jueves, 31 de mayo de 2007

La emancipación de la Musa



[Cuadro: La Musa (1935) de Pablo Picasso ]


Cuando Lisi deshizo el fósil en el que estaba incrustada metafóricamente, el mundo cambió. Pasaron siglos para que sucediera: Lisi había sido diseñada por el sueño de un arquitecto jónico y paródico llamado Quevedo, que en su poesía amorosa seria, como todos sus coetáneos, hacía las veces de agricultor obsesionado con los ríos oculares, el huerto en las facciones y los desastres forestales faetónticos. Ella permanecía hierática, con sonrisa de koré, dentro de una descriptio puellae sin movimiento. Los endecasílabos la encadenaban a un espacio breve, encerrado en sí mismo.
Una tarde, yo dudaba entre comprarme unos zapatos nuevos o leer sonetos. Me tumbé en la cama que preside mi cuarto desastrado, y entonces la vi, en su jaula de oro, con esa belleza pasiva y neoplatónica, pintada sólo con tres colores (blanco, rojo y dorado):

RETRATO NO VULGAR DE LISI
Crespas hebras, sin ley desenlazadas,
que un tiempo tuvo entre las manos Midas;
en nieve estrellas negras encendidas,
y cortésmente en paz de ella guardadas.
 
Rosas a abril y mayo anticipadas,
de la injuria del tiempo defendidas;
auroras en la risa amanecidas,
con avaricia del clavel guardadas.
 
Vivos planetas de animado cielo,
por quien a ser monarca Lisi aspira,
de libertades, que en sus luces ata.
 
Esfera es racional, que ilustra el suelo,
en donde reina Amor cuanto ella mira,
y en donde vive Amor cuanto ella mata.
Yo la deseé lésbicamente y ella miró airada hacia otra parte, en señal de desdén. “No me quiere”, pensé, y salí a la calle para comprarme unos mocasines blancos y negros demasiado ridículos, pero fieles. Por la noche, a mi regreso, ella parecía triste. Sentí una repentina compasión y decidí hablarle:

- ¿Quieres cenar algo?
Ella me mostró las cadenas de los versos. Le dolían los acentos en las muñecas. Me fijé en las leves rozaduras de su piel de nieve, y entonces recordé a esa pandilla de manipuladores filológicos que la habían violado en las notas a pie de página.

- ¿Te han hecho mucho daño? – le pregunté.

Lisi calló y, flor de histeria, mudó su nombre y saltó a un libro de Rubén Darío, para que su silencio pareciera estético. Allí, la triste princesa suspiraba tanto por su boca afrutada que quise hacerle un regalo. La saqué de su jaula mientras dormía y la metí en uno de mis archivos de Word, donde podía gritar y hacer el loco, hacer el amor e irse de fiesta como una valkiria vanguardista.



Lisi despertó por la mañana (como tantas otras veces) y notó cómo la tocaba la luz de sol. Descubrió que el amanecer no era mitológico, sino simplemente la salida del sol y la llegada del café a los labios. Y entonces, en una mañana cualquiera en un piso de las afueras, Lisi se dio cuenta de que podía vivir en versos libres, y ser mucho más de carne y hueso en los poemas del siglo XXI.
La musa que inspira figurativamente al poeta es ahora una mujer emancipada, con derecho a voto y una formación universitaria. Lisi puede ser libertina y esotérica, morena y profana, y se columpia feliz en versos donde es más que un cuerpo hermoso. A nadie le gusta cuando calla -pérfido Neruda, machista- porque ella es acción, pulsión apasionada e inteligencia reflexiva. Los tiempos cambian y también sus divas.

2 comentarios:

Abe dijo...

me ha sorprendido mucho este blog, creo que seguiré indagando un poco más en él..;)

Maga Despistada dijo...

Eres bienvenido ;)

Te deseo un grato recorrido por esta cueva de pensamientos olvidados.