viernes, 30 de marzo de 2007

Bloodysnow

¿Quién no recuerda las historietas de la infancia con este corto construido con playmobils? Existen freaks de muchas clases y los coleccionistas de secretos cambiamos unos vicios por otros. El único objetivo es estimular el placer, ¿no? ¡Dejad el puto tabaco y compraos cajas de playmobils!

Gabriel, sí, poeta gibraltareño



Gabriel Moreno es una de las personas más especiales que conozco: dandy underground, músico decadente y "poeta gibraltareño" pero sobre todo, uno de esos amigos hermanos llenos de vitalismo y amor hacia la belleza. (En la foto de arriba, es el de la derecha: siempre que canta parece partirse en dos; a su lado está Yair, un músico domador de delfines, aunque esa es otra historia...). Podéis escuchar su música en la web: http://www.myspace.com/gabrielmorenobcn

Y he aquí en acción:

wild one

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Hoy me ha invitado a comer a su casa - su tradicional plato de pollo con arroz, zanahoria y champiñones- y nos ha regalado y dedicado su primer libro de poemas: Londres y el susurro de las amapolas. La presentación será en abril en un local de Gràcia llamado El coleccionista y algunos de sus amigos pondremos nuestras voces en el recital. Me siento muy orgullosa de él y de su obra. Hemos compartido muchos instantes de creatividad (como la lámpara calavera que construimos con un fascículo de quiosco del cuerpo humano, véase la foto de abajo). Vivimos juntos algún tiempo, y en fin, qué os voy a contar, cuando se comparte piso se crean vínculos muy fuertes.

Cada uno de sus poemas está dedicado a un escritor inglés. He seleccionado uno de los que más me gustan. (Te queremos Gab, gracias por tu magia)

Elisabeth Barret Browning

"... and if God choose I shall but
love thee better after death"

Si un día he de morir,
que sea ahogada
en los ríos de Florencia.

Quiero caer desde un balcón
lentamente,
tras una puesta de sol,
en otoño,
acompañada
por una suave corriente
de flores amarillas.
Desnuda,
con los órganos
encendidos
como lumbre de castañas.

Quiero caer
justo en el lugar donde se refleja el puente,
allí donde las aguas escurridizas
se calman
y el universo
se hace espacio
entre las comparsas de mi mente.
Quiero morir
justo al caer.

Que se deshaga mi cuerpo
como una amapola
despojada de sus pétalos.
Quiero que todo se disuelva,
que no quede nada,
quiero desvanecer
entre las aguas de Italia
y dar lugar,
por fin,
al milagro
del
silencio.

Aún pasan cosas extraordinarias



Cualquiera que tenga los ojos bien abiertos puede recuperar la capacidad de asombro. Eso es lo que me enseñó Alice Vannoy. Tras una semana de ostracismo melancólico, el mundo me ha recordado que su magia seguirá en mí para siempre. Porque gracias a ella, desarrollé la capacidad de sonreír ante los pequeños caprichos del azar. Ahora, todos los Raros del mundo tenemos un ángel guardián, una diosa protectora (la Nena Rara sobre todo, ¿verdad, Paty?)

El otro día, para cenar, Marçal y yo nos partimos un plátano siamés. Así salió. Marçal me dijo que se encuentran pocos en la vida (yo nunca había visto un plátano doble y por eso le saqué la fotografía que podéis apreciar allá arriba). A veces, lo más cotidiano del mundo depara múltiples sorpresas. No sé si uno debe pedir un deseo en secreto mientras se come la mitad de un plátano siamés, pero yo lo hice.



miércoles, 28 de marzo de 2007

Nos vemos en el Forgotten Pub








Alice Vannoy es la encantadora mujer de las fotografías. Como todas las heroínas que se precien, su vida ha sido breve e intensa. Gracias a ella, pude crear uno de mis santuarios, el Forgotten Pub. Tenía la idea de construir un bar para nostálgicos, y ella, gustosa, me alquiló una pequeña sala del Séptimo Infierno. Desde el mismo día en que nos conocimos, hemos sido inseparables cómplices . Aquí os paso mi primera conversación con ella acerca del bar y cómo vino un día a hacer un trato conmigo.
Encontré una hoja en el suelo y le recorté unos agujeritos para mirar a través de ella. Entonces descubrí un mundo nuevo, aunque siempre hubiera estado allí. Es un lugar olvidado, sobre el que reposan todos los objetos perdidos, las cosas que nadie suele ir a buscar. También van sentimientos perdidos y seres perdidos.

El hecho de tocar fondo enseña mucho. "El mago necesita aliados". Personas dispuestas a salvarnos la vida y por las que seríamos capaces de todo. Personas reales. No me había dado cuenta en profundidad hasta que llegué al infierno y me tendísteis la mano. Es ahí, donde se sabe con quién puedes contar.

Creo que también existe alguien que recobra lo que los demás llevan tiempo buscando, sí... uno de los empleados del bar: un Viejo Buhonero o una especie de Señora Basura, se turnan según el aspecto del interesado.

Esta es la historia de alguien olvidado de sí mismo.
(mmmh...creo que no es bueno anticipar algo no sucedido... Quizá me pase por todas las oficinas de objetos perdidos para ver qué suelen perder las personas)

- ¡Paraguas! (¡La cordura!)
- En el Forgotten Pub está la peluca blanca que me dejé en tu casa, y los libros que he prestado. También están las llaves que misteriosamente encontré en el bolsillo de mi chaqueta. Y, en fin...esas cosas que no están con su antiguo amo.
- La peluca la recuperarás
- Jajaja, entonces entraré con ella en el Séptimo Infierno. Y verás a mucha gente entrando con paraguas...
- Te dejarán entrar gratis! Sin bruja ni nada.
- Porque seguramente el Forgotten Pub estará lleno de entradas gratis a muchos lugares, y de cartas y manuscritos destruidos y monedas extrañas...y de lápices y gomas de pelo y muchas bufandas... uno podrá entrar desnudo y salir con el vestido que manchamos con el bote de pintura amarilla.
- ¿Se puede cambiar lo que se tiene por lo que se ha perdido?
- Es un planteamiento peligroso. Pero puede dar mucho juego. Uno podría entregar sus hijos a cambio de sus abuelos.
- Es muy fuerte, eso.
- Sí, por eso es peligroso.
- Mucho. Para el personaje, al menos.
- Podrías cambiar tu móvil por tus muñecas de cuando eras pequeña, también
- Mola. Eso mola.
- Pero eso es de la libre elección del que entra.
No tienes porqué despojarte de lo presente, aunque tienes que ser fuerte para cargar con tu pasado y con tu presente a la vez. Uno también podría ser otra persona distinta, una persona que podría haber sido y que perdió hace tiempo. Quién sabe, quizá van a parar al Forgotten Pub aquellas palabras que creíamos disueltas en la memoria y el tiempo. Aunque siempre cavilosamente ordenadas por el Viejo Buhonero o la señora basura...

Forgotten Pub

 

Se puso su mejor máscara (la más pequeña, la que le hacía ojos de gato y tenía una moneda de bronce fundida que había estado en la boca de un poeta muerto), y se perdió por los pasillos del local. Conocía bien aquellos pasillos, donde ella misma había colgado los cuadros y pintado las inscripciones, pero si quería podía perderse. Y ahora lo necesitaba, porque necesitaba recuperar algo perdido.
Al girar a la izquierda en un pasillo, se encontró en otro local. El título rezaba “Forgotten Pub”, y Vannoy entró agradecida. Sentada en una mesa estilizada, con su falda de tul negro y su peluca decimonónica blanca, estaba Madame H., fumando a través de una larga boquilla. Cuando exhalaba el humo, éste dibujaba interrogaciones y respuestas olvidadas.
- ¿Se puede cambiar lo que se tiene por algo que se ha perdido? –preguntó sentándose a su lado, con sólo su sonrisa por saludo.
- Una vez cambié una hoja de papel en blanco por una manzana con una adivinanza dentro. –Contestó Madame H., inclinando la cabeza.
- Una vez perdí algo. Me gustaría mucho volver a tenerlo. ¿Qué quieres a cambio?
- Poseer algo es peligroso.
Vannoy meditó su respuesta.
- Entonces no te daré nada. Te lo prestaré. Sólo será tuyo cuando tú lo quieras, y no siempre.
Madame H. se lo pensó unos segundos, o quizás pensaba en otra cosa completamente distinta..
- Las cosas que se tienen siempre que se quieren acaban haciéndose insoportables.

La recién llegada dedujo que había aceptado, porque aquello se parecía bastante a lo que ella había dicho. Mantener una conversación con Madame H. era como hacer juegos malabares con mariposas.
El camarero se acercó a ellas (un viejo buhonero, que iba mirando por los rincones y tenía tantos bolsillos en su ropa que era difícil decir si llevaba puestos unos pantalones y una larga chaqueta o una túnica desarrapada). Puso frente a Vannoy un vaso, y dentro encontró lo que había estado buscando.
Lo apretó fuertemente en su mano, y despidiéndose, salió del Forgotten Pub. Cuando giró el pasillo a la izquierda no pudo resistir la tentación de darse la vuelta. El letrero con el nombre seguí allí. Y allí estaría para cualquiera que supiera encontrarlo, entre los pasillos oscuros que ella había decorado hacía tanto tiempo. Había alquilado una parte de su local, las noches que Madame H. quisiera tener allí su puerta, y volvió a sus habitaciones con la sensación de haber hecho el mejor trato de su vida.

Como las rosas y Aristóteles


yo no puedo desaparecer
como lo hicieron las rosas y Aristóteles.


Ayer se le apareció un ángel disfrazado de humano. Lo supo porque sus ojos no danzaban al conversar y se hincaban en la retina, como el puñal de un océano.

“Si mañana murieras, -dijo- ¿qué harías hasta entonces?”
Sintió el cielo ligero sobre la cabeza, y se preguntó por qué no le aplastaban los astros que parecían flotar a tantos metros de altura, allá arriba; y por qué el aire no pesaba como si fuese un barro pegajoso sobre el que arrastrarse; y por qué el tiempo no dejaba de resbalar viscosamente y detenía sus fluidos para congelar la vida como si todo estuviese dentro de una fotografía.
Pero no supo qué contestarle. Miró el reloj. Había volado un día. Cuándo le pesarían los segundos, en qué instante se abofetería la cara por culpa de las horas malgastadas. Se perdía otra gota de su charco de mortalidad, y veía que sus células se enfurruñaban en el cuerpo. Había llegado tarde, había llegado tarde a todas partes: llegaba tarde a los segundos que se caían al suelo como vasos rotos; y toda la tierra estaba recubierta de cristales de momentos perdidos, sin amor, malgastados en intentos de forzar a la memoria y crear habilidades; momentos carcomidos por la preparación de una fama insulsa, desmerecida y peinada con gomina de supermercado.

martes, 27 de marzo de 2007

La ruta natural, de Álex Pastor

Alex Pastor (Barcelona, 1981), con esta obra maestra, ganó el premio al mejor cortometraje del Festival de Cine Independiente de Sundance. Invita a reflexionar sobre la percepción de una vida en clave palindrómica (un palíndromo es una frase o palabra que se lee igual al derecho y al revés, como el mismo título del corto). Lo comparto con gusto con vosotros.



Into my arms, de Nick Cave

El arte es la medicina del alma. Sobre todo cuando las circunstancias nos hacen enmudecer y Nick Cave dice aquellas palabras que nosotros quisiéramos. Un regalo para los momentos de suspensión melancólica.



I don't believe in an interventionist God
But I know, darling, that you do
But if I did I would kneel down and ask Him
Not to intervene when it came to you
Not to touch a hair on your head
To leave you as you are
And if He felt He had to direct you
Then direct you into my arms

Into my arms, O Lord
Into my arms, O Lord
Into my arms, O Lord
Into my arms

And I don't believe in the existence of angels
But looking at you I wonder if that's true
But if I did I would summon them together
And ask them to watch over you
To each burn a candle for you
To make bright and clear your path
And to walk, like Christ, in grace and love
And guide you into my arms

Into my arms, O Lord
Into my arms, O Lord
Into my arms, O Lord
Into my arms

And I believe in Love
And I know that you do too
And I believe in some kind of path
That we can walk down, me and you
So keep your candlew burning
And make her journey bright and pure
That she will keep returning
Always and evermore

Into my arms, O Lord
Into my arms, O Lord
Into my arms, O Lord
Into my arms

Y todo sigue

Todo me recuerda a ella. Camino por un mundo sobre el que ya no respiran todos los seres que amo. Su dulce voz es tan vívida en mi mente y, sin embargo, todo apunta que no, que esto no era una pesadilla, que se ha ido y no sé cómo demonios encontrarla, porque el silencio de la ausencia es inminente.Todo sigue, ¿verdad?

Los últimos días en el hospital me decía que nos estábamos convirtiendo en mujeres sabias, que nuestra vida había sido muy intensa, que teníamos más de los años que teníamos. Eso me conforta porque sé que se ha marchado con todas las lecciones aprendidas. De todos modos, ella sabía más de lo que yo podía saber. Por eso, ella se ha marchado, y yo sigo aquí, caminando por las mismas calles de siempre.

lunes, 26 de marzo de 2007

Hechizo para resfriar a la tristeza



Hace un par de años, confeccioné el collage de allá arriba para colgarlo en el lavabo al lado del w.c. La gracia del mismo era meditar en cosas abstractas mientras uno se sienta en el trono que a todos nos iguala. (Una buena idea al parecer, para entretener a aquellos hartos de leer los reversos del champú mientras están allí iluminándose).

Mi doble con sentido común, tal vez, escribió en la parte trasera del mismo lo que podéis leer allá arriba con mi letra manuscrita. Una especie de antídoto contra la tristeza, una fórmula para ahorrar dinero en psicólogos cuando fuera conveniente:

"Cuando estés triste, haz lo que nunca hayas hecho.
ves a donde nunca has ido,
habla con quien nunca hayas hablado."

Ayer por la tarde fue a parar a mis manos aquella frase. Hoy estoy enferma de anginas y, dentro de las limitaciones del reposo, he hecho algo que nunca he hecho: gárgaras con vinagre.

Nota: Las embarazadas no podemos medicarnos y nos inventamos cosas raras para curar nuestras enfermedades.

sábado, 24 de marzo de 2007

A Alice Vannoy






Una tarde, Alice Vannoy me dijo que la Muerte era encantadora, sobre todo para los que leen los cómics de Neil Gaiman. Cuando salíamos de fiesta, a menudo vestía como ella, con un sombrero de copa. Ahora deben de estar charlando, mientras toman una copa en el Séptimo Infierno.

Cuando su cuerpo ha expirado, yo llevaba puesta la última máscara que me regaló ("Las máscaras revelan más que los rostros", solía decir), y he tenido la sensación de que otra vez se cernía una secreta complicidad entre las dos. No podéis ni imaginar cómo amo a Alice Vannoy, lo afortunada que me siento de haberla conocido. Viviré, como tantos otros, para honrar su memoria y seguramente volveremos a encontrarnos en los secretos que compartíamos, porque Alice es otra coleccionista de secretos, de la que yo me declaro fiel aprendiz.

Alice Vannoy y yo íbamos al bosque a hacer rituales mágicos para salvar a la gente. Ella veía historias en las cartas de Tarot y yo recorría, más bien, las páginas de los clásicos de la Teosofía. De todos modos, estoy convencida de que ahora debe de estar explorando su nuevo mundo y que, por la noche, charlaremos en sueños para explicarnos qué tal ha ido la jornada.

El duendecito conocerá sus historias y, si es niña, se llamará Alicia en su nombre. Será seguramente muy feliz, porque así lo visualizamos una tarde a la luz de unas velas. Por otra parte, veo con claridad el día de la presentación de su libro, que Nihm y la Nena Rara nos encargaremos de editar, con todo el amor y rigor filológico del mundo. El Yebra leerá fragmentos en sus clases.

Quiero deciros que hoy doy gracias al mundo por haberla conocido y que, como ella me pidió, no voy a desesperar por su ausencia (sería un acto egoísta) y voy a enviarle todo mi amor y buenos deseos, esté donde esté. Por otra parte, prometo seguir estudiando magia y ocultismo, para sentirla más cerca y poder charlar con ella tranquilamente por las noches. También prometo contribuir a la creación de nuevos mundos y llevar a la tierra el milagro de sus hermosos pensamientos, visitar las tiendas de máscaras y mirar de vez en cuando a través de los caleidoscopios. Correr por el bosque y viajar a los lugares a los que siempre quiso ir, leer los libros que adoraba, escuchar los temas favoritos y ver aquellas películas emblemáticas. Estar cerca de su universo imaginario, el que ambas compartíamos con complicidad alegre.

La Teosofía dice que Alice Vannoy sigue ahi, que es más feliz que nunca porque está en un mundo donde la imaginación tiene poderes sin límite.

Te quiero, Alice. Espero que, como buena amiga, me expliques qué hay después de la muerte. Haré lo posible para darte tranquilidad y alegría.

Y, bueno, ya sabes, tarde o temprano, nos reuniremos. Y a ver qué tinglado tienes allá montado, nena traviesa.

domingo, 18 de marzo de 2007

"Natura morborum medicatrix" (La Naturaleza cura las enfermedades)


En los cuentos de hadas, las princesas enfermas acaban curándose porque un príncipe inquieto y enamorado consigue un brebaje mágico que le acaba devolviendo la sonrisa. A veces, la vida real es mucho más cruda, pero a mí me gusta creer en historias de este tipo, y más aún cuando el jarabe mágico no presenta efectos secundarios.

Todo sucedió una noche de insomnio. Busqué en el oráculo google "Cura contra el cáncer" y salieron varios artículos que hablaban de un monje franciscano brasileño, Fray Romano, y su milagroso ungüento para combatir el cáncer. Si son beneficiosos los zumos naturales, por qué no. Una vez pasé un mes bebiendo zumo de Aloe Vera y lo cierto es que, purificador y saludable, es.

A Alice Vannoy le encantan los cuentos y tal vez se cure como esas princesas enfermas, con una receta sencilla, al alcance de mis plantas domésticas.

"Una receta excelente para uso interno elaborada por un monje franciscano brasileño, Fray Romano, es la siguiente:
1/2 Kg. de miel pura de abeja
2 hojas grandes o 3 pequeñas de Aloe Vera peladas
3 cucharadas de coñac o whisky o tequila o aguardiente
Se muele todo en la batidora y se toma 1 cucharada grande 3 veces al dia, 15 minutos antes de cada comida, durante diez días.
Agitar el frasco antes de usarlo, y es mejor haber pasado varias horas en ayunas antes de tomarlo con el fín de que el medicamento pueda entrar facilmente en todos los tejidos del cuerpo.
Purifica la sangre lentamente en 10 días.
Si después salen abscesos en la piel es buena señal. La sangre se está purificando. No alarmarse si hay que visitar el cuarto de aseo.
Se puede repetir varias veces la cura.
Esta receta la suele recomendar para enfermos de cáncer."

"El aloe ayuda a prolongar el tiempo de supervivencia y a estimular el sistema inmune de los pacientes del cáncer, según una investigación reciente. Un estudio de 1994 publicado en el diario médico japonés Yakhak Hoeji, indica que ratones con tumores cancerosos fueron tratados con aloe oral durante 14 días con sorprendentes resultados. Un experimento simultáneo en células humanas con cáncer encontró que altas dosis del áloe suprimieron perceptiblemente el crecimiento de estas células cancerígenas."

viernes, 16 de marzo de 2007

Los manuscritos de Tomboctou


Siempre seré una exploradora. Exploradora del mundo que me rodea, de las posibilidades de la mente, del milagro de la naturaleza y, sobre todo, de los nuevos paisajes y los libros perdidos del mundo. Merece seguir viviendo por Curiosidad, como decía una vez mi amigo y maestro Virgil Ani. De hecho, la Curiosidad ha impedido el suicidio de grandes hombres y mujeres. Pensar que siempre hay sorpresas ocultas y, tras una búsqueda obcecada y casi religiosa, encontrar el tesoro, es una de las sensaciones más confortables y maravillosas que puedan experimentarse. Yo ando experimentándolo modestamente con mi querido cuatro ojos (Quevedo, el dios penate de mi biblioteca).

A menudo visito este link y se me cae la baba y me entran ganas de aprender árabe. (Para el sánscrito ya está mi amigo Aleix, que anda en la India desde hace un tiempo y que nos proporcionará una traducción digna del Mahabbarata, tarde o temprano.) Os invito a todos a hurgar cuando gustéis:

http://www.sum.uio.no/research/mali/timbuktu/research/index.html


Este link es uno de mis marcadores incondicionales, y lo visito casi de manera obsesiva cuando necesito evadirme de las multas y la contaminación medioambiental. No está mal coleccionar horizontes.

jueves, 15 de marzo de 2007

Vulgares coleópteros

(Fotografía de Marçal Font, de su serie Carteles)

Hoy no debía haberme despertado.

Hay días como éste en los que las hormonas no nos dejan dormir, nos despertamos a las cuatro de la mañana, al coche se lo lleva la grúa (115 euros) y encima hay una multa de 90 por haber aparcado en zona azul sin saberlo (porque aparcamos de noche y la línea azul estaba descolorida). Total: la polis nos multa 205 euros por nuestro vetusto pero fiel Citroen AX, a nosotros, que no llegamos a los 1000 euros mensuales, que todavía no habíamos pagado el alquiler y encima estábamos contentos porque cantamos canciones en la ducha y disfrutamos gratis del cariño de nuestros amigos. Pero entonces, claro, nos topamos ante la prepotencia administrativa, que nos "ha de castigar" por aparcar donde no debíamos. Un despiste que cuesta más de una cuarta parte de nuestro sueldo. Gilipolleces arbitrarias de esta sociedad, bagatelas hirientes.

A menudo, no comprendo muchas de las cosas que me rodean. Son simplemente injustas. Estamos ahorrando para nuestro bebé y una multa nos roba la comida de un mes.

Es cierto: hay más años de prisión por piratear CD's que por robar un coche.

Leo en el periódico, la mayoría absoluta del PP de Castilla y León se inventa una ley para construir 800 chalets en un suelo protegido a orillas del Duero. Y encima, el proyecto urbanístico se llamará "La Ciudad del Medio Ambiente". La Fundación ARED de reinserción de mujeres privadas de libertad sale por T.V., pero para salvaguardar los infortunados comentarios escatológicos de Mercedes Milà. Cada vez los periodistas están más podridos por la noticia morbosa: da asco ver los telediarios de ahora, tan manipulados por la facción política y los intereses económicos. Una vez, salió la casa de unos colegas de la Zaza en el periódico y decía en el titular que los habitantes del immueble eran heroinómanos. Imagináos la perplejidad de los pobres chavales, que abominan el caballo. Sin poder defenderse de esa bestia ignorante que les acusa con su dedo moralista y falsificador, sólo porque tienen "pintas".

Y así va el mundo. Los que somos pobres (y eso incluye a los investigadores universitarios hijos de proletarios, como una servidora) no podemos fallar nunca, o nos quedamos sin pan. Los ricos, en cambio, además de ofender con su idiotez pública convierten el mundo en su propia pocilga y luego se compran hectáreas vírgenes para tener más vertederos para sus plásticos y heces consumistas.

¡Malditos burocratizadores de la vida!
¡Vulgares coleópteros!

martes, 13 de marzo de 2007

Declaración de principios


[Fragmento de una carta olvidada que escribí hace dos o tres años, encontrada en el baúl de los disfraces de Micorsoft Word.]

Primero: es verdad: la escritura es el gran monólogo sin interrupción. El interlocutor calla. Su única manera de protestar es dejar de leer. Llevo las blancas, otra vez. Así que empiezo:
No es un mal diagnóstico: enfermos de literatosis (¡bendito sea Onetti!). Y esta infección del alma es extensible a cualquier tipo de arte (¿artosis? ja,ja) . Si no hay arte, no hay vida. No una que merezca la pena. No. Para nada. No. Lo que sucede, sin embargo, es que muchos monos de nuestra especie han clasificado mal, han señalado fatalmente con el dedo aquello que pertenece – digamos, refinadamente, como lo haría un Kant iluminado - al ámbito de lo bello y lo sublime. Pero, ¡es mucho más! ¡el saco es enorme! Decía Baroja en el “Prólogo casi doctrinal sobre la novela” de La nave de los locos que la escritura es un oficio en el que no se utiliza el metro (de medir, se entiende): no hay precisión; todo es maravillosamente “a ojo”. Todo es materia de ficción, todo puede ser sueño si es contemplado con ojos de sonámbulo. Una cuestión de perspectivas. Una mente convencida puede transformar el contexto que la envuelve a su antojo; una mente convencida puede hipnotizarse y autoimponerse un destino, una tendencia, una línea. Me refiero a un engaño eficaz, sin vuelta atrás. Una mentira de fanático.
El arte es la mentira que desenmascara a la verdad, decía más o menos Picasso. Llevo bastantes años (dos o tres, digamos, cuando abandoné o enterré un poco mi ingenua e infantil convicción de que tenía poderes sobrenaturales) buscando una buena mentira. Una mentira bien argumentada, o al menos bien vestida. Una mentira luminosa, atrayente y original. Quiero esa mentira. Quiero la mentira maravillosa. La quiero para tragármela, para engullirla, para servirla como a una Orden de Caballería o Código de Honor. Quiero la mentira sublime, la mentira que sonríe como si fuese real, la mentira que pone cara de autenticidad sólo de vez en cuando. ¡La necesito! ¡Necesito la mentira, la mentira, la mentira! Quiero creerme la mentira para poder vivir un poco, sobre una base algo más sólida que las arenas movedizas de mi pobre tarro dubitativo. Pocas personas entienden esta sed. Claro. Es comprensible. ¿Qué clase de loco se autoconvence de que sólo se puede creer en mentiras? ¿Esto es un síntoma de literatosis? ¿Existe medicina? ¿Existe un médico especialista?
La literatura también tiene sus contraindicaciones. Azorín, en Diario de un enfermo, señala el estado de abulia de un pobre hombre que se lamenta de “ser vivido”, de respirar a través de biografías y/o aventuras ficticias, de novela, que no son las suyas. Claro…¡uno no puede vivir encerrado en sus cuatro paredes! (Aunque a veces no hay abrazo más gratificante que el absoluto destocar del mundo). Cuando conocí a Antonio Rabinad, me dijo (y entiendo que lo hizo con galantería, pero no dejó de sorprenderme):
“Me extraña que malgastes tu juventud leyendo; y más siendo bella.” Y entonces pensé: “Y usted qué quiere, ¿que me haga puta y folle con todos los hombres hasta saturar mi belleza?” No le dije eso, claro, pero seguro que me notó molesta (a mí siempre se me notan estas cosas ¡maldita sea!) y entonces añadió: “No me hagas caso, pero es que me extraña que lo bello pierda el tiempo embelleciéndose”. A lo que yo respondí: “Primero, lo semejante conoce a lo semejante, según Platón; segundo, no contribuya usted más a inflar mi insaciable vanidad femenina: por culpa de personas como usted me estoy volviendo una asquerosa egocéntrica”. No te creas: a Rabinad se le puede hablar de este modo. Hablarle de otra manera (seguramente, insincera) es como insultarle. Rabinad es un hombre satírico hasta la médula; en el fondo es un viejo diablo, ha vivido de todo, tiene una guerra civil encima (como tantos otros); tiene el recuerdo de los prostíbulos, el exilio, la literatura mal pagada y una condición de outsider insobornable. En lo que a lo otro se refiere, es verdad que doy asco, que es insoportable, que quiero mutilarme el yo de una maldita vez. Pero es difícil en este contexto, donde cualquier cosa siempre es sometida a un juicio de valor, y a mí siempre me tocan las lisonjas estúpidas por no sé cuales virtudes valoradas (no entiendo por qué los demás valoran aquello que sólo es un terco desdeño hacia lo convencional).
***
Más: Lo que creemos ventanas, en ocasiones son sólo espejos. Creemos que leyendo/ escribiendo nos curaremos. ¡Falacia! Nos hipersensibilizamos, tomamos consciencia de que ¿pensamos?
Utilizaré de nuevo esa palabra: “destocar”.
Me digo a mí misma: Si lo mejor está en los libros, si yo sólo quiero contemplar el mundo, si la felicidad no está en el imperativo; dejadme en paz.
No lo entienden. Se acercan con los brazos abiertos, con sus Biblias, con sus palabras de Amor, con sus cantos y sus colores; se acercan con los zapatos nuevos, con “tu comida preferida”, se acercan con “un billete de veinte euros para que te compres todo lo que quieras”; se acercan con sus bultos familiares y cariñosos, ¡tan afablemente, tan monstruosamente humanos! ; se acercan, a veces disfrazados de amigos, de profesores, de padres, de hermanos, de amantes, de curas, de chiflados, de mecánicos, de albañiles, de…
Y, monstruosamente, con la misma monstruosidad (valga la redundancia), les miento. Me quedo quieta. Soporto estoicamente el abrazo, me como estoicamente su comida, quemo estoicamente su dinero con productos que me interesan/entretienen. Soy buena hija, hermana, amante, estudiante, transeúnte; soy buena desconocida, buena mujer, buena hembra…Monstruosamente pienso todo esto, monstruosamente no me dejo arrastrar por ese manual de instrucciones que dice: “estás acostumbrada: tú eres así y tienes tales botones y engranajes y circuitos en el cuerpo; funcionas de tal manera y te concibieron para esto”.
Luego viene alguien como tú y me dice, con gesto de genio de lámpara maravillosa: “¿Qué deseas?” Y ni siquiera tengo referentes externos para formular el deseo. Quiero crear mi propio deseo. Sólo la creación me alienta. Sólo ella surge de mí.
Espera. Sé lo que piensas. Lo sé: exagero. Todo es más sencillo. Vives, te tocan, y no te das ni cuenta. Por otra parte: “¿por qué te molesta? Si no hay nada de malo en ello…”
- ¡Piensas demasiado!
- Y qué hago, ¿si no?
- Siente.
Claro…Pues dame un puñetazo en la cara y sentiré.

Y ahora es cuando te hablo a ti, directamente.
(Claro, indirectamente: ¿o acaso me tienes delante? Todo es pura imaginación. Quizás te imaginas mi voz o visualizas mi cara (¿Cómo? ¿Te acuerdas de ella? ¿Y en qué postura? ¿De perfil, de frente, mirándote a ti o hacia otro lado? ¿Qué fondo: noche, día, atardecer…?ahhhhhh ¡dichosa curiosidad! si no fuese por Curiosidad no sé bajo qué lápida me arroparía) mientras descifras estas patitas de mosca).
¿Qué decía? Ay, me he ido.
La Parra. Señora Parra con sus uvas y su vino en potencia.
¡Alabado sea Dionisos!
Continúo:
¿Qué espero, en fin, de las cosas?
¿Te hablo del futuro?
(¿Ni que sea para cotorrear durante unas líneas? ¿Por puro horror vacui? )
De momento: Sólo quiero crear. Crear. ¡Croar!
Para qué: para no aburrirme. Quiero saciarme con mis manos. Quiero transformar.
Crear es transformar lo inanimado y dotarlo de trascendencia.
Quiero eso: quiero que las piedras se enamoren. Quiero que los yunques dancen.
Quiero que lo muerto viva.

El cuento de los niños que aún no sabían escribir


Esta historia me la explicaron un grupo de niños minúsculos la primera vez que hice de cuentacuentos en la biblioteca del Pepo, o "Sala de Lectura del Clot". Al final de la sesión, cuando les puse el sombrero y la capa mágica, me contaron entre todos esta fascinante historia surrealista, que trasladé a la escritura para que no quedara en el olvido.

Érase una vez un hombre que iba paseando por el cielo. Siguió el caminito hasta la cueva de su abuela. Pero llegó una nube y se lo tragó. Y después lo llovió. Entonces el hombre se cayó al suelo y se convirtió en hormiga. Y tenía que cazar para sobrevivir. La hormiga es tan pequeña que la pisas y no la matas, porque atraviesa la suela del pie como si pasara por debajo de un puente. Pero a esta hormiga se la comió un niño. Y después la lloró.

(Foto: Magadespistada versión playmobil junto al "Libro volador", escultura papirofléxica de la Nena Rara)

Diferentes rostros del diablo




Giovanni Da Modena, William Blake, Gustav Doré. Diferentes rostros del diablo, que era, sin duda, más temible, en 1410.

Poema del ateo


Mis plegarias son tan antiguas
que todavía no existen.
Cuando lo que quería decirse
parece haberse gastado con las lágrimas,
llegan el café y los cigarrillos.
Así transcurre la tarde
serena y estúpida.

Libropesía

Historia de una librópata y de su trágico desenlace .

Mary Metacrilato descubrió una tarde que llevaba toda la vida con una enfermedad a cuestas: la libropesía. Cuando estaba en su casa, existía una extraña fuerza que le impedía salir afuera. Llegaba a la calle confusa y desorientada, con poco apetito de exterior y no podía coordinar sus pies para que caminaran con ritmo, sino que cada pisada era un enorme descompás. La melodía de los andares sonaba pero ella la juzgaba tan poco compenetrada con su estado de ánimo que se preguntaba una y otra vez si algún libro le mostraría esa partitura, para ensayarla una y otra vez y no desvalijarse en el asfalto.
La mirada distraída de los otros transeúntes la horadaba, porque esos ojos hacían evidente su existencia. Y ella temía que no estaba cumpliendo con el rol de su juventud. Había una fuerza secreta que no se liberaba. Algo le impedía ser feliz y respirar liviana la grandeza de la vida y del cosmos. Se imaginaba a sí misma como otro personaje ficticio, y entonces se apresuraba a cerrar el libro de su propia vida, con un vértigo inesperado. Buscaba pureza, tal vez, alguien que le hablara como los cuentacuentos de su infancia, esos locos serenos con sombrero de alas que van de pueblo en pueblo y nunca se afeitan la barba. No los buscaba por sexo, sino para conversar con ellos. La agorafobia de Mary Metacrilato se debía a que no encontraba personajes sonrientes ataviados por la fantasía, con la voz serena y palabras sobre visiones y vivencias maravillosas. Cuando sentía a alguien como un absoluto capullo se entristecía en vez de descoyuntar la idiotez con un insulto y un desaire adecuado.
Suponemos que todo era una mezcla de cobardía y desazón. Había leído largos y grandes parlamentos con la luz de una linterna. También había leído tirada por los suelos de cualquier metro cuadrado de su casa, de los parques, de las playas periféricas. Luego salía hacia afuera del libro y pretendía seguir leyendo las gentes, el mundo, los colores mudables del cielo en función de la altura del sol o de la luna. Pero algo la detenía. Porque entonces precisaba el leerse a sí misma en movimiento, y eso le despertaba un pánico absoluto. Pensaba que si llevara una vida acorde con la trama perfecta, tendría que ser amoral y malvada, y a la vez genial y misericordiosa.
Cuando Mary Metacrilato leía buscaba siempre argumentos insólitos, aventuras y deseos imposibles. Luego, desesperaba al ver que el guión de su existencia apenas tenía mérito en sí mismo. No entendía cómo podía ser que amara tanto a la gente y que no pudiera, si quiera, lanzarse a la calle como una aventurera indomable. No sabía cómo podría reconciliar su salvajismo interior con la imagen de mujer ensimismada y estudiosa que, por discreción, se había forjado desde su temprana adolescencia.
De todos modos, no era cierto del todo, aquello. Mary Metacrilato alguna vez había salido disfrazada por las noches, con la cara manchada con reclamos tribales y una prepotencia desmesurada. Había charlado con cualquier desconocido como si fuera una heroína de cómic, se había llamado de cualquier manera, pero sólo había conseguido que algún crédulo carente de imaginación- que no la comprendía- le pidiera el teléfono. Y ella lo había hecho añicos en la primera papelera que encontraba, y se había ido a la orilla del río para llorar y fumar cigarros hasta que se desmayaba por empacho de humo. Necesitaba fuerza de voluntad para descubrir por qué todo su pasado la lastraba, por qué la soledad incisiva -y la sensación de ostentar demasiada literatura inservible- sólo le liberaba en solitarios e impulsivos viajes que acometía con el pretexto de su búsqueda de manuscritos inéditos y raros por el mundo. Cuando viajaba, entonces, no temía nada, porque ya no estaba en su casa, con libros ni con personas que le arrastraran a ser la princesa lánguida de los cuentos.
Pero un día sucedió algo. Todo tenía que cambiar. Ejecutó un metódico plan para desterrar de una vez su librodependencia. Empezó ordenando su armario y compró litros y litros de zumo de naranja. Se dio una buena ducha y cuando ya estaba vestida con una ropa cómoda y a la vez sugerente, se sentó en su sofá de leer y en vez de coger un libro con las manos, encendió el televisor y vio el partido Barça –Madrid. Desde aquella noche, fue poco a poco adquiriendo los hábitos del resto de la humanidad. Sus libros se llenaron de polvo. Se convirtió en una persona tan normal y corriente que su historia dejó de ser única e irrepetible. Tediosa, dejé de escribir sobre ella. Mary Metracrilato volvió a llamarse Ana González y sus ojos desterraron aquel brillo de página en blanco.
(Cuadro: Arcimboldo, El Bibliotecario)

domingo, 11 de marzo de 2007

Crisopeya

Recomiendo un link valioso para cualquier aprendiz de brujo, que contiene textos alquímicos relevantes para aprender a fabricar el oro.

http://www.levity.com/alchemy/home.html



sábado, 10 de marzo de 2007

Melancolía


Este grabado de Durero siempre me ha sobrecogido. Un ángel melancólico con las alas plegadas, rodeado de objetos geométricos y de precisión arquitectónica con su respectiva simbología (la esfera, el compás, la balanza, un reloj de arena, la tabla numérica), mira al horizonte como si tanto rigor conceptual no acabara de interesarle. No se le ocurre subir por la escalera mística que está a su derecha, ni tan siquiera le fascina la filosofía oculta de Cornelio Agrippa. Robert Burton (1577-1640) habla de la Melancolía I en su libro Anatomía de la Melancolía (1621), cuya lectura no tiene desperdicio.

Y, por cierto, vemos uno de los mejores comienzos que recuerdo en su prohemio, de "Un nuevo Demócrito al lector":

"Amable lector, supongo que sentirás gran curiosidad por saber qué bufón o actor enmascarado es el que se presenta tan insolentemente en este teatro del mundo, ante los ojos de todos, usurpando el nombre de otro".

Maldito sentido común



Y, de repente, un día soleado ya no es un día soleado. El amor se convierte en una daga cruel y destructiva. Y de la rabia ruedan las lágrimas ansiosas de otro mar más profundo, de más confusa e impredecible marea. Pasas por mi lado y yo paso por tu lado y estamos abiertos en canal. Los barrotes de la prisión son las greñas negras cayendo sobre el rostro o la puerta forjada en hierro de un ascensor vetusto. Me he convertido en una bestia humana que gime, y estos gemidos son también absurdos. Entonces, de súbito, mira: qué sombrío día soleado. Mira la calle ancha, los demás bípedos caminadores, el capricho daltónico de los semáforos. Mira las acacias bamboleándose, la risa impoluta de algún niño, la queja silenciosa del viejo encorvado. Mira qué simples e idiotas los que no llegarán a enamorarse nunca: esos encorbatados con maletín de mano, los fashions más pendientes de sus pantalones nuevos que de la tiniebla de sus miradas opacas, las marujas acostumbradas a una hostilidad que ellas mismas promueven con su histrionismo mártir. Y, ahora, mira nuestro reflejo en los escaparates de las tiendas: qué simples e idiotas mocosos románticos, aplastados por la insolente vulgaridad de una tarea doméstica o un objeto cotidiano. Qué gilipollas inadaptados, sepultados por los yunques de Liliput. No en vano los monstruos más temibles son de tamaño microscópico. Maldito sentido común.

(Cuadro: Albert Dürer, Esqueletos bailando)

viernes, 9 de marzo de 2007

En el útero materno


Aquí está mi querido duendecito, la pletórica àvia acaba de enviármelo escaneado.

Si clickáis la foto la podréis apreciar con más detalle. La primera ecografía fue intravaginal. Los amigos y familiares que la han visto ya empiezan a especular sobre el sexo del bebé. ¿Corre alguna porra por ahi? Aquí tiene 12 semanas y media, es realmente milagroso que se esté haciendo tan bien. Por suerte, la naturaleza es sabia y no me obliga a tomar conciencia de su construcción y andamiaje. Me lo dicen muchas madres sonrientes "¡Suerte que no lo tengo que hacer yo, con lo mal que dibujo!" Entonces los hijos de artistas plásticos serían más guapos. O no, quién sabe, tal vez el arte abstracto habría convertido al ser humano en un extraño plasma sensorial. Si la tesis doctoral se escribiera con esta naturalidad, el mundo estaría lleno de catedráticos de Universidad. Por suerte, para hacer las cosas más importantes de esta vida, basta confiar en nuestro libro genético, y no en el préstamo bibliotecario.

Ya se distingue su silueta. Es un Pulgarcito, otro astronauta más en el útero materno, donde dicen que se está bastante a gusto.

¿De qué color tendrás los ojos?

Magia contra las adversidades


Te imagino, Alice, bailando en la oscuridad, con un vestido negro que corta la respiración y tu larga cabellera azabache.
Brindo por ese día en el que volvamos a emborracharnos.


"Fui a los bosques porque quería vivir a conciencia, quería vivir a fondo y extraer todo el meollo a la vida; dejar de lado todo lo que no fuera la vida, para no descubrir, en el momento de la muerte, que no había vivido."

(Henry David Thoreau - Walden)

jueves, 8 de marzo de 2007

Secretum



¿Alguien sabía que Petrarca tenía un secreto? Escribió un librito para sí mismo, no para alcanzar la gloria entre su público lector. Acabo de leer la primera edición de su Secretum (traducción y prólogo de Xavier Riu. Barcelona: Cuaderns Crema, 2004).

"Tú, pues, librito, huye de la compañía de los hombres y confórmate con quedarte conmigo, acordándote de tu nombre. Eres mi secreto y así te llamarás; y cuando yo esté ocupado con cosas más altas, así como a escondidas has registrado tus palabras, a escondidas me las recordarás."

Ese secreto me recordó mucho a La consolación de la filosofía de Boecio y, de hecho, tiene el mismo filón de estoicismo reflexivo. Recuerda que vas a morir, medita sobre la inminencia de tu mortalidad y cuán vanas son las cosas pasajeras. Petrarca, en el diálogo imaginario con su maestro San Agustín (de quien ha leído las Confesiones y La ciudad de Dios), concibe una especie de vademecum existencial, desentraña el error de sus pasiones más profundas y, en presencia de la Verdad, intenta derribar los muros y falacias de la gloria y el amor mundano. El libro se pone a punto de caramelo cuando vemos a San Agustín dándole consejos a Petrarca para que se desenamore de Laura, que le ha hecho perder demasiado el tiempo y le ha encendido pensamientos lujuriosos. La musa no queda muy bien parada, que digamos.

De todos modos, hay un momento para cada lectura. Ayer, al terminar el libro, me dio el telele de los estoicos. Digamos que no es muy sano pensar: "¡Es verdad! ¡Todos moriremos!", porque ni siquiera hoy en día tenemos del todo el consuelo de la religión. O al menos yo, que sólo alcanzo a creer, muy paganamente, en el culto a la madre Naturaleza e intuyo vagamente algunos preceptos teosóficos y wiccanos.

Elogio de la virilidad



Amo la semilla de la tierra, el polen volátil y fecundo, el monolito que asciende hasta los rayos del sol, la voz grave y profunda, las espaldas atlánticas, el miembro erecto en descontrol, la adrenalina pujante, la pasión inyectada en los ojos y su fiera ternura.

Amo al hombre viril, a Ulises valiente en medio de océanos aciagos, al Doríforo de olímpica serenidad, a Shakespeare travestido entre bastidores, a Quevedo en su cojera existencial a la deriva , a Orfeo atravesando el infierno con su cítara y a Enkidu gozando de Shámskhat durante seis días y siete noches.

He visto vuestros ojos brillantes en medio de noches muy oscuras, he bebido con vosotros cerveza y he reído a carcajadas hasta el amanecer. Habéis bailado conmigo por las calles, me habéis dado hombros inmensos en los que llorar y echar la siesta y, alguna vez, me habéis enamorado hasta el insomnio y la locura.

¿Qué sería del mundo sin vosotros y vuestra seducción? ¿Quién habría construido un templo en mi útero, delta edénico de nuevos mundos? ¿Dónde cantarían los himnos atávicos, y lucirían los colores exhuberantes de la fertilidad, y bailarían las sinuosas danzas lunares del embrujo?

martes, 6 de marzo de 2007

La vella cançó del món

"Amb tu fruirem i farem festa."
Salomó, Càntic dels càntics.


Encara no has nascut,
i ja bategues.
No ets l'ocell penjat
pel seu propi vol,
ni el somiatruites
amuntegador d'arcans
atzarosos.
No ets el no-res
demanant disculpes,
ni la por
encenent-se una cigarreta
a la cantonada.
Ets, al contrari,
la vella cançó del món,
de bellesa simple
i contundent.
Ets, potser,
l'antiga espurna
dels caçadors-recol·lectors.
Una llavor dins del Sol.
Un gemec de sang tèbia.
La promesa
de sis-cents colors.
L'oïda xisclant com la llengua,
la llengua escoltant com l'oïda,
el verge llibertinatge:
una claror a les fosques.

(Avui ha estat la primera ecografia.
Transcric un poema perquè no tinc paraules ara.)

lunes, 5 de marzo de 2007

La Ira de Zaza



Foto de la Ira, la perra punky más entrañable del mundo. In memoriam.


Zaza significa Esperanza. La mirada brillante de una niña extasiada de imaginación, mientras contempla las manos mágicas de alguna tata chalada. Las nubes cuando están a punto de llover, y todo el cielo parece el humo melancólico de algún ángel rebelde que fuma para tranquilizarse. O también una buena oleada de música que surca el viento como si cabalgara pegasos. Una dosis de notas multicolores que estallan en los tímpanos de los Aburridos. Y entonces, los Aburridos dejan de ser ciudadanos grises y monótonos, y poco a poco, se les caen las escamas de sapos bobos al suelo y les salen unas alas gigantescas por la espalda. Y los Aburridos escupen a las estrellas, y recogen su polvo como si fueran ceniceros de luz, y bailan al fin como los indios a la lluvia en la época de la inclemente sequía.

Salir del blanco y negro


Este pequeño sketch fue concebido como un ritual de "coloración" de los ánimos melancólicos de unas fiestas de Tárrega.

En el centro del escenario hay un taburete negro plegable. Sobre éste apoya uno de sus tacones LA MUJER EN BLANCO Y NEGRO. Ésta lleva un sombrero negro, una blusa negra a rayas blancas, una corbata blanca y unos pantalones blancos y negros. - Aunque el espectador no la vea, su ropa interior es importante, porque describe un estado de ánimo que no muestra: observamos un sujetador militar y unas bragas con arañas dibujadas (algo guerrero y psicodélico). Tiene la cara pintada de blanco, como un mimo, con lágrimas negras. Lleva, asimismo, un collar de perra -tamaño coker-. Parece triste. Se enciende un cigarrillo, contempla fijamente la llama y da caladas largas y melancólicas. Suspira profundamente.
Hay, por otra parte, dos pequeñas montañas a su izquierda y a su derecha. Son, en realidad, el MAGO y la MAGA DE COLORES, que duermen bajo sendas sábanas blancas. -Aunque tampoco lo vea el espectador, bajo cada sábana hay tres botes de pintura con los colores primarios; la pintura será mezclada con aceite para no hacer agresivo su uso posterior. LA MUJER EN BLANCO Y NEGRO tira al suelo un papel que saca de su bolsillo, después de intentar leerlo en voz alta (sin éxito).
De súbito, sale la MAGA DE COLORES que parece despertarse, desperezarse de bajo la sábana. Su pelo es azul, va peinada con diversas trenzas. Lleva medias a rayas de colores y un vestido lleno de piezas de puzzle. Sonríe de oreja a oreja. Bosteza, se estira y, pasando por detrás del taburete, despierta a su compañero, que va vestido como un duende risueño. LA MUJER EN BLANCO Y NEGRO continúa ausente, fumando, con la mirada fija en el vacío.
Ambos magos se dan cuenta de la tristeza de la MUJER EN BLANCO Y NEGRO. La MAGA recoge el papel que hay en el suelo, se acerca al público y lee (mientras lo haga, la MUJER EN BLANCO Y NEGRO gestualizará sus sentimientos, que estarán reflejados en el papel):
MAGA: " Abril es el mes más cruel..."
LA MUJER EN BLANCO Y NEGRO saca de su bolsillo el arcano mayor del LOCO del tarot de Marsella. Lo coge el MAGO y dando saltos lo muestra al público. La MAGA continúa leyendo mientras prosigue la mímica de la MUJER:
MAGA: "Me duele el estómago, y me duele la cabeza, y me duelen los labios."
El MAGO se acerca a la MUJER y le sonríe abiertamente para animarla. Ella gira la cara y da otra amarga calada a su cigarro. Se quita la cadena que lleva atada a la cintura y se la ata al collar de perra tamaño cocker.
MAGA: "Soy una perra de mi propio destino. Me siento atrapada en un laberinto en blanco y negro."
Los dos magos se conmueven. La MAGA le quita el sombrero a la MUJER y se le suelta la melena. Acto seguido, ésta empieza a hacer malabares ante ella para que se divierta. La MUJER la mira con incredulidad y sigue fumando, sentada en el taburete.
Se sucederán una serie de espectáculos, mientras la MUJER contempla. (Caben malabares, recitales, música y lo que la improvisación permita.).
Al final , la MAGA y el MAGO le desabrocharán la blusa y le quitarán los pantalones. La vestirán con una túnica que después recortarán con tijeras, como signo de rebelión. Acto seguido, se iniciará una danza de los colores, que culminará con la liberación y la coloración de la MUJER EN BLANCO Y NEGRO.

Kamikaze órfico



Escribamos, pues, en el reverso de la vida.
Hay un lotófago detrás del murmullo
de cada acera. Una intuición fibrada
nutre de seda la palpitación del enigma.
Y entonces el limbo se reviste de cuero rojo,
se prolonga una meca horrible de oreja a oreja:
el Deseo se esconde detrás de la máscara,
se acurruca estúpido para engendrar la Peste.
Despertad, huérfanos de padre y madre. Solitarios
sin pareja. Dejaos de rascar los respectivos sexos
y clavad una mirada ulcerante en el paisaje
que os duele. Algo os llama a la hermosa destrucción:
con una pistola grande podría reventar la humanidad
en vuestra cara. Lanzáos, Kamikazes locos,
apalead los vientos de las nubes parturientas.
Alguien llamará, seguramente, a los maderos;
vuestros amuletos tribales levantarán sospecha.
Kamikazes órficos, astronautas del infierno,
seducid a la sangre que alimenta a la vida,
morid dignamente con un verso rezumando
de la boca. Apagarán la música antes de que bailéis,
ni siquiera se darán cuenta. Y entonces, lentamente,
diluviaréis cuarenta días y cuarenta noches.