lunes, 24 de marzo de 2008

Una temporada en el infierno



[El Infierno de El Bosco]

No, no es el libro de Rimbaud. Es la propia vida. Ayer salí de aquella habitación de Hospital, más maldita que nunca. Me senté frente al mar y me fumé un cigarro mientras se descongelaba el hielo del alma.




Me sentí sola y desnuda.





La justicia cósmica, en todo caso, no entiende de madres y padres. La enfermedad es arbitraria y la sociedad está articulada en torno a valores vacuos y frívolos.




La próxima vez que me hablen de curro o de dinero me reiré a carcajada limpia. Hay un momento en el que la felicidad es simplemente ausencia de dolor.





Presente, ergo presente.





Tienes el alma destrozada y encima el gilipollas de turno te tira los trastos. Qué ceguera.



Cuántos pensamientos van destinados a "molar" socialmente. Cuánto vínculo irreal, sólo cimentado en el miedo o la inseguridad.


Paseé hasta la saciedad, antes de volver a casa, con siempre una reserva de lágrimas para el hombro de mi cómplice.



El insomnio nos rebana la conciencia. Ayer veía de color azul florescente y no iba tripada.




Las noches de Hospital son demasiado dantescas. Escuchas los alaridos de los enfermos de cáncer, las enfermeras acuden con la frivolidad y desgana de la rutina laboral. Como en una guerra, te conformas con sobrevivir.



Ves a gente que no conoces de nada llorando a lágrima viva. Das abrazos a desconocidos y palabras de ánimo mientras notas cómo tu alma se pudre en el absurdo. Y luego te sientes mal por no creer en dios del todo, por pensar por qué diablos nos dio esta vida mortal si nos creemos inmortales, por qué nos desvivimos en sueños e ilusiones si después vendrá la nada a devorarnos los genitales.



Vaya, observo a mi madre y pienso en mis rituales paganos al sol y a la luna. ¿La curarán ellos, cuando la medicina la ha deshauciado?


La luna es una traidora: ni siquiera es suya su luz. Siempre me llamé lunática y ahora reniego de ella y la llamo puta y magnética.



El sol, quizá, sea la única esperanza.



("Sol y cariño", decía un viejo amigo.)



Pero todo pasará. Tras estas vacaciones en el infierno, tal vez apetezca un poco de paraíso, ni que sea artificial.


4 comentarios:

Titania dijo...

Te leo desde hace tiempo, en la distancia, silenciosa, y creo que ahora necesitas escuchar alguna voz. La luz es energía, somos energía que fluye y, por supuesto, cuenta con la luz de mi luciérnaga. Puedes decirle a tu madre que se van multiplicando y que cada vez recibes más calor. Tiempos oscuros y tristes en los que parece imposible que vuelva a aparecer un pequeño rayo de luz,aunque al final, así suele ser. Cierra los ojos y respira el aire frío hasta que te queme en los pulmones. Llora, grita y enfádate, pero también da gracias por cada minuto que tus seres queridos pasan a tu lado, porque como muy bien dices elegir amar es elegir sufrir, aunque por nada de este mundo querríamos habernoslo perdido.

SeR dijo...

Qué difícil resulta comentar y qué insuficiente se siente uno aquí delante cuando la situación requiere silencio, creo. Los atrezos están demás, y la retórica, y todas las memeces que giran a tu alrededor y no pueden tocarte. Pero, ¿cómo enviar un abrazo solidario cuando el medio incita a la retórica? entonces... eso.. un abrazo

maría salgado dijo...

¡ánimo maga!
te mando luciérnagas y también mi rabia para que la gastes contra eso que ves y no te gusta. Y un abrazo redondo muy grande.
m

Maga Despistada dijo...

Ha amanecido otra vez más, la noche ha sido tranquila. Podría escribir una novela con esas historias para no dormir: cada vez que salía para comer naranjas o fumar pitis, veía a algún que otro solitario velando por un ser querido. Titania, un día más superado, es verdad: es un regalo. Ser, gracias por ese abrazo que da vida y sentido a las cosas. Madame Houdini: qué puedo decirte, he entretenido las horas recitando poesía en voz baja. (Quizá sea mi manera pagana de rezar.)