domingo, 26 de enero de 2014

El duelo y la Caja de Pandora

Mientras repaso el blog, me encuentro una entrada de 2007 sin publicar. Ahora soy feliz. He aprendido algo. Todo ha cambiado. Pero siento que debo editar esto porque a veces uno siente dolor y ha de tener el coraje de expresarlo. Esto es una caja de Pandora que hoy puedo abrir y mirar a los ojos. Hoy esta Caja de Pandora me fortalece. Hoy sé que no hay mal que mil años dure y que lo que importa es la victoria del alma.


[Este post es para los solos que temen a sus propios pensamientos.]


- Parece mentira qué bien lleva lo de la muerte de su madre. Está muy entera.

No lo llevo bien. Una muerte traumática nunca se lleva bien. Su pérdida tal vez la haya aceptado, pero no es sólo una ausencia lo que te puede machacar por dentro y hacer, incluso, que desees la propia muerte para terminar de una vez por todas con tanto dolor y sinsentido.

El desgaste físico de unos meses duros va ligado a la apatía, la rabia, la depresión, la tristeza, el mundo indefectiblemente acuoso. Encima, por muy poeta que seas, te cuesta llorar y expresarte. Te flaquean las piernas al salir a la calle. Te sientes devastada, fea, imbécil.

Ya hace un mes y cada vez me sienta peor pensar que puedo con todo. Las relaciones familiares se complican, y más cuando tus padres no tenían una relación idílica.

He pensado cosas horribles. He odiado a la humanidad entera. He creído que todos mis amigos son un atajo de egoístas, hedonistas, cabrones. Que mi pareja no me entiende un carajo. Que el bebé es un tirano.

Cambiaría de casa. Viajaría a una isla del pacífico, dejaría a mi pareja, a mi bebé y a todo el mundo tirado. Por defecto, habito el más dechado nihilismo. O mejor aún: me cortaría las venas para que la lobotomía fuera más dulce. Pero claro que no lo hago. Aún mi cerebro de emergencia me dice que no haga cambios drásticos en mi vida. No todavía. Me dice que espere, porque no es lo de fuera lo que falla (es difícil que nadie comprenda nada de esto: los que vivimos un duelo estamos solos en el proceso)

Porque los ojos de Alguien no lo ven todo. Ni siquiera esa atrofia interna que te impide expresar lo que quieres decir. La atrofia del dolor.

- Los golpes de la vida te ayudan a madurar.

- Los golpes de la vida - respondo- cuando ya estás maduro, te pudren.


Miradme: me siento vieja a los veinticinco años. Apenas paso de los cincuenta kilos y se me está cayendo el pelo. Eso es dolor puro, por más que lo disimule.

Dormir es lo único que me ayuda. Dormir es el desguace del subconsciente.

Y no es sólo por la muerte de mi madre. Es el efecto de haber atravesado el puto infierno. Es un trauma. Es como aquellos soldados retirados del Vietnam que salen en las pelis yanquis, que mientras están tan tranquilos jugando con sus hijos o paseando al perro tienen esa horrible visión de lo inhumano, y empiezan a volverse locos por dentro.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Son recuerdos muy bien recogidos, tan bien recogidos que me arde el pecho cuando recuerdo un sólo instante en el que nuestra madre se iba y no éramos conscientes de ello. Ahora tenemos cinco niños para enseñarles todo lo que sabemos para que sepan vivir el día que no estemos e intentar siempre estar con ellos porque al igual que a nosotros, para ellos habremos estado muy poco tiempo pese a la gran intensidad de los momentos vividos. un beso Maga.