jueves, 21 de junio de 2007

¿Dónde?


[Tim Burton, el Chico Ostra]


A ti, mi Aliado y consuelo de Locura



Un día intranquilo.

Me restriego los ojos durante mi estación horizontal.


Miro al techo un rato. “Hoy no puedo ser feliz”.

Salgo a la calle.

(Al nacer me fui al fondo del mar y me escondí dentro de una ostra. Pero he cometido un grave error: no sé en qué ostra me encuentro. Ayer estuve buceando durante varias horas y abrí una: estaba vacía. No me encuentro, ¡ni siquiera sé si tengo carne en las mejillas!)



No me escondo.

Sólo me tapo con las manos.

(La vida puede vincularse, simplemente, a hacer pompas de jabón: se sopla para que surja algo efímero y casi perverso, una esfera transparente que rápidamente se esfuma al tocar el suelo o la punta del dedo índice.)


Qué somos. Payasos o profetas.

(Dímelo tú.)

Por qué simulamos.

Nos dibujamos lágrimas (que sólo son manchas).

Cuál es el problema.

Por qué nuestro aliento es más amplio que una atmósfera.

Qué esperamos.

¡Por qué nos hincamos el cuchillo de la vida…! (Con tanto ardor…)


¡OH, EXAGERADOS; OH, HIPERBÓLICOS!

Siempre con ese timbre en la voz…
Siempre odiando lo anodino, el sonido del despertador,
la suavidad de una simple manta…¿por qué?
¿Por qué siempre invocamos a la espada?
¿Por qué buscamos la epicidad, después de haber cruzado el semáforo?

¡Oh, amigo! ¡De qué carne estamos hechos!

¿Tú crees que moriremos como todo el mundo?
¿Qué manera escogeremos? ¿Nos tiraremos por el balcón?
¿O tal vez se descoyuntará el columpio?

De todos modos, no cambiaría ni un segundo de este dolor…
No cambiaría ni un segundo por esa fatiga de tortugas urbanas.
Tú sabes que los violines suenan en nuestras cabezas. Continuamente.
Tú sabes que nos rendimos tan fácilmente ante…¡el simple caer de una hoja!
Y que, a la vez, somos tan sobrehumanamente fuertes
cuando caen sobre nuestras cabezas todas las tormentas.

Conocemos el don de lo improvisado.
Intuimos, asimismo, que…no sabemos nada ¡en absoluto!
Somos sólo ficción y esto nos da un poder increíble.
Nos movemos con la materia del sueño.
Asaltamos a la realidad con nuestro interrogante tatuado.


Ellos no lo saben:
Somos payasos y profetas de nuestro tiempo.
Tenemos la estrella en la frente.
Y, aunque no sea verdad, pugnamos por creerlo.

¡No nos caducamos como los yogures!
¡No nos digerimos!
No sabemos de qué estamos hechos,
tal vez de locura…
¡tal vez la locura es la única manera de ex –pli-car-nos!

Puedo coger un lápiz de ojos y dibujarme una lágrima
o… abrirme un surco en la muñeca.
Pero todo serán manchas. Amenazadoras de nada.

(¡Es cierto, no nos mojamos! ¡Es tan bella la especulación! ¡Es tan hermooosooo…!¡Es tan hermoso flotar y arrastrarte, cogido de una palabra, cogido de una palabra… casi estrangulándola, y entrar por el oído de todos los hombres, y remar en su cabeza, y libar en su corazón!)

1 comentario:

Toni dijo...

Lo mejor de ser un chico ostra es que se te enganche una lapa en alguna de tus conchas bivalbas y, con suerte, se quede ahí toda la vida...