidad nos preocupa que ahora le pillen el DNI y lo fichen, pero lo más importante es que está a salvo (de momento). O al menos eso queremos pensar para no cabrearnos demasiado.


Lo increíble es que no pasan ni cinco minutos cuando nos encontramos a otro hombre en el suelo. Le sangra la nariz, está llorando y medio out. Zaza y yo alucinamos con la repetición de la jugada. Volvemos a ponerle el fardo de ropa bajo la nuca y le ofrecemos unos pañuelos para limpiarse la sangre. El camarero de un bar de al lado dice que el tipo se ha dado una hostia contra la barra (va mamado hasta las cejas y ha esnifado coca) y de nuevo viene la Urbana y esta vez nos manda que nos vayamos de ahi. Nos metemos en el bar y nos cabrea ver la frialdad de los polis. Qué poca humanidad, esperad a que se incorpore para preguntarle toda esa mierda, gritamos. Los parroquianos del bar nos dan la razón, se encaran a los polis y nos invitan a una cerveza, que yo tengo que pedir sin alcohol. El bebo siempre es el cómplice invisible de estas escenas memorables en las que el pueblo reclama que se le trate con dignidad.

La calle es una escuela enorme. Buscamos el calor de sus gentes y vemos lo solos que estamos en los momentos críticos. Por suerte, siempre hay más humanidad en los jóvenes rebeldes y en los parroquianos de los bares que en las prepotentes insignias de la autoridad. La Zaza me explica esa vieja historia de que la droga es un arma del sistema para cargarse a las personas demasiado lúcidas. Los que sienten distinto o buscan algo diferente acaban volviéndose locos e intoxicándose el cuerpo y así no parece asesinato. Una visión radical, desde luego, pero cuántas mentes privilegiadas se han ido al garete por el puto jaco. Aquel Aullido de Gingsberg. Nosotras decidimos vivir sin olvidar. Aprender de la calle y de los libros. Nunca dejar de escuchar la vocecilla de nuestra propia ética.


Cuando nos despedimos, ella me dice: escribe lo que nos ha pasado esta tarde.
La realidad supera a la ficción, y a las palabras. Cómo puedo describir ese metálico escalofrío recorriendo la columna vertebral al ver el rostro de la muerte asomándose a un iris azulado. Y el alivio de ver resucitar el brillo de unos ojos que parecían muy lejos de este mundo. Y la rabia y la impotencia hacia algunas arbitrariedades injustas. Y el amor desbordante hacia los parias de esta sociedad, hijos que la necesidad y el recurso, que necesitan, ahora mismo, el calor de una mirada cómplice y unas manos que cojan las suyas y que digan: "no estás solo."

jueves, 17 de mayo de 2007

Vida en hiato


Estar en hiato, en hiato con las mañanas y los desayunos, en hiato con la ducha y la ropa, en hiato con el sol y la luna. Vivir en arritmia, en un curioso descompás, como si no nada, como si no existiera música. ¿Cansada? ¡Cana asada! Vejez quemada sobre un blanco impuro, creado no por la inocencia, sino por el desgaste. El roce. El roce. Demasiados besos en los. Demasiado tocado su cuerpo. Se desdibuja la línea de sus.¿Por qué se destiñen los cabellos? Quizá la pintura se desconcha con el cepillo. O quizá...no sé. Las ideas liban el zumo, el color. Se alimentan del pelo. Tal vez los calvos son felices porque no piensan porque no tienen pelo. O tal vez los budistas o los rapados, pues eso.

- ¿Bla?

Pero hoy algo, un súbito meneo en el vientre. Felicidad epicúrea de la “carne”. Sin frío, sin hambre, sin sed. En el paraíso del dormir sin límites. Ha visualiado todos los chakras como rosquillas laberínticas aquí, allá, en el pecho, el cogote, el. El cordón de plata tras la nuca, como la cola de los cometas, esto, luz de los. La ligera vibración. En el zumbido de las abejas, o en el enjambre de, se encuentra alfa, ese estado de inconsciencia pero con el hilo de ahora me entero un poco de que estoy ida, casi cerca de los. Cuando se puede viajar por el espacio en el fuego de. O esa odisea eléctrica. Casi ángeles alrededor, ¿no?

- Ahá. ¡Menudo!

- Bla, blaaaa....

Pero había un yunque blanco bajo la lámpara, mecanismo creado por extraterrestres que lograron conquistar nuevas dimensiones y ablandar los hierros de las horas y de las millas; aquellos extraterrestres pertenecían a un grupo de difuntos románticos reencarnados, que adolidos por la Distancia y la Lejanía, se habían revelado contra el caparazón de las formas . Lograron crear un portal (ese yunque blanco, que tal vez funciona como una suerte de agujero negro pero invertido) a través del cual el sujeto viaja hacia donde desea. Atajo del trecho entre los deseos y su realización. Era como un filtro cumpledeseos, una sofisticada lámpara de Aladino.

Y entonces lo pensó. Existe un lugar donde ser feliz consiste simplemente en ser feliz. Cada uno es tan feliz como sea capaz de imaginar. De este modo, visualizó su modesta felicidad (porque cualquier gozo unido a imágenes es todavía demasiado humano). Pensó en Su habitación. En la madera omnipresente y ese ventanal abierto en el techo, una hendidura de cielo. Lo vio en su escritorio, estudiando, con la cabeza gacha. Ella cayó de arriba, y rebotó en el colchón de la litera. Él primero no lo creyó, pero ella insistía. ¿Lo ves? ¡La magia existe! Ella había aparecido de repente, surgido de la nada. Paseaba por la ciudad del mal (Bad) con el recuerdo sangrando. Llevaba una corona de espinas, y clavos en las muñecas. Pero sangraba azul.

- Oye, ¿me escuchas?
- ¿Qué dices? Bla...
- Sí, bla.
- Claro.
- Pero, ¡bla!

Entonces sucedía algo extraño. Me bañé en la copa de un árbol. Lo hice posible. Había clorofila fresca, que parecía deshacerse de vez en cuando y convertirse en un líquido que no caía, ni hacía perder la forma al árbol. Y yo era feliz así, bañada en hojas, volaba entre ellas, me lavaba en verde, mientras me contemplaba sentada junto a él, allá en frente, desdoblada. Ellos parecían felices como niños hambrientos y serenos.

- Bla bla bla bla...¿Has visto los zapatos horrendos que lleva esa?
- A ver si caerá como el Imperio romano.

Trilce erótica







Se cierra la mirada y nace el cero.
El viento se puebla de alas de mosquitos.
Un beso de miel inunda cruel
la galaxia de un cuerpo.

Zumba, en algún lugar,
el vapor de un saxo tenor y trilce.


I

Quién teme tanta punta, y ni deja
bostezar a las líneas que van llorando.

Nada más. Menos amor.
Será temprano, la tarde aquilatada,
y cuanto mejor: habrá llanto.
El gusano, la simple cabina telefónica
que rima, sin querer,
con el insultar silencio,
azuloide universar, a cada rehilada
esperanza.

Nada más. Menos amor.
Será la manivela líquida, la tarde,
del más humilde fa sostenido.

Y la película masturbatoria
por la grieta, arboleada, eterna
en el vientre mortal del delirio.



II

Viento. Viento.

Melodía estancada en Marte.

Boca embestida de llanto zumba
viento viento viento viento.

Será. Será.

Canto blasona hirviendo mares.
Bomba del hado día que conjura
será será será será.

Aún. Aún.

Jeroglífico ardiente aún de ver.
Siente al amante, rózame para
aún aún aún aún.

Orbe. Orbe.

¿Qué se clava cuando nos hechiza el mago?
Se clava Lo fijo que parece
orbe orbe orbe orbE.
III

Las áncoras de anoche
¿a qué hora incrustarán?
Da las doce el cielo oceánico
y ya va el mar nublando olas.

Ayer amor dijo que pronto.

Caín, Mercurio, Vulcano,
sin temor vagad por ahí, por donde
el dolor triplica sus costillas
doblegando alambres
hacia el ruidoso lecho, y por donde
las almohadas que se están acostando aún,
se han empapado tanto.
Mejor durmamos aquí no más.
Ayer amor dijo que pronto.

Ya no temamos a los estambres. Vamos riendo
labios ¡el mío es el más gracioso de todos!
con los cuales besamos todo el santo día,
sin mordernos, como debe de ser:
han quedado en el trozo de áncora, lisos,
inundados de lava profética.

Corramos allí, rebeldes y sin más
tedio, la flecha, el pájaro
de las noches siempre postreras,
dejándonos en la calle los abortos
como si también nosotros
no pudiésemos salir.

¿Caín, Mercurio, Vulcano?
Amo, nombro huesos en la claridad.
No me callan. Aves del ozono,
quizá el único intruso sea yo.
IV

Se inclinan dos rodillas contra los martirios
hasta los vaginales bufones,
cuando siempre las fingimos nunca.
A aquella potra, no, atascada,
aleluyada sobre hueso carnero
a lo sumo, y sobre blandas guajiras
ruedas corrompidas.


Rendíme al gozo del tercer instante
mas la madre tierra forrada de claveles
se cepilla mi pobreza, nutricionalmente amarga,
por no querer prismatizarse en tarde. Es
el brillo.
Son los brutales tópicos ya cansados.
El acercarse, peor de todas las acciones,
gruñe al vapor.

Este papel no lejiado
por la calma. Clavo a clavo asesino y folla
y folla. Toda la pasión
aguada en tres gemidos.

Amor. Lirio. Casi ancia.
Hase follado todo. Hase enredo helado
en plena sierra.


V

Flujo ipsilidón. Cerraduran
desde él liébreles, obsesiones de virginidad,
inicios que terminan, ayes de ohs,
olvídese miniatura de homogeneidad.
¡Grupo de los mismos ilidones!

No. Ciego sea para ser más.
No. Sí desbórdese hacia dentro,
y sienta en gozo de sí ser lavado,
y fame y sí sea omiso.
Y no ville en el pequeño gomado.

La cerrada coz véngase y no huele
ser alma, ni flor.
Microbios sean microbios en soledad.
Patada al ocho, tumba y nace el infinito,
patada al cero, que asombrado,
despertará y llamará ser penetrado por el 1.

Oh grupo bicansado.

lunes, 14 de mayo de 2007

Gigantes y Molinos

No hay mayor causa de la Melancolía que la ociosidad, y "no hay mayor cura que la actividad", como sostiene Al Razí; y no obstante, "estar ocupado con tonterías no tiene ningún sentido". Pero oye, sin embargo, a Séneca: "es mejor hacer cualquier cosa que no hacer nada". Por tanto, escribo y estoy ocupado en esa labor entretenida, "para evitar la pereza de la ociosidad con una especie de empeño agradable".

Robert Burton, Anatomía de la melancolía

Zeppelín/ Efluvio: No crees en el amor. A estas alturas te es imposible diferenciar entre los sueños volátiles de la adolescencia y la carencia de sustancias químicas que entraña el desgaste energético diario. Esta deficiencia vitamínica, incrementada por los vicios y su extirpe de toxinas, acaba degenerando los tejidos, ajando los órganos y ensuciando la sangre hasta la muerte.

Ahora, que llega el viernes por la noche y tu marido - ése que años atrás te había inspirado los más voluptuosos poemas- se acuesta cansado con un silencio cargado de derrota, te quedas a solas con la lámpara encendida. Es fácil disfrazarte de Princesa. Basta encajar aquellos guantes negros hasta el codo y enfundar los cabellos en una peluca azul. Maquillar tus ojos con espirales negras y abnegar la propia identidad hasta disolverla en un vaso de ginebra.

Buenas noches. Soy Madame H y te espero sentada en un taburete de mi Forgotten Pub. Mi negocio está lleno de objetos perdidos. Allí también van seres perdidos. Y sentimientos perdidos. Conozco tus pensamientos, por ello no hace falta que hables.

Miras tu propio reflejo en la ventana y tarareas nanas inconexas. Pero, ¿Y si tu marido no fuera tu marido, sino simplemente otro amante? ¿Y si estuviera de verdad cansado? ¡Ja! Entonces todo querría decir que eres una realicida. Que ves gigantes donde hay molinos.

Cada cierto tiempo, sientes que tu vida es perfecta dentro de lo humano. Psé. Sí, claro. Cuando te muerdes menos las uñas y te lavas bien la cara, tienes un aspecto saludable. Confundes Fantasía con Imaginación. Este plato es un plato. Un molino es un molino. Nada más. Pero ese sapo... ¿ese sapo no era otro príncipe? ¿no era gigante ese molino? Ajá. ¿No existe una máquina de sueños fabricada con un tocadiscos, una lámpara de 100 vatios y un cartón cilíndrico y opaco con cuadrados recortados? Aquí está.

Haces girar el tocadiscos, y entonces tienes esa sensación de ir en bici por un bosque. La luz entrecortada por los relieves del paisaje te genera un estado alterado de conciencia, y entonces comprendes que deberías haberte tirado a aquel desconocido en una lejana ciudad nocturna, para no recordar en el momento de la muerte, que hubo un momento de contención en tu ajetreado volcán de sentimientos.

No me mires así. Yo sólo imagino quién eres. Madame H adquirió hace tiempo la serenidad salvaje. Es fácil respirar hondo entre sentimientos ajenos. Parece que, Zeppelín/ Autopista, estás orgullosa de tu vida porque tienes dos o tres símbolos místicos a medio desvelar que confortan tu irracionalidad. Aquel viaje en LSD te hizo pensar que eran blandas las paredes. Pensaste que podías convertir un bolígrafo en una varita mágica. Que podías sentir cómo se metaboliza un pedazo de carne al digerirlo durante dos horas. Doloroso parto de materia.

Esa confusa Teoría de la Incertidumbre en Física Cuántica dice que la materia subatómica será onda o partícula en función de la mirada del observador. Si encierras a un gato en una caja con material radiactivo, tu mente decidirá si el pobre animalillo permanecerá vivo o muerto al abrirse su cárcel. Un solo pensamiento, Zeppelín/ Infarto, puede hacer que una flor se abra y que un mosquito te pique.

Quieres creer que la magia existe, que si uno persevera, puede volar sobre las calles como Saint Germain. Has leído que la ayahuasca posibilita la proyección astral y por eso sueñas con ir a una selva amazónica llena de brujos camuflados detrás de lianas taumatúrgicas. Buscas ese grifo energético, esa gasolinera renovable, para no volver a escupir en las caras de los capullos que hablan contigo y no te aman.

Pero, Zeppelín/Intrusa: ¿es cierto que las cosas no pueden trascenderse? ¿Acaso una persona con una vida medianamente feliz y aburrida no puede escribir una sola página? ¿Qué crees que sucedería si cambiaras todo lo que posees por una obra de arte fabulosa? Macabro sacrificio. No para los dioses. Para la Humanidad. ¿Por qué el místico ha de estar en soledad? ¿Por qué no basta el amor? ¿Por qué no existe nadie capaz de enamorarse cada día? Pasas horas pensando y pensando y sólo puedes garabatear una H delante de la palabra Halma.

Te ofrezco esta caja de cerillas a cambio de tu amor destrozado.
¿Y si esa magia que concibes, Zeppelín/Florero, no existe? Lluvia en el rostro. O mejor: HO2 CON UNA PIZCA DE SAL RESBALANDO POR UNAS MEJILLAS VULNERABLES A LA GRAVEDAD.

HALMA CON HACHE.

Palabras, palabras, palabras. El otro día le dijiste que son hermosos los secretos. Que Midas murió por un secreto que su barbero no supo guardarle. Él, EL HOMBRE DE MIRADA LAPISLÁZULI, te confesó que no tenía secretos. Y anduviste preocupada. ¿Por qué? ¡Le dijiste que tú sí tenías varios secretos, que tu vida era un tapiz trenzado con secretos! ¡Estabas sumamente convencida, y ni siquiera los recordabas!
Porque todos tienen secretos, ¿verdad? Pensaste que sería hermoso cazar secretos de los demás para entregárselos. Robarlos cuando los desprevenidos de su propia entraña estuvieran confiados.

Contempla el interior del vaso de ginebra.

Veo a un hombre entre la niebla a quien nada importas. De mirada traicionera. Su pupila se arponeó en tus ojos y sembró en ti la incertidumbre. Bailaste con él una noche y despreciaste su arquetípica pose de James Dean. Esquivaste su beso, esnifaste de su coca, y meses más tarde lo fuiste a buscar inconscientemente a su barrio con el amigo de turno. Tus poderes mágicos no te fallaron. Allí estaba. Magia Negra. ¡Ah, pero Magia Negra! La Magia Negra surte su efecto pero se vuelve tres veces contra uno mismo. La rompecorazones termina con el corazón roto.
Por azar y probabilidad, te tocó la lotería. Volviste a ver sus ojos clavados en los tuyos. Entonces tu fuerza vital se vino abajo. Trivializaste la noche anterior porque sabías que te estabas mintiendo. Te pudo el orgullo. Era el pretexto para destruir un mundo. Siempre fue bello tirar al suelo el castillo de naipes. Disfrutabas destruyendo los hormigueros, desperdigando confetti, mezclando las hojas de las macetas en un mejunje caprichoso. Así, malversando el orden de las cosas, construías tu realidad caótica, mucho más complicada y atractiva. Ese hombre tenía el magnetismo equívoco de la perdición. Cuando está lejos e imposible le deseas como si fuera un semidiós. Aquellos ojos. Desapareció todo. Te suplicaban grises azulados y tú reías a carcajadas por dentro porque pensabas que estaba subyugado a tus encantos. Luego, le miraste más de la cuenta, dejaste que te hechizara. ¡Maldito seas! ¡Y ahora esa lobotomía consciente te puede enloquecer! ¡Tú no amas a ese intruso! Estás enamorada de la perdición, por eso te fumas este cigarro a las tantas de la noche mientras tu marido duerme, completamente ajeno a tu secreto. Tú, la loba que caza las reses para regalárselas a su esposo. Esa Salomé de ahora. Has venido a ver a Madame H para recuperar el amor perdido.

También se te ocurre, mientras se emborronan las espirales negras de tu mejilla, que el Zeppelín ya ha volado demasiado. Que una ya es mayor para hablarse en tercera o segunda persona. Cuando eras pequeña tus hermanos te llamaban "la Nena". Y, como toda las niñas mimadas, decías:

- La Nena quiere pasear. La Nena quiere jugar en el terrado. La Nena quiere ponerse unas botas de agua.

La Nena ahora mismo, se está fumando un cigarro y tiene anginas. La Nena tiene a su marido cansado. Quieres estar en el Forgotten Pub hasta el amanecer. No sabes por qué. La bofetada del sol, quizá. Ver sólo molinos. La penumbra se presta a malinterpretaciones.
Recuerdas algo. Un maestro hindú te leyó una vez la mano. Te leyó la vida en la mano. Te dijo que escribir te ayudaría. Te dijo: "No te fíes de la lengua de los hombres, obedece a tu corazón." ¿Tu corazón? Ese medio corazón de LSD. El Oráculo de Napoleón, te decía ayer: "escucha a la mitad de tu Genio". ¿Qué significa? Un Ermitaño, un Colgado y un Loco. Soledad, ex-comunión, ataraxia. Navegas sin rumbo, el cielo es oscuro. Sólo podría entenderte alguien que te amara de verdad. Alguien capaz de engullir el mercurio sin intoxicarse.

Pero.

Queda algo más. Lo que no has dicho. Lo que ha impedido que te desplomes sobre la barra del Forgotten Pub. El secreto tan secreto que está escrito en un lenguaje cifrado. Ves tu reflejo en la ventana medio iluminado por la lámpara. Tu rostro es la luna. La mitad izquierda tiene cráteres y brillo. La mitad derecha es una sombra que se funde con la noche. La nuca, el relieve oculto.

Pero.
No cantes tu canción, sino a quien contigo va.

- Yo no canto mi canción sino a quien conmigo va.

Nanas inconexas que tal vez no pronunciaron otras bocas. Esas melodías que no existen, con las que sueñas cuando no tienes consuelo. Esas lanzas de gigantes en las aspas del molino. Zeppelín/ Cadáver: arranca tu mirada de la hipnosis del insomnio. Despierta de esta pesadilla. Las sábanas son mullidas y la realidad sangra demasiado. Ahora, que agoniza, puedes matarla. Deshazte de ella. Te espera un sueño para diosas en el Forgotten Pub. Regresa a casa. Allí descansa tu marido. Perfuma tus muñecas con esencia de sándalo y desnúdale mientras delira. Hazle el amor como una sombra intrusa, arráncale aquello que no le pertenece. Poco a poco, Zeppelín que sueña, verás que su cuerpo huele como antaño, que su calor vuelve a erizarte la piel. El Forgotten Pub siempre devuelve sentimientos perdidos. Esta caja de fósforos a cambio, tan sólo, de un poco de orgullo. Un gigante a cambio de un molino.

lunes, 7 de mayo de 2007

Delirio in absent(i)a


[Joan Ponç, Suite deliri]

Y, olvidada del mundo, deliraba sola,
amante extraña de los No Lugares.
Buscaba un ángulo cóncavo en la tierra,
un rincón denso y oscuro para acurrucarme
y fabricar enfermedades. Como la seda
de la oruga, salía por mi boca un humo
plomizo y hermoso. Vestida con traje de época,
despeinada desde el último gemido
y ansiosa itinerante del viaje del chamán,
dejaba al cuerpo desmayarse
hacia un estado blanco e impoluto,
irremisiblemente cercano a la muerte.
Pocos conocen las delicias de ese instante
en que la mente se disuelve en la luna.
Cuando se acerca un coro de fantasmas
que danzan etéreos bajo las vigas
de nuestra arquitectura, y que sólo miramos
si el reposo devora al ínclito Cronos.

martes, 1 de mayo de 2007

La última carta de Jack el Destripador

He aquí una carta autógrafa de Jack el Destripador. En el año 2006 descubrieron en ésta ADN de mujer, por lo que algunos piensan que "Jack" pudo tratarse de una fémina asesina de prostitutas. Scotland Yard también barajó la posibilidad de que el asesino fuera Lewis Carroll, porque se interpretó que en su poema Jabberwocky hay escrita una sospechosa declaración en anagramas:

'Twas brillig, and the slithy toves
Did gyre and gimble in the wabe;
All mimsy were the borogoves,
And the mome raths outgrabe.
'Beware the Jabberwock, my son!
The jaws that bite, the claws that catch!
Beware the Jubjub bird, and shun
The frumious Bandersnatch!'
He took his vorpal sword in hand:
Long time the manxome foe he sought--
So rested he by the Tumtum tree,
And stood awhile in thought.
And as in uffish thought he stood,
The Jabberwock, with eyes of flame,
Came whiffling through the tulgey wood,
And burbled as it came!
One, two! One, two! And through and through
The vorpal blade went snicker-snack!
He left it dead, and with its head
He went galumphing back.
'And hast thou slain the Jabberwock?
Come to my arms, my beamish boy!
O frabjous day! Callooh! Callay!'
He chortled in his joy.
'Twas brillig, and the slithy toves
Did gyre and gimble in the wabe;
All mimsy were the borogoves,
And the mome raths outgrabe.

***

Londres es un monstruo de amplias autopistas e inmensas avenidas y, sin embargo, de estrechos callejones. Un cuchillo yace tirado en el suelo, junto a un cubo de basura. Londres es una ciudad grande con objetos pequeños. Sin embargo, algunos de sus objetos pequeños son relativamente grandes. Por ejemplo, este cuchillo.

¿Acaso ya nadie se atreve a ir solo por estos lugares, a estas horas? ¿Ya no quedan idiotas dispuestos a jugar sus pescuezos, a encontrarse con el sinnúmero de malhechores que acechan a sus posibles víctimas tras siniestros rincones en penumbra? ¿No habrá detective que valga? ¿Nadie hallará el cuchillo perdido, depositado como por casualidad sobre este frío adoquín de un oscuro callejón de Londres?

La noche es cruel, helada, soñolienta. Jack llora agazapado, a pocos metros del cuchillo. A su derecha un grupo de vagabundos han hecho una pequeña fogata para protegerse del frío. Los ancianos mendigos lo miran divertidos. Uno se le acerca:

- Debes reconocer que eres una leyenda, Jack. Antes del televisor y las dos guerras mundiales aún se te podía temer, pero ahora, desgraciado, sólo te temen los imbéciles.

La humillación es inminente. Jack extrae un par de papeles arrugados de su gastada chaqueta y los deposita sobre sus rodillas. Lee:
La sombría figura de Jack el Destripador surgió de la nada…; una sombra que vagaba entre las sombras del East End de Londres, al acecho, con un cuchillo. Recorría los tugurios de Whitechapel, Spitalfields. Nadie sabía de dónde había salido, pero llevaba la muerte con él. La muerte, en un cuchillo.
¡Aquellos sí que eran buenos tiempos! Era capaz de olfatear el miedo, su figura abominable era respetada, incluso se le atribuían poderes ocultos. Saboreaba por aquel entonces la admiración de intrigados periodistas e investigadores que, asombrados, publicaban libros elevando a Jack sobrehumanamente e idealizaban cada uno de sus acertados y sangrientos actos.

Jack coge un pañuelo de su bolsillo agujereado para sonarse los mocos.
¿Quién era? ¿Qué era? ¿Un cirujano enloquecido? ¿Un carnicero? ¿Un científico que había perdido la razón? ¿Un degenerado patológico escapado de un manicomio? ¿Un noble trastornado? ¿Un miembro de la policía de Londres?
Él responde para sí mismo:

- ¡Imbéciles! ¡Un misógino tedioso!

Jack empuña su antigua e inseparable pluma cuyo recambio consiste en un cartucho lleno de la sangre de su última víctima: la joven Mary, la hermosa y dulce Mary Jane Kelly. Claro que, de esto ya hace muchos años…
Allá va, su última carta destinada a George Lusk, presidente del Comité de Vigilancia de Whitechapel:

Londres, 15 de octubre de 1988
Desde el infierno. Señor Lusk. Señor le adjunto la mitad de un riñón que tomé de una mujer y que he conservado para usted, la otra parte la freí y me la comí, estaba muy rica. Puedo enviarle el cuchillo ensangrentado con que se extrajo, si se espera usted un poco.
Firmado: Atrápeme cuando pueda, señor Lusk