viernes, 19 de marzo de 2010

Damallerosa

Ana sale de casa a tomarse un café. Allí se encuentra con un hombre con la barbilla partida y los ojos afilados. El hombre está sentado en el taburete de al lado.

- Señora, ¿tiene fuego?
- No me llame señora, que me hace vieja.
- Y a mí no me llame de usted, tutéeme.
- Pues tutéame tú también.

Ana rebusca en el bolsillo y saca un mechero.

- Le llamo Prometeo al encendedor, - dice ella, mientras le prende damallerosamente el cigarro.

El hombre hace un gesto como de "no entiendo". Ella agrega:

- Es de la mitología, es el que le robó el fuego a los dioses para dárselo a los hombres. Luego lo condenan a que unos buitres le coman el hígado.
- ¿Es que tienes un panteón en el bolsillo?
- ¿Sabes lo que es un panteón? Sí, y el Etna en el coño. Allí se suicidó Empédocles.

Se ríen. El hombre de mirada-aguja pone morritos calientes mientras fuma y la mira intensamente. Ella deja de hacerle caso.

- Camarero, un café.
- ¿Con leche?
- Bueno, con ron.
- Un carajillo, pues.

Ella empieza a reírse sola y se gira para ver qué hace el hombre de al lado. El hombre de al lado está bebiéndose un whisky.

- No sé -dice ella-. He salido a la calle pensando que mañana me puedo morir. Prometeo tendría cirrosis, ¿no?
- Hablas un poco raro.- responde el hombre, frunciendo el ceño.
- Es más divertido hablar así que decir las gilipolleces que dice todo el mundo. Además, de esa manera, seguro que no puedes predecir cuál va a ser mi próxima frase.

El hombre encoge los hombros y se ríe un poco. Está borracho.
- Si te pones así, a mí tampoco me tienes que adivinar la próxima frase.- le dice a ella.
- Ya, pero me refiero a que ni siquiera hace falta ponerse surrealista y decir "dadá" o "blablá".
- Estás un poco loca, mujer.
- Totalmente, pero la puerta de la conversación acaba de cerrarse. Y ya no me vas a decir nada nunca más. El tren ha pasado de largo.

Ella paga y vuelve a su casa, sin mirar al hombre borracho. Se desnuda y se pone a llorar delante del espejo. Tiene sesenta años y las tetas caídas. Luego va a fregar los platos. Se imagina que el hombre ese la besa en el bar. Que la besa con whisky en la boca y que ella se bebe el beso. Es un secreto de vieja.

1 comentario:

Iñaki Rubio dijo...

Genial,el clima y Empedócles.
Un saludo.