domingo, 16 de marzo de 2008

La noche perfecta





Puedo imaginar esa noche perfecta.


Atarse las botas con cordones, vestir la chupa de cuero rojo. La conciencia limpia para llenarla de pecados, colmillos rezumantes de sorpresa y, al cruzar la puerta, el mundo abrazándote desde lo negro, con promesa de delirio imaginante.
Proscripción en la mandíbula.


Vértigo ante lo desconocido y desfiladero de almas nocturnas.


Llevar la nada en el bolsillo. Sólo baile en la piel. Arte y magia y calor y fiesta. Una sonrisa por saludo y cabellos azules de loca extraterrestre. Trascender y matar con la mirada. Ser elocuente en silencio. Sensual en la derrota de las horas.


Licor de oro en plena carambola de pupilas.


Y, entonces, el destello.



Esos ojos, contigo. (Y las botas con cordones, la chupa de cuero rojo. ) Hasta que te desnudan en la penumbra.
Y te diluyes y no sabes dónde ni cómo despertarás mañana.

3 comentarios:

Mónica González Caldeiro dijo...

Qué grato ese desconocimiento de no saber cómo ni dónde despertarse...

Mawwulisa dijo...

Vértigo ante lo conocido y atolladero de seres diurnos.

Llevar todo en un bolsillo. Un lápiz y un papel. Literatura y tardes de soledad y recuerdos. Un gesto ajado. Ser intrascendente y esquivar toda mirada. Dar la chapa al primero que pillas. Porque estás solo y eres algo viejo, aunque te sientas joven.

Y, entonces, el destello.

Me vuelvo a sentir joven. Pero no estás tú, hace años me dejaste para siempre.

Y así es como, Maga, yo ya no imagino los días perfectos.

Leo dijo...

Una manera distinta de describir toda una parafernalia para la libertad y la seducción. Me gustan las palabras y el ritmo con que las usas. Excelente.