jueves, 7 de junio de 2007

Trueno sobre tierra


[Jacques Carelman, Patines de bailarina (de su colección de Objetos imposibles)]

Trueno sobre tierra

Ningunead la espera, hombres huecos que habitáis
las mazmorras de vosotros mismos. Despertad,
huérfanos de padre y madre. Solitarios sin pareja.
Clavad una mirada ulcerante en el paisaje
que os duele. Vosotros sabéis lo incólume
que es la realidad. Vosotros intuís lo lejos del amor que
corre el mundo, atlético Sísifo, homérico surcador
de nimiedades. El universo es una esponja de materias.

Fusiono las artes en la olla a presión de mis infartos.
Taquicardeo las lecciones útiles. Inflamo las velas
y las vendas que me cubren la mirada tenebrosa.
¿Oyes tú los pasos? Se acerca una multitud de moscas
listas, con Constituciones bajo el brazo, corbatas
proletarias y camisas de camareros que desgastan
sus dedos besando -indirectos, platónicos- labios
amueblados de alcohol. Llevo una Tiniebla a rastras.

Habito en una fiebre creacionista, agito un cóctel
de bomba y de burbuja y te lo sirvo aquí mismo
(es una absenta casera, ambiciosa: agua bendita
del Polo Norte). Reventemos en esta fiesta de Espíritu.
¿De dónde venimos? Del muro de las promesas,
del sello de los profetas enloquecidos por la conciencia,
del mito vanguardista, del conjuro de Isolda.
Escribamos, pues, en el reverso de la vida.

Congrego máscaras, personae con canicas
por ojos, rostros histriónicos que fingen carcajear
hasta la madrugada, deseos resentidos inmersos
en las lijas de una higuera, verbos -bengala apagados
por una lluvia estomacal, de montaña rusa;
¡Diablos, cuántos te quiero habré de escupir
para que me deje de llorar la boca! Sostened
mi mirada terca, sangrienta vereda de trazos múltiples.

Invento la nada y me la sirvo en el cóctel vulgar
de la consumación de la vida. Desvergüenza,
estoica criatura: convalido los créditos de la emoción
en la Facultad de Miseria. La carretera sale de las manos,
quiromántica accidental, pero sigo persiguiendo
al tranvía llamado deseo. Hay un lotófago
detrás del murmullo de cada acera. Una intuición
obviada nutre de seda la palpitación del enigma.

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