domingo, 29 de abril de 2007

Ofelia dentro de una bombilla (con la noche en el pelo)



¡Oh Ofelia!, ¿cuántas veces volarás sobre el zeppelín de un impulso,
de desamor en desamor; de desamor en desamor, de desamor en desamor?

¿Cuántas veces regatearás con una Sonrisa Internacional, siempre infatigable,
a Ese tacaño de árboles, sutras, mantras, inscripciones,
calendarios en blanco y negro u ónice; Ese Lapidador
de Universos Perfectos y Posibles creados sobre la pantalla de un lecho?

¿Cuántas veces blandirás la espada de tus muslos
hasta inundar las pupilas del Último Hombre?
¿Cuántos sexos vas a reventar en esa búsqueda insaciable de la Vía Láctea?
¿Cuántos Puentes saltarás Más o Menos, atractiva como un caballo ajedrecístico,
antes de tu Caída definitiva, de tu Caída Integral, Partitiva, Natural y Asceta,
diestra y acrobática como una lágrima en un cuerpo que corre?

Ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh
No.
Nada es ABRACADABRANTE,
mi pequeña Gran Ofelia.

El mundo es difícil e insoportable, como cien tortugas una sobre otra;
el mundo es insoportablemente preciso y etiquetador.
Ellos creen que estás Loca, Ofelia; Ellos (los otros –bis-)
huyen tras una cascada de códices correctos
y penetran la barrera de tus labios sin comprender el sentido de tu lenguaje extraño.
¡Oh, Ofelia! ¿Cuántos te quiero pronunciarás con desesperación de bomba atómica
estando al borde de la barandilla de un labio, de tu propio labio, de tu labio
abombado y sediento de las Siete Maravillas del Mundo, del agua de Mercurio,
a dos centímetros de un rostro ajeno que duele como alfiler búdico;
a dos centímetros de un aliento casi de Morfeo, pálido, melancólicamente furtivo,
un aliento que miente, un aliento que sufre pero que todavía no ha aceptado
las garras lascivas del pecho metálico de las Horas?

Y, ¿de dónde sale? ¿De dónde sale
el temor de un coro de cerillas al borde de la pólvora invadiéndote el vientre?
¿De dónde surgen tus dentelladas de estrella traviesa, tus excursiones
febriles por el bosque de Hormigón frente al Balcón de tu Amado Desdeñoso,
el Balcón en el que él un día te besó la Herida, el Hueco, la Falla,
el Nihilismo pastor de tus células panteístas desde hace cuatrocientas lunas?
¿Cuántas veces repetirás tu fórmula pitagórica, lentamente, con claridad de médico,
sobre los poros atentos de un amante azaroso? ¿Cuántas veces perseguirás
frenéticamente a un Ser que no Existe, a un Ser que Confundiste con un Pelele Imbécil
que se retiró de tu vida en cuanto apreció el Vértigo en tu ansia crepuscular?

Y ahora, entre supernovas de preguntas retóricas, te encuentras
- sola, asolada, gravitatoria y mortal-
en este banco amigable y viejo, acariciando a un gatito negro que ronronea
sobre tu alma acaracolada de pesares que no se toman en serio, de tu pecho
herido por no poder manar y crear luz para siempre, sin un Recipiente adecuado
para retener todo el Amor de la Galaxia.
Y Espera.
El Horizonte se apaga para beberte el rostro.
Tu cuello está anudado a una horca de Ternura.
Mariquitas rezuman rojo sobre tu Deseo Tozudo de alas transparentes.
Tienes plumas en los ojos y plumas en las manos y plumas en la vida.
Tienes algo espeso contra la Esperanza, portera de la puerta de tus noches.
Y tienes una caja torácica inmensa
donde guardar el Tesoro de un Verbo Desnudo y Violado por la divinidad.

Oh Ofelia ¿cuántos ríos habrás deseado inyectar en tu sangre lírica,
para detener un ímpetu caudaloso?
¿cuántos litros de gasolina y alcohol serán necesarios administrar
para doparte un alma encaprichada de infinito? Y, Oh, Ofelia,
¿por qué te condena tu pasión
en este siglo poblado de Mazmorras Doradas?

No llores tanto.
Diluviarás un lago que te empapará hasta la muerte.
Sufrirás, Ofelia. Sufrirás más todavía. Te encharcarán otros labios
y otros labios y otros labios y otros labios de Palabras Graves.

Y, Espera. (No mueras tanto.)
Aguarda la V de la gaviota risueña,
la pompa de jabón del niño cojo.
Ella sabrá cuán blanca fuiste, Antes del Atraco Cósmico,
Antes de la cerradura truncada de tu sexo,
Antes...

"Estás perdida, madame.
Estás perdida,
sola en medio de tus relinchos,
sola en medio de tu regazo de madreselvas eternas,
sola entre espejos de sudor auténtico y brumas de chocolate. "

Pero no temas, Ofelia.
Un pájaro cierra sus alas en forma de cuenco.
Una nube ha sido amaestrada para ser madrina de tu Amor Despreciado.
Un vientre, abierto y resentido, dijo que la llave
residía en el seno profundo de las Horas abiertas.

Lo supiste de oeste a este sobre tu lágrima relincho.
Las pestañas eran las cerillas del día. El agua recordaba
solares, espacios de Púrpura negra en tu Hígado Amante.

Uno debe aprender cuántas veces arderá el corazón
antes de alcanzar la serenidad del Desierto.

2 comentarios:

Aurora dijo...

Me hiciste recordar y pensar en mí y lloré. Pero no fueron lágrimas tristes, porque, de algún modo, me liberé de una parte de algo que aún está atado a mi cintura con una soga de 10 centímetros de diámetro y que, me guste o no, sigo arrastrando. Poco a poco voy descomponiendo esa fricción del yugo contra mi carne, esa madeja de pesos pesados que sigue haciéndome sangrar por su grandeza en lo bueno y en lo malo.
Sin duda eres una de mis poetisas preferidas.
Riamos. Estamos más vivas que nunca.
Te (os) beso.
Tengo ganas de verte(os).

Sciuris dijo...

quisiera tener al menos una respuesta